¿Qué es la teodicea?

Answered from the commentary of C. Crain, William Kelly, W. W. Fereday and 11 others

La teodicea consiste en justificar a Dios por permitir que entrara el pecado. Es el gobierno moral de Dios: cómo puede armonizarse Su justicia con los sufrimientos, incluso los sufrimientos extremos, de un hombre justo y piadoso, y cómo Su permiso del mal concuerda con Su propia bondad. Es «el antiguo problema del permiso de Dios para el mal», que ha desconcertado a los piadosos de todas las épocas: los malvados triunfan, los justos sufren, Dios podría ordenar las cosas de otra manera con tanta facilidad y, aun así, el cielo guarda silencio. El libro de Job y el Salmo 73 abordan este enigma.

La respuesta que se da con mayor frecuencia y claridad es que Dios no es el autor del mal, sino que ha permitido el pecado para Su propia gloria. El mal nunca provino de Dios, sino únicamente de la criatura: primero Satanás y luego el hombre. El pecado o bien es permitido para algún propósito sabio de Dios, o bien está presente en desafío a Él; lo segundo es impensable, porque destronaría a Dios. Dios lo permitió porque eligió crear una criatura a Su imagen, libre para escoger el bien o el mal, y no una simple máquina. Si impidiera que todo cayera, no habría prueba moral y se perdería la manifestación de Su amor y justicia. También hace que el mal le sirva y lo convierte en una bendición mayor; la cruz es el ejemplo más claro, donde el mayor pecado produjo la mayor bendición. La aclaración completa queda para el futuro, cuando «el misterio de Dios», Su no intervención y Su permiso del mal, llegue a su fin y se explique todo enigma (Apocalipsis 10). Mientras tanto, «¿El Juez de toda la tierra no ha de hacer lo que es justo?» (Génesis 18:25) es el lugar donde descansa la fe.

Se establecen dos límites para esta justificación. Primero, no debe hacerse falsamente. Los amigos de Job, al intentar justificar a Dios, condenaron a un hombre inocente, y Dios los reprendió por ello. Se llama calumnia contra el carácter de Dios a la afirmación del incrédulo de que el mal y la miseria son medios necesarios para perfeccionar al hombre. Segundo, muchos consideran que los «porqués» están por completo fuera del alcance del hombre. La respuesta divina a ellos es: «¿Quién eres tú, oh hombre, que altercas con Dios?» (Romanos 9:20). Se considera presuntuoso que una criatura juzgue los caminos de Dios. Un autor va más allá y sostiene que, aunque la Escritura explica cómo entró el mal, guarda silencio sobre por qué Dios lo permitió, y que nada sabemos de ello. Otros también reconocen que el conocimiento sigue siendo incompleto en la tierra y que es mejor dejar tranquilamente esas preguntas en manos de Dios.

Verses: Job 38:1, Job 38:2, Job 38:3, Job 38:4, Romans 9:19, Romans 9:20, Romans 9:21, Genesis 50:20, Romans 8:28, Habakkuk 1:2, Habakkuk 1:3, Habakkuk 1:4, Habakkuk 1:13, Job 1:21, Job 1:22, Job 2:10, Job 42:1, Job 42:2, Job 42:3, Job 42:4, Job 42:5, Job 42:6, Isaiah 45:7, Isaiah 55:8, Isaiah 55:9, Deuteronomy 32:4, Psalms 73:2, Psalms 73:3, Psalms 73:16, Psalms 73:17, John 9:1, John 9:2, John 9:3, Luke 13:1, Luke 13:2, Luke 13:3, Luke 13:4, Luke 13:5, Romans 8:18, Romans 8:19, Romans 8:20, Romans 8:21, Romans 8:22, Genesis 18:25, James 1:13, Romans 5:12, Genesis 3:17, Genesis 3:18, Genesis 3:19, 2 Corinthians 4:17, Revelation 21:4, Ecclesiastes 7:13, Ecclesiastes 7:14, Lamentations 3:32, Lamentations 3:33, Lamentations 3:37, Lamentations 3:38, Jeremiah 12:1, Psalms 13:1, Psalms 13:2, Romans 11:33, Romans 11:34, Romans 11:35, Romans 11:36, Acts 2:23

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What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

William KellyNotes on Job

El problema tratado en el libro es el gobierno moral de Dios: ¿cómo conciliar su justicia con los sufrimientos, e incluso con los sufrimientos extremos, de un hombre justo y piadoso? ¿Cómo entender que permita el mal, en su peor forma de persecución maligna, junto con su propia bondad, y esto antes y aparte de su revelación en Cristo y por medio de la redención? Los libros de Moisés preparan el camino para su gobierno sobre un pueblo, su propio Israel escogido, donde todo debía ser manifiesto y servir de testimonio ante el mundo. Aquí se trata de sus tratos con un alma antes de que resplandeciera la luz verdadera, se rasgara el velo y el pecado fuera condenado en la cruz, junto con la expresión de los ejercicios del corazón y la conciencia bajo los tratos de Dios. Ahora que hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de Cristo y sabemos que estamos en Cristo delante de Dios, hay —o debería haber— una experiencia totalmente nueva. Pero es de profundo interés y provecho ver cómo el creyente fue capacitado no solo para andar rectamente cuando las cosas prosperaban en un mundo malo, sino para confiar en Dios a pesar de la adversidad y la aflicción aplastante; y no solo para someterse a su voluntad como disciplina, sino también para medirse y aborrecerse a sí mismo en polvo y ceniza delante de Dios. El comienzo enseña que la fuente de la acción es Dios, no Satanás; la parte central, que solo Él lleva adelante eficazmente la verdadera lección para el alma; el final, que Él es muy compasivo y misericordioso. ¡Todo un largo libro dedicado a los ejercicios de un alma que sufre —y esa alma era gentil—, y esto desde el principio en el canon de las Escrituras judías! Pero todavía no es lo que algunos llaman «el misterio de la cruz»: esto estaba reservado para Cristo.

C. CrainPurpose of God

C.C. — Después de todo, existe el pecado, y debemos justificar a Dios por permitir que el pecado entrara.

VariousForeshadows

¡Qué vindicación de la Majestad Eterna frente al reproche que de otro modo supondría permitir la existencia del mal!

W. W. Fereday"What is man?"

Nuestro tercer pasaje es Salmos 144:3-6: «Señor, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre, para que lo tengas en cuenta? El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa. Inclina, oh Señor, tus cielos, y desciende; toca los montes, y humearán. Echa relámpagos, y dispérsalos; lanza tus saetas y destrúyelos». En estos versículos David tiene a sus enemigos delante de sí. Él era el Ungido de Dios, reconocido y aceptado como tal años antes de sentarse en el trono de Israel (2 Samuel 23:17; 2 Samuel 24:20); sin embargo, nunca faltaron enemigos, tanto antes como después de su ascenso, que hicieron todo lo posible por frustrar los propósitos de Dios respecto de él. De ellos habla en Salmos 144. Lleno de pensamientos acerca del poder irresistible de Dios, se maravilla de que Él permita que el hombre, que es semejante a la vanidad, se interponga tan constantemente en su camino y procure obstaculizarlo en el cumplimiento de sus designios. A esto le sigue su ferviente súplica: «Inclina, oh Señor, tus cielos, y desciende… Echa relámpagos, y dispérsalos». Es el antiguo problema de que Dios permita el mal. Esto ha desconcertado a los piadosos en todas las épocas. Los malvados triunfan, y los justos sufren; los planes y propósitos de unos se llevan a cabo con éxito, mientras que los de los otros con demasiada frecuencia terminan en frustración y derrota. Dios podría disponerlo todo de otra manera con tanta facilidad, ¡y sin embargo no actúa! El cielo guarda silencio. ¿Quién no ha sentido la tensión y la prueba de esto?

Volvamos ahora a Apocalipsis 10. Se ve a un ángel poderoso que desciende del cielo, envuelto en una nube, con un arco iris sobre su cabeza, su rostro como el sol y sus pies como columnas de fuego. Ciertamente, este es el Cristo de Dios. Con un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra, alza su mano al cielo y jura por Aquel que vive por los siglos de los siglos que ya no habrá más demora, «sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció a sus siervos los profetas» (R.V.). «El misterio de Dios», es decir, el misterio de su falta de intervención, de que permita el mal, quedará entonces aclarado. Los cielos ya no guardarán silencio, sino que se abrirán. El legítimo Señor de todo saldrá y tomará sus derechos; el mal será destronado, y la justicia será exaltada en paz. Entonces se explicará cada enigma; se resolverá cada problema difícil; y veremos que, pese a todas las apariencias, el enemigo en realidad no ha impedido ningún propósito de Dios; sino que, por el contrario, Dios ha estado llevando silenciosamente a su cumplimiento todos sus designios de gracia, para su propia gloria y para bendición de los hombres. En medio de la ruina y la destrucción que nos rodean, este pensamiento llena de consuelo y esperanza al alma probada.

James McBroomThe God of Glory

Detrás de todo esto estaba la cuestión del ser espiritual del hombre, que lo constituía en agente moral responsable. Como tal, queda de inmediato bajo obligación y falla. En ese acto tocó la cuestión del bien y del mal que ya se agitaba en la creación y, al hacerse pecador, quedó inmediatamente sujeto al santo gobierno de Dios. Se atacan los derechos de Dios, y la presencia del pecado pisotea en el polvo su suprema majestad. Para explicar su presencia se puede dar una de dos razones. O Dios lo permite con algún propósito sabio, o está ahí a costa de Dios y en desafío a su autoridad. Esto último es impensable, pues destronaría a Dios e introduciría un caos eterno. Es inconcebible que Dios pudiera verse frustrado en su creación; por tanto, podemos ver que el pecado se permite para sus propios fines sabios. Está al servicio de Dios; en efecto, todas las cosas deben servirle, como toda la Escritura nos permite afirmar. Satanás, el pecado, la muerte y el infierno deben obedecerle. El Todopoderoso es supremo y no puede haber dos supremos. Toda la naturaleza, la historia, la experiencia, nuestra vida, la existencia sobre la tierra, las intervenciones de Dios en la raza humana —y, por encima de todo, la encarnación, la muerte, la resurrección y la ascensión de nuestro Señor Jesucristo— prueban la supremacía, la gloriosa y eterna supremacía, de nuestro Dios.

A. J. PollockPractical Papers

Solo hay una respuesta que dar. Dios no es el autor del mal, sino que ha permitido el pecado para su propia gloria. No creó criaturas incapaces de elegir entre el bien y el mal; de otro modo, habría creado meras máquinas, infinitamente más maravillosas que los automóviles y los aviones, pero aun así del mismo orden.

F. G. PattersonA Chosen Vessel

Pero volvemos a preguntar: ¿Por qué dejó Dios que el mal moral fuera una posibilidad? O, en otras palabras, ¿por qué permitió la entrada del pecado? ¿No podría haber creado un ser que no pudiera caer? ¿Uno que solo pudiera hacer lo bueno y lo justo?

La respuesta es clara. Porque, si Él quisiera crear una criatura gloriosa —el ser humano, a su propia imagen y semejanza, libre para elegir entre el bien y el mal, y no una criatura gobernada por una mera cadena de instintos, como las aves y las bestias que lo rodean—, tendría que dejar abierta para él la entrada del mal: una posibilidad, aunque no una necesidad.

William KellyThe Word of God

Cuando Dios creó al hombre, no lo creó como es, ni tampoco al mundo como es. Hizo todo bueno, pero no le agradó ejercer su poder para mantener todo bueno. Le agradó poner a la criatura a prueba. Puso a prueba a la criatura en dos grandes esferas: arriba y abajo. Los ángeles cayeron antes que el hombre; y el principal de los que cayeron arriba es el gran tentador. Nadie puede explicar el pecado, la ruina del mundo, de otra manera que la que revela la Escritura. Muchos lo han intentado. Las mentes más brillantes y los intelectos más grandes lo han intentado; pero nunca han concebido nada que no fuera basura cuando no han seguido la palabra de Dios. Algunos han procurado explicar el pecado suponiendo que hay dos dioses: uno bueno y otro malo; porque hay evidencias de bondad por todas partes a nuestro alrededor, y también son demasiado evidentes las de maldad. No hace falta que me detenga a mostrar que esta hipótesis es pura insensatez. Solo hay un Ser omnipotente; y el hombre no puede librarse de la conciencia de Uno —no meramente una cosa, sino un Ser—, Uno que tiene poder, voluntad y propósito, Uno que tiene afectos tanto como intelecto, pero que, no obstante, somete a las criaturas que hizo a una prueba moral. Si impidiera que todo cayera, no podría haber ninguna prueba de esa clase. Todo sería mecánico o químico; y se perdería por completo la maravillosa escena del conflicto entre el bien y el mal —del bien obrado por su gracia en el corazón del hombre, que se eleva por encima del poder de Satanás y de sus artimañas malignas—. Más importante aún, se destruiría por completo la manifestación activa del amor y la justicia por parte de Dios, de cualidades morales reproducidas en el hombre arrepentido y creyente, si se tratara meramente del poder divino que mantiene así a la criatura de modo que no pueda fallar.

Pero el mal nunca vino de Dios: solo de la criatura que una vez fue inocente y ahora está caída, que no guardó su estado original, sino que escogió hacer su propia voluntad y salirse con la suya. Un ángel hizo esto primero. El hombre fue engañado por aquel que, desviándose y exaltándose a sí mismo, sedujo a otros tanto en el cielo como en la tierra. A esa criatura se la llama Satanás, el Diablo. Todos los esfuerzos por deshacerse de este hecho han resultado completamente vanos, tanto que las orgullosas luminarias de la antigüedad cayeron, en consecuencia, en una u otra de estas ideas: o bien que Dios es todo, lo cual niega el pecado; o, en segundo lugar, que no existe ningún ser como Dios; y ambos casos llevaron a adorar muchísimos dioses falsos. Consideremos ahora a los dos más grandes filósofos de Grecia que quizá han ejercido la influencia más amplia y duradera sobre los hombres civilizados fuera de la Biblia: uno, el principal exponente del panteísmo; el otro, del ateísmo. Eso es a lo que llega el pensamiento del hombre cuando se lleva hasta sus últimas consecuencias lógicas. El hombre, en su estado caído, puede razonar hasta eliminar a Dios; sin embargo, lo excluye no de su conciencia, sino de su razón; pues en lo profundo del corazón del hombre que hace eso queda la inquietante sensación de que lo que ve a su alrededor no creció como una papa, y menos que nada él mismo y sus semejantes. Siente que, aunque caído, es un ser moral que tendrá que dar cuenta de sus actos; ¿y a quién sino a Dios, a Aquel que lo hizo a él y todas las cosas?

William KellyRationalism

Dios no creó al hombre en la condición en que se encuentra ahora; no sumió al mundo en su confusión moral, por no hablar de su miseria física. Quien pueda concebir que un ser divino haya creado al hombre tal como es y al mundo tal como es, debe tener la idea de un demonio, un Ahrimán, en vez del Dios verdadero. Que el poder infinito creara al hombre para ser víctima de semejante dolor, para que su corazón estuviera desgarrado por una miseria variada, intensa e incesante; que, según la misma palabra de Dios, el mal estuviera arraigado en su propia naturaleza (doctrina que los hechos de cada día confirman): quien pueda concebir que Dios creó así al hombre en un mundo semejante tiene la idea menos digna de Dios que incluso el racionalismo podría concebir. Solo la palabra de Dios proporciona la clave y explica este enigma, por lo demás inescrutable. Según esa palabra, Él hizo al hombre recto; formó bueno al mundo y a toda criatura que hay en él; pero el hombre se apartó de Dios y lo perdió moralmente. No es de extrañar que haya miseria cuando los fundamentos están fuera de orden: Dios fue abandonado y el hombre cayó por una rebelión que buscaba exaltarse a sí misma; pues la única fuente posible de felicidad está en la comunión de Dios con sus criaturas. El pecado necesariamente la destruye, y el hombre, al haberlo perdido, se convierte en presa de todo el mal que el enemigo de Dios puede introducir en el mundo, para separar al hombre de Dios de manera más profunda y, si fuera posible, irreparable. Este es el relato de las Escrituras, y no hay otro que pueda competir con él ni explicarlo todo de manera que justifique a Dios o aclare la condición del hombre. Hacer de Dios mismo el autor del mal moral del hombre es una maldad atroz, y la conciencia del hombre lo sabe, aun cuando él quisiera que eso lo excusara. Así pues, desde el comienzo se manifiesta el inmenso y singular valor de la palabra de Dios; y también acerca de esto puede ser oportuno hacer una observación de importancia general.

F. B. HoleCreation, and the Fall of Man

Hay amplia luz acerca del origen y la entrada del mal en este mundo, y de eso nos hemos ocupado. La Escritura también indica que fue por medio del orgullo que el pecado encontró originalmente lugar en el diablo (1 Tim. 3:6), y bajo el título de «Rey de Tiro» parece que obtenemos una descripción de la gloria original de Satanás y de su caída irremediable en Ezequiel 28:11-19. Pero en cuanto a por qué Dios, sabiendo todo lo que finalmente estaría involucrado, llegó a crear a Satanás o al hombre, y por qué permitió que el mal invadiera alguna parte de su hermosa creación, la Escritura guarda silencio, y nada sabemos.

Después de todo, estos son asuntos que están fuera del alcance de las mentes finitas. ¿Es probable que Dios nos revele tales secretos de sus elevados y eternos designios, que necesariamente han de estar en el plano de lo infinito? Si lo hiciera, ¿seríamos más sabios? ¡No! Nos conviene detenernos aquí y decir con el salmista: «Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí: es elevado, no puedo alcanzarlo» (Sal. 139:6).

Verses

  • Job 38:1–41Y respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: 2¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría? 3Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y hazme saber tú. 4¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Házme lo saber, si tienes inteligencia.
  • Romans 9:19–2119Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá a su voluntad? 20Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal? 21¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza?
  • Genesis 50:20Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.