¿Qué es la salvación para un cristiano?

Answered from the commentary of F. B. Hole, James Boyd, H. L. Rossier and 20 others

La salvación, para un cristiano, es la liberación que Dios da al pecador perdido de la ira y el juicio que merecen sus pecados, y de todo poder que lo tenía cautivo (la muerte, Satanás, el pecado y el mundo), para llevarlo a Dios. Todo descansa en la muerte de Cristo, quien llevó el juicio que correspondía a los pecadores, para que Dios sea justo al salvar a todo el que cree. Se recibe únicamente en Él, pues no hay otro nombre por el cual alguien deba ser salvo. Se recibe «por gracia… por medio de la fe; y esto no de vosotros: pues es don de Dios: no por obras» (Efesios 2:8-9). Quien le añade algo propio solo la arruina, y hasta la fe que la recibe es don de Dios . El camino para recibirla es el arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo» (Hechos 16:31). El arrepentimiento no tiene valor salvador en sí mismo, pero es el estado del alma que lleva al pecador a Cristo . Lo que el creyente recibe de este modo es perdón, justificación, nuevo nacimiento, vida eterna, condición de hijo y el don del Espíritu. La palabra abarca el pasado, el presente y el futuro, como liberación de la pena, el poder y la presencia del pecado. El creyente ya es salvo y está libre de la ira venidera. Es salvado día tras día por la intercesión de Cristo (Hebreos 7:25). Será plenamente salvo cuando Cristo venga y transforme su cuerpo para que sea semejante al suyo (Filipenses 3:21).

Esta salvación es segura porque depende del propósito y la fidelidad de Dios, y no de la fidelidad del propio creyente: «a los que justificó, a estos también glorificó» (Romanos 8:30). Por tanto, las ovejas de Cristo nunca perecen. Un creyente puede perder el disfrute de su salvación, pero no puede perder la salvación misma. Las buenas obras son su fruto y evidencia, nunca su causa. Por esa razón, no se debe considerar salvo a quien vive en pecado mientras afirma tener seguridad de salvación. El bautismo es la señal o figura de la salvación, no el medio para obtenerla. Algunos de estos autores también distinguen entre un alma vivificada que está «a salvo» y una que está «salva». Con «salva» se refieren a alguien que tiene paz con Dios y es consciente de haber sido liberado; no llamarían salvo a un convertido que duda y está afligido.

Verses: Philippians 3:21, Romans 8:30, Ephesians 2:8, Ephesians 2:9, John 3:16, John 3:17, Romans 10:9, Romans 10:10, Acts 4:12, Romans 6:23, Romans 3:23, Romans 3:24, Romans 5:8, Titus 3:5, Titus 3:6, Titus 3:7, John 14:6, Acts 16:30, Acts 16:31, John 1:12, John 3:3, John 5:24, John 10:28, Romans 5:1, Romans 5:9, Romans 5:10, Romans 8:1, 2 Corinthians 5:17, 2 Corinthians 5:21, Ephesians 1:7, Ephesians 2:4, Ephesians 2:5, Ephesians 2:10, Colossians 1:13, Colossians 1:14, 1 Peter 1:18, 1 Peter 2:24, 1 Peter 3:18, 1 John 1:9, 1 John 5:11, 1 John 5:12, 1 John 5:13, Acts 2:38, Acts 3:19, Galatians 2:16, Galatians 2:20, Romans 10:13, Hebrews 7:25, Hebrews 9:28, 1 Timothy 1:15, 1 Timothy 2:4, 1 Timothy 2:5, 1 Timothy 2:6, 2 Timothy 1:9, Isaiah 53:5, Isaiah 53:6, Matthew 1:21, Luke 19:10, Philippians 2:12, Philippians 2:13, 1 Thessalonians 5:9, Mark 16:16

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What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

C. H. MackintoshSection 7 of 10

Pero preguntémonos qué incluye la salvación que trae la gracia de Dios. La respuesta es: todo. La salvación es una caja preciosa que contiene todo lo que quiero para el tiempo y la eternidad. Incluye la salvación de las consecuencias futuras del pecado y de su poder presente. Ser una persona salvada por Dios — una persona salvada por la gracia de Dios, salvada por la sangre de Cristo, como lo es todo creyente — implica una liberación completa de la ira, del infierno, de Satanás, de todo lo que pudiera estar contra mí. El hombre a quien Dios ha salvado está ciertamente a salvo de todo. No hay nada dudoso en la salvación de Dios; todo está resuelto. No hay demora; todo está terminado. No tenemos que esperarla ni añadirle nada, sino recibirla ahora y disfrutarla para siempre. La poderosa corriente de gracia desciende desde el trono mismo de Dios y trae en su seno una salvación plena para mí. La recibo como un regalo gratuito; inclino la cabeza y adoro, y sigo mi camino con alegría.

J. N. DarbyTitus 2:11-14

Veamos, entonces, primero, el carácter de la liberación, o salvación, que trae esta maravillosa intervención de Dios en gracia. Esto no se aprende repasando los puntos de la teología sistemática [es decir, los credos de los sistemas religiosos], sino haciendo referencia al carácter de la condición del hombre a causa del pecado, tal como la palabra de Dios lo revela y el sufrimiento y la muerte de Cristo lo manifiestan. Cualquier distancia moral de Dios que exista a causa del pecado, esta salvación, que trae «la gracia de Dios», la remedia y la elimina. «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos á Dios». El pecado, por su propia naturaleza, separa de Dios, pues la luz no puede tener comunión con las tinieblas; pero entonces se dice: «Vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo». El pecado, la muerte, el poder de Satanás y el juicio de Dios, todo ello marcaba la condición de ruina del hombre, y es necesario hacer frente a todo ello antes de poder proclamar una salvación plena y adecuada. No basta con sacar al hombre de su degradación y contaminación moral, si es que tal cosa fuera posible, y ponerlo en camino hacia la felicidad. La conciencia debe quedar en paz, pues se han satisfecho todas las demandas de Dios en su santa justicia y se han eliminado todas las posibles consecuencias del pecado. Y esta es la salvación que trae la gracia de Dios. Trae vida eterna a esta región de muerte, pues «Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo». Introduce la justicia divina en medio de la condenación. Pues «al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él». Trae liberación del poder de Satanás, pues «por medio de la muerte [Cristo] destruyó al que tenía el imperio de la muerte, es decir, al diablo». Más aún, la salvación que trae la gracia de Dios nos coloca en el mismo lugar, posición y aceptación ante Dios, y nos hace partícipes de la misma vida y gloria de aquel por quien se ha obrado la salvación. No tiene otra medida ni un carácter inferior. ¿Hubo jamás un amor como este?

James BoydThe Salvation of the Soul

T. La esperanza de la salvación es la expectativa de la liberación final; no meramente como la tenemos ahora en la vida de Cristo y en el poder del Espíritu, sino en un cambio de cuerpo; que nos colocará con Cristo en gloria, como leemos en Filipenses 3: «Nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo: el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza». La presencia de la gracia de Dios en el evangelio nos ha traído salvación de manera moral y espiritual, y la presencia del Señor en persona nos la traerá de manera real, completa y final. También hay una liberación que se efectúa por nosotros día tras día. Nuestro gran Sacerdote, que pasó a través de los cielos, puede salvar hasta lo sumo a todos los que por Él se acercan a Dios (Hebreos 7:25). Hay todavía otro aspecto de la salvación que debe mencionarse: la salvación de la ira por medio de Él (1 Tesalonicenses 1:10; Romanos 5:9). Esto implicará lo que se llama el arrebatamiento de la iglesia, que nos sacará de este mundo antes de que la ira de la que Él habla sea derramada sobre él. Creo que hay cuatro aspectos de la salvación. Primero: la liberación del alma de las consecuencias del pecado y de todo poder adverso, y su establecimiento en relaciones correctas con Dios en Cristo. Segundo: la adopción, que es la redención del cuerpo, cuando seremos colocados en la posición y el lugar destinados para nosotros antes de que existiera el mundo. Tercero: las liberaciones diarias que nos son concedidas por medio de la intercesión de nuestro gran Sumo Sacerdote. Cuarto: la salvación de la ira venidera.

A. J. PollockSalvation

Podría expresarse así para mayor claridad: Salvación pasada: del castigo del pecado. Salvación presente: del poder del pecado. Salvación futura: de la presencia del pecado.

The Christian's FriendSalvation

Estaría completamente fuera del alcance de este escrito examinar los aspectos mencionados, o quizá incluso enumerarlos. Nuestro propósito es hablar de tres, cuya clara comprensión parece esencial para nuestra posición delante de Dios y para la santidad de vida; y que por esta razón ocupan un lugar preeminente. Conciernen a nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro; y puesto que el término salvación se aplica a cada uno de estos aspectos, es muy posible confundirlos sin intención. No son tres salvaciones, sino diversos aspectos de una misma gran obra, en la cual puede verse a cada una de las tres personas de la bendita Trinidad desempeñar una parte especial; pero que ciertamente se vinculan, cada uno, con diversas intervenciones del bendito Hijo de Dios a favor nuestro: primero, en cuanto al pasado, vinculándose con Su muerte; segundo, en cuanto al presente, con Su vida de intercesión ahora, incesantemente, en lo alto; tercero, en cuanto al futuro, con Su venida para llevarnos a estar con Él y a ser como Él, perfectamente y para siempre; sin embargo, Su muerte es la base de todo lo demás.

Nada es más lamentable que la confusión que se produce al aplicar erróneamente el pasaje particular de la Escritura en que se menciona cualquiera de estos aspectos. Así, ¡cuántas veces se ha usado Rom. 13:11: «Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos» para apuntalar la incredulidad, bajo la idea equivocada de que el alma no puede experimentar la salvación como algo presente en ningún sentido hasta el final de la vida terrenal; ignorando una declaración como esta: «nos salvó, y llamó con vocación santa» (2 Tim. 1:9). Peor aún, mediante semejante aplicación del pasaje citado, se menosprecia el creer, como si fuera simplemente una virtud más de una serie, que capacita al alma para esperar misericordia y salvación más adelante. Muchos también recordarán el daño causado al aplicar Fil. 2:12: «ocupad vuestra salvación», al caso de quienes confían en sus propios méritos y esfuerzos para ser librados de la ira de Dios. En verdad, ni uno ni otro pasaje se aplica en absoluto a los que no son salvos; pues en ambos casos se dirige la palabra a santos: creyentes en Roma en un caso y creyentes en Filipos en el otro, como el contexto, especialmente el saludo del primer capítulo de cada epístola, muestra claramente que el asunto aludido forma parte del gran propósito de Dios de hacer que aquellos a quienes se dirige sean perfectamente como Su Hijo, propósito que se consumará cuando Él venga. La consumación misma está especialmente a la vista en Rom. 13; y en Fil. H, el proceso que conduce a ese resultado. Aquí se ve a Dios como el operador divino, y se exhorta a los santos a actuar en concierto con Él para alcanzar el fin deseado. Así se verá, por el uso bíblico del término salvación —aplicado por igual al pasado, al presente y al futuro de los creyentes—, que nada es más ajeno a los pensamientos de Dios que la perdición final de un solo participante de ese don precioso. De hecho, Rom. 8:30 niega claramente tal suposición: «y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó». «Los dones y el llamamiento de Dios son sin arrepentimiento». Por lo tanto, los llamados, eficazmente, por supuesto, pueden estar completamente seguros de la gloria venidera: «la gloria de nuestro Señor Jesucristo» (2 Tes. 2:14). Y esto es la salvación, como vemos en el versículo 13; el medio sencillo para obtenerla es «la santificación del Espíritu y la fe de la verdad». Observemos el orden aquí; es el mismo en que el apóstol Pedro también presenta estas operaciones (1 Ped. 1:2).

James BoydSalvation (1)

En relación con el tema anterior, la primera pregunta que debemos considerar es qué implica la salvación, o en qué consiste realmente. Lo que entiendo por ella es que el alma es librada de ese poder ruinoso y destructivo bajo el cual estaba sometida, y también de cualquier mal al que pueda estar expuesta. Esto último se ejemplificó en Noé y su casa, y lo primero, en la liberación concedida a los hijos de Israel en el Mar Rojo. En cuanto a Noé e Israel, su salvación fue temporal y no necesariamente implicó nuevas relaciones eternas con Dios, como sí lo hace la salvación de nuestras almas; pero, a mi parecer, la salvación que les fue concedida ilustra el carácter doble de la salvación que es nuestra en Cristo Jesús. Puede haber otros aspectos de la salvación, pero no se me ocurren en este momento. Deseo considerar la salvación bajo estos dos aspectos.

El Hijo de Dios fue llamado JESÚS porque iba a salvar a Su pueblo de sus pecados, y entiendo que esto se refiere a las consecuencias de sus pecados, tanto presentes como futuras. No dudo que la referencia principal sea al pueblo terrenal de Dios, pero también se refiere a quienes creerían en Él de entre los gentiles. Ahora bien, el juicio y la ira son dos grandes males de los que necesitamos ser librados, pues por causa de nuestros pecados estamos expuestos a ambos. En Romanos 1:18 se dice que la ira se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; y se dice que el Evangelio es el poder de Dios para salvación de esto. Y en el capítulo 5:9: «Estando ya justificados en Su sangre, seremos salvos de la ira por medio de Él»; y en 1 Tesalonicenses 5:9: «Dios no nos ha destinado para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo». Y Pedro informa a aquellos a quienes escribe que había llegado el tiempo en que el juicio debía comenzar por la casa de Dios, y que, si el justo con dificultad se salva, ¿dónde aparecerán el impío y el pecador? (1 Pedro 4:18). Todos estos pasajes de la Escritura presentan el juicio y la ira como algo que está por ser ejecutado y de lo cual los hombres necesitan salvación. Hay otros pasajes de la Escritura que tratan este mismo aspecto, pero estos bastarán.

Pero en la Escritura también se considera la salvación como algo presente, pues se dice que ya somos salvos. En 2 Timoteo 1:9, leemos acerca de «Dios, quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo»; y en Tito 3:5: «conforme a Su misericordia nos salvó»; y en Efesios 2:5: «por gracia sois salvos». Por lo tanto, la Escritura contempla un aspecto presente de la salvación, y entiendo que este consiste en la emancipación del alma de la opresión y la esclavitud de todo poder adverso y ruinoso, ya sea la muerte, Satanás, el pecado, la carne o el mundo. Hallamos liberación de la muerte y del diablo, quien tiene el poder de la muerte, por la fe en aquello que corresponde a la división del Mar Rojo; y del poder del pecado en la carne, por aquello que corresponde a la serpiente de bronce; y del mundo, por aquello que corresponde al paso del Jordán.

William KellyExodus

Así, en Romanos 5 se hace referencia muy claramente a la salvación, y se la presenta en completa contraposición con lo que Dios ha obrado por nosotros mediante la sangre de Cristo. El apóstol dice: «Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros: luego mucho más ahora, justificados en su sangre» (evidentemente, la misma gran verdad que en la Pascua), «seremos salvos de la ira por él». Está claro que aquí la salvación no consiste simplemente en que una persona sea purificada de culpa, sino en la aplicación real de la obra de Cristo en toda su plenitud; solo que aún no la tenemos para nuestros cuerpos. «Seremos salvos de la ira por él. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (este fue el comienzo), «mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida». Por tanto, es evidente que la salvación requiere e implica no solo la muerte, sino también la vida de Cristo; que la salvación supone no simplemente que la culpa haya sido quitada por su sangre, sino que nosotros seamos sostenidos y llevados a través de todas las dificultades, pasadas, presentes y futuras. Así, es una liberación completa de todo lo que pueda presentarse contra nosotros; no un pasar por el mundo con la esperanza de una misericordia protectora, que es la idea del hombre, sino una victoria completa sobre el enemigo presente y futuro.

W. T. P. WolstonGrace - What is it?

Últimamente me impresionó mucho un pasaje de Romanos 11: «Así también, aun en este tiempo ha quedado un remanente por la elección de gracia. Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra» (Romanos 11:5-6). Entonces, ¿cómo soy salvo? Por pura gracia soberana. Así escribió el apóstol Pablo a los efesios: «Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). Es la bienaventurada, preciosa y soberana gracia que ha venido a todos nosotros en la Persona de nuestro Señor Jesucristo. Lo que necesitamos, como pecadores, es salvación. Esa salvación nos la ha traído la gracia de Dios. Si la gracia, pues, ha traído salvación, ¿qué tengo que hacer ahora? Tengo que acoger lo que Dios me trae en la Persona y por medio de la obra del Señor Jesucristo; en palabras sencillas, tengo que aceptar por fe la salvación eterna que la gracia me trae.

A. J. PollockThe Fruits of Conversion

«Por sus frutos los conoceréis» (Mat. 7:20) es una prueba tan evidente que no necesita demostración. Si un joven o una joven profesa haberse convertido, esto ciertamente se evidenciará por un cambio de vida. Es cierto que la salvación es solo por gracia, por medio de la fe, «no por obras, para que nadie se gloríe» (Ef. 2:9). Igualmente cierto es que los creyentes «son hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas» (Ef. 2:10). Estas obras no procuran la salvación en lo más mínimo, sino que son la evidencia de que somos salvos. Son el producto, no de la vieja naturaleza ni de la carne, sino de la nueva naturaleza, del nuevo hombre «criado en Cristo Jesús». La misma gracia de Dios que nos ha traído salvación nos enseña «que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente» (Tito 2:12).

Leslie M. GrantSafeguards Against False Teaching

Sobre la base de esta obra perfecta del Señor Jesús, todo verdadero creyente es salvo y aceptado «en Cristo». El valor de Su sacrificio se le acredita al creyente. Así escribe Pablo: «porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe» (Ef. 2:8-9). Algunas personas piensan que es necesario añadir obras a la gracia y a la fe para que alguien sea salvo, pero Dios dice: «no por obras». Debemos reconocer que el Señor Jesús logró una salvación perfecta por Su propia obra. Si añadimos algo nuestro, solo la echamos a perder.

Verses

  • Philippians 3:21El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas.
  • Romans 8:30Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
  • Ephesians 2:8–108Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: 9No por obras, para que nadie se gloríe. 10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.
  • John 3:16–1716Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.
  • Romans 10:9–109Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud.