¿Qué dice la Biblia sobre las maldiciones generacionales?

Answered from the commentary of Edward Dennett, C. H. Mackintosh, William Kelly and 15 others

La Biblia enseña que Dios, en Su gobierno de los hombres en la tierra, «visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación» (Éxodo 20:5; Éxodo 34:7). Esto pertenece al gobierno, no al evangelio ni al juicio eterno. Es evidente cómo, en el ejercicio de ese gobierno, la maldad de un padre perjudica a sus hijos: si un hombre despilfarra su fortuna, arruina su salud, o es ladrón o borracho, sus hijos sufren por ello en la tierra. En un caso, incluso se le llama «la maldición que pesaba sobre la casa de Acab», que Josafat atrajo sobre sus propios descendientes al casar a su hijo con Atalía.

Esa visitación no va más allá de esta vida presente. Nadie será juzgado eternamente por los pecados de otro, sino solo por los suyos propios, y cualquiera de los hijos aún puede invocar al Señor y ser salvo. La expresión misma está delimitada: se refiere a «los que me aborrecen», mientras que se promete misericordia a millares de los que aman a Dios. Por eso, quienes lo aman no pueden quedar sujetos a una ley de heredar los pecados de sus padres, ni puede atribuirse pecado a nadie aparte de su propio carácter. El mismo principio también opera en sentido inverso, pues la bendición desciende por las generaciones a causa de un hombre piadoso, como ocurrió con David.

Ezequiel 18 expone esto con mayor amplitud. Dios jura que Israel ya no usará el proverbio sobre las uvas agrias: «el alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará la iniquidad del padre». Esto solo reafirma la ley de Deuteronomio 24:16, que prohibía condenar a muerte a los hijos por sus padres. Un hijo que ve los pecados de su padre y se aparta de ellos ciertamente vivirá, porque padre e hijo son juzgados por su propio carácter.

Los autores discrepan sobre cómo se relaciona este capítulo con Éxodo 34:7. Varios sostienen que entonces Dios dejó de lado el antiguo principio de gobierno y trató a cada persona por sus propios pecados. Otros interpretan que Ezequiel protege el mandamiento de una lectura equivocada, mientras que la visitación de las consecuencias continúa diariamente en la providencia.

La advertencia en todo esto recae sobre quien repite el pecado de su padre. Un hijo que ha visto la maldad de su padre y persiste en ella es más culpable que su padre, porque ese pecado debería haberle servido de advertencia. Así, una generación que comparte el carácter de sus padres comparte su culpa, como Israel después de clamar: «Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos».

Lo que hereda todo hijo de Adán es una naturaleza pecaminosa. Sin embargo, cada persona es responsable de sus propios pecados y no puede atribuirlos a Adán. Tampoco toda aflicción es un castigo por el pecado de un padre. La respuesta del Señor en Juan 9:2-3 descarta esa idea, y darla por cierta, como hicieron los amigos de Job, lleva a juzgar a los demás con censura injusta.

Para el creyente, la maldición que importa es la maldición de la ley. «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición» (Gálatas 3:13), de modo que la maldición ha desaparecido por completo y ya no cae sobre quienes creen. Aunque las consecuencias gubernamentales del pecado permanezcan en la tierra, los hijos todavía pueden ser salvos por gracia mediante la fe en el Señor Jesús.

Verses: Exodus 20:5, Exodus 20:6, Ezekiel 18:20, Deuteronomy 24:16, Exodus 34:6, Exodus 34:7, Deuteronomy 5:9, Deuteronomy 5:10, Numbers 14:18, Ezekiel 18:1, Ezekiel 18:2, Ezekiel 18:3, Ezekiel 18:4, Jeremiah 31:29, Jeremiah 31:30, Ezekiel 18:14, Ezekiel 18:15, Ezekiel 18:16, Ezekiel 18:17, Galatians 3:13, Galatians 3:14, 2 Kings 14:6, Deuteronomy 7:9, Deuteronomy 7:10, Leviticus 26:39, Leviticus 26:40, Leviticus 26:41, Leviticus 26:42, Lamentations 5:7, John 9:1, John 9:2, John 9:3, 2 Corinthians 5:17, Romans 8:1, 1 Peter 1:18, 1 Peter 1:19, Jeremiah 32:18, Ezekiel 18:30, Ezekiel 18:31, Ezekiel 18:32, Nehemiah 9:2, Daniel 9:16, Colossians 2:13, Colossians 2:14

The above is AI generated summary based on the writers below.

What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

W. T. P. WolstonEzekiel's Forty Days

Ezequiel 18 contiene el importante principio de que el alma que peca, morirá. El hijo no llevará la iniquidad del padre, ni el padre llevará la iniquidad del hijo; la justicia del justo estará sobre él, y la maldad del impío estará sobre él" (Ezequiel 18:20). Dios trataría a cada individuo según su propia conducta. No se trata de lo que hubieran sido sus padres. Sus propias iniquidades exigían y traerían como consecuencia el juicio de Dios. Mucho antes, Dios había amenazado con visitar «las iniquidades de los padres sobre los hijos» (véase Éxodo 34:7). Se abandona este principio. Individualmente eran culpables, y como tales serían juzgados; sin embargo, cuando el arrepentimiento era manifiesto, Dios perdonaría, pues no se complacía en la muerte del impío (Ezequiel 18:23). Debe tenerse presente que de lo que se habla aquí es del juicio temporal, de la muerte física, a causa del pecado ahora. No nos enseña nada acerca del juicio eterno del pecado, que se enseña en otra parte.

F. B. HoleExodus

Como algunos encuentran dificultad en la parte final del versículo 7, quizá convenga señalar que aquí Dios indica cómo trata a los hombres en la tierra mediante Su santo gobierno. Cuando se trata de Su juicio por la eternidad, los muertos serán tratados «conforme a sus obras» (Apocalipsis 20:12-13), y no se piensa que un hijo cargue con el pecado de su padre. Al hablar con Moisés, Dios no estaba tratando los asuntos de la eternidad, sino Su gobierno de Israel bajo la ley, a la luz de Su misericordia que acababa de ser declarada. En la ejecución del gobierno de Dios en este mundo, la manera en que la iniquidad de un padre afecta adversamente a sus hijos es un hecho demasiado evidente para que cualquiera de nosotros lo pase por alto. Las leyes de la herencia, que Dios ha establecido, son muy reales.

Leslie M. GrantComments On The Book Of Deuteronomy

El segundo mandamiento está relacionado con el primero y prohíbe hacer imágenes de cualquier cosa creada, ya sea en el cielo, en la tierra o en las aguas (v. 8). Inclinarse ante tales cosas o adorarlas es un insulto a Dios. Israel hizo esto en el caso del becerro de oro (Éx. 32:1-8), pero Dios es justamente celoso de su propia gloria, y si los padres son culpables de tal iniquidad, Dios hará recaer sus consecuencias sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación (v. 9). Siempre es cierto que nuestros hijos sufrirán por nuestra desobediencia a Dios. Esto no afecta la cuestión de la salvación eterna, pues cualquiera de los hijos todavía puede invocar al Señor y ser salvo, pero la vida de ellos en la tierra se verá afectada por las malas acciones de sus padres. Si un hombre es ladrón, sus hijos sufrirán en la tierra por ello, pero todavía pueden ser salvos eternamente al recibir a Cristo como Salvador.

James BoydMeditations on Daniel

En el gobierno de Dios, los hijos tienen que sufrir por los pecados de sus padres, y las naciones por los pecados de sus gobernantes. Los hombres pueden murmurar contra esto y calificarlo de injusticia, pero el hecho permanece: si un hombre dilapida su herencia y maltrata su cuerpo, sus hijos tendrán que sufrir por ello en pobreza y debilidad. Pero esto no se extiende más allá de esta vida presente, y las penas aquí en la tierra son de corta duración. Ningún hombre será sometido al juicio de la Gehena por los pecados de otros, sino solo por los que él mismo ha cometido. Y puesto que se ha abierto para todos un camino de salvación y la entrada a un mundo sin pecado, sin dolor y de felicidad indescriptible, ¿qué otra cosa se puede hacer con el hombre que rehúsa aprovechar un lugar y una porción allí, sino echarlo fuera? Cualquier alma observadora puede ver confirmado en innumerables casos el hecho de que las iniquidades de los padres son visitadas sobre los hijos, y que se muestra misericordia a los descendientes de quienes aman a Dios y guardan sus mandamientos.

Numerical Bible NotesThe Psalms

Él mismo nos ha asegurado que «visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación», pero luego se añade, como la salvedad más necesaria para evitar que esto se interprete mal: «de los que me aborrecen»; y en otro lugar el Señor reprueba con la mayor firmeza el proverbio que Israel había adoptado precisamente por una interpretación errónea de esa clase: «Los padres comieron las uvas agraces, y los dientes de los hijos tienen la dentera». (Ezequiel 18.) Él no solo dice, sino que jura, que no tendrán ocasión de usar tal proverbio; que el hijo no llevará la iniquidad del padre, ni el padre llevará la iniquidad del hijo; que la justicia del justo recaerá sobre él, y la maldad del malo recaerá sobre él; mientras que el arrepentimiento de cualquiera apartará su condena.

Por otra parte, todos conocemos bien que el carácter del padre puede influir mucho en la condición temporal de los hijos; y que así, la trama y la urdimbre de la historia humana proclaman las consecuencias de largo alcance del pecado. Y todo esto es un testimonio de Dios acerca de ello que no podría silenciarse sin las peores consecuencias para la humanidad en general. Si tomamos, pues, estas guías y salvaguardas de uno y otro lado, evitaremos un grave error en cuanto al carácter moral de lo que tenemos en este salmo, con todas sus solemnes imprecaciones de juicio contra el transgresor. En la medida en que esto afecta a sus hijos, se convierte en bendición para ellos, siempre que presten atención a la lección; y el pecado no puede quedar ligado a nadie sin el consentimiento de su propio carácter. Y esto lo muestra claramente aquí el versículo 14: pues la oración misma para que la iniquidad de sus padres sea recordada delante de Jehová se basa de esta manera en su propio carácter (v. 16).

J. N. DarbyConclusion

Lo que aquí está en cuestión es el gobierno de Dios. Ahora bien, los principios de este gobierno nos son expuestos en la revelación hecha a Moisés, cuando subió por segunda vez al monte Sinaí (Éx. 33). En primer lugar, había bondad y misericordia; luego, la declaración de que el culpable no será tenido por inocente; y, en tercer lugar, un principio de gobierno público que hacía que se sintieran los efectos de la mala conducta, a saber, que sus hijos llevarían sus consecuencias (principio que no podía aplicarse cuando se trata del alma); pero este principio, importante y saludable en el gobierno externo del mundo, se verifica a diario en el de la providencia. Este gobierno de Dios estaba en ejercicio en el caso de los reyes; pero la condición de Israel dependía de la conducta de los reyes.

J. N. DarbyThe Gospel of Luke

Hay dos grandes principios en el trato de Dios con el hombre en la tierra, que se desarrollan en la iglesia de Dios como tal, y en el gobierno de Dios. Estas dos cosas son muy distintas entre sí. En la iglesia se manifiestan las riquezas de la gracia de Dios; pero en sus tratos gubernamentales, la justicia y la manifestación de sus atributos, como la justicia, la misericordia y la bondad. Tenemos un ejemplo del poder gubernamental de Dios en Éxodo 34:6-7: «Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la maldad de los padres sobre los hijos, y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos». Aquí se trata de los judíos, y no solo entre los judíos, sino que también muestra aquello que está fuera, en el mundo, en los tratos de Dios. Lo que encontramos en Éxodo 34 no es la gracia soberana que lleva a un alma a la vida eterna, sino el poder gubernamental, cuyo ejercicio podemos observar hoy cada día a nuestro alrededor. Porque, si un hombre desperdicia su fortuna o arruina su salud por intemperancia de cualquier clase, sus hijos sufren por ello. Este es un principio invariable. También vemos el ejercicio de un gobierno justo en que Dios no absuelve al culpable.

L. M. GrantComments on the Book of Exodus

Sin embargo, lo que sigue parece prácticamente contrario a esto: «de ningún modo dará por inocente al culpable, y visitará la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación». En realidad, esto era una mezcla de misericordia y ley o, en otras palabras, ley atemperada por la misericordia. Si no hubiera sido así, Israel no habría podido continuar bajo la ley todos los años que continuó. De hecho, todos los sacrificios que tenían que ofrecer continuamente eran un recordatorio constante de la misericordia de Dios para con ellos, mientras que al mismo tiempo se les decía que obedecieran los diez mandamientos.

Aun bajo la ley, Dios perdonaría casos de pecado, transgresión e iniquidad, lo cual incluye casos de pecado gravemente agravados, pero tal perdón solo podía concederse cuando había arrepentimiento genuino. Mientras alguien se pusiera del lado de su culpa, de ningún modo sería declarado inocente. Además, las iniquidades de los padres tendrían graves consecuencias en sus hijos y en los hijos de sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Si un hombre era ladrón o adúltero, sus hijos sufrirían por ello en la tierra. A pesar de tales consecuencias del gobierno de Dios, los hijos todavía pueden ser salvos por gracia mediante la fe en el Señor Jesús. Sin embargo, sabemos que aun cuando la ley fue atemperada por la misericordia, el fracaso y la desobediencia de Israel han sido totales y completos.

The Bible TreasuryMorsels From Family Records

Una característica notable de los segundos catorce es la omisión de tres generaciones de reyes en el versículo 8, y de una en el versículo 11. En el versículo 8 leemos: «Y Joram engendró a Uzías»; mientras que, de hecho, Joram engendró a Ocozías, cuyo hijo Joram y cuyo nieto Amasías empuñaron, cada uno a su turno, el cetro de Judá. La inclusión de Acaz, Manasés y Amón, cada uno infame por su gran maldad, parece excluir la posibilidad de que se los omitiera por esa razón. ¿Por qué se los excluye? ¡Ah! Aquí tenemos un ejemplo sorprendente de la aplicación práctica del principio expresado con tanta claridad en el segundo mandamiento, a saber: «Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen». Los nombres de Acab y Jezabel nos son dolorosamente familiares a todos; y al casar a su hijo Joram con Atalía, la hija de ellos, Josafat, aunque personalmente era un buen hombre, hizo recaer sobre sus propios descendientes, hasta la tercera generación, la maldición que pesaba sobre la casa de Acab. Durante tres generaciones leemos de matanzas generalizadas a sangre fría. Joram mató a todos sus propios hermanos al ascender al trono (2 Crónicas 21:4); los filisteos y los árabes mataron a todos sus hijos (2 Crónicas 22:1); y Atalía, al morir su hijo Ocozías, mató a toda la descendencia real de la casa de Judá, excepto a Joás (2 Crónicas 22:10-11). Los nombres del hijo, el nieto y el bisnieto de «Atalía, aquella mujer malvada», heredera ella misma del feroz espíritu idólatra de su madre Jezabel, quedan excluidos de la mención en «el libro de la generación de Jesucristo». Quienes consideran cosa de poca importancia unirse en yugo desigual con los incrédulos deberían considerar atentamente la triste historia de la casa de Josafat hasta la cuarta generación; y quizá puedan percibir fácilmente que, al haber casado a su hijo con Atalía, Satanás casi logró exterminar la casa real de David. El hecho, demostrado por la lista dada en Lucas 3:23-38, de que se preservó cuidadosamente una línea alterna de David, no disminuye en lo más mínimo el honor que legítimamente corresponde al nombre de Josabeat, esposa de Joiada, porque su fiel protección del niño Joás impidió que tal calamidad cayera sobre la nación (2 Crónicas 22:10-12).

William KellyNotes on Ezekiel

Supongamos un tercer caso: un hijo advertido por los malos caminos de su padre. «Ahora bien, si engendra un hijo que ve todos los pecados que su padre ha cometido, y considera esto, y no hace cosas semejantes; que no ha comido sobre los montes, ni ha alzado sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; que no ha contaminado a la mujer de su prójimo, ni ha oprimido a nadie; que no ha retenido la prenda, ni ha despojado con violencia, sino que ha dado su pan al hambriento, y ha cubierto al desnudo con un vestido; que ha apartado su mano del pobre; que no ha recibido usura ni aumento; que ha ejecutado mis juicios, y ha andado en mis estatutos; este no morirá por la iniquidad de su padre; ciertamente vivirá». (Ver. 14-17)

Estos se examinan brevemente y se comparan en los versículos 18-20. «En cuanto a su padre, por cuanto oprimió cruelmente, despojó con violencia a su hermano, e hizo lo que no es bueno entre su pueblo, he aquí, él también morirá por su iniquidad. Sin embargo, ustedes dicen: ¿Por qué? ¿Acaso el hijo no llevará la iniquidad del padre? Cuando el hijo ha hecho lo que es lícito y recto, y ha guardado todos mis estatutos, y los ha cumplido, ciertamente vivirá. El alma que pecare, esa morirá. El hijo no llevará la iniquidad del padre, ni el padre llevará la iniquidad del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la maldad del malvado será sobre él». El padre malvado debe perecer; el hijo advertido por ello vivirá. Así queda despejado el camino para la máxima: «el alma que pecare, esa morirá»; ni el hijo sufre por el mal de su padre ni el padre por el de su hijo, sino que cada uno cosecha lo que sembró.

Verses

  • Exodus 20:5–65No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen, 6Y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.
  • Ezekiel 18:20El alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará por el pecado del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impiedad el impío será sobre él.
  • Deuteronomy 24:16Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.
  • Exodus 34:6–76Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; 7Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos.
  • Deuteronomy 5:9–109No te inclinarás a ellas ni les servirás: porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre los terceros, y sobre los cuartos, a los que me aborrecen, 10Y que hago misericordia a millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.