¿Cuál es el carácter de Dios?

Answered from the commentary of Julius A. Von Poseck, J. N. Darby, C. H. Mackintosh and 20 others

Dios es luz y Dios es amor; estas son Sus cualidades esenciales, Su mismo ser, mientras que Su santidad, justicia, bondad, gracia y misericordia son los resultados manifiestos de lo que Él es en Sí mismo. Se dice que es santo y justo, pero Él *es* amor: el amor no es solo un atributo de Su carácter, sino la energía y actividad misma de Su naturaleza, que se manifiesta en bondad activa. La luz es la pureza esencial de Su naturaleza, que hace que todo quede manifiesto. No se pueden separar estas dos cualidades, y dejar de lado la luz es concebir un dios falso que puede pasar por alto con facilidad el pecado y a los pecadores. Por la misma razón, no se puede invertir la afirmación y decir que «el amor es Dios», como si todo fuera amor hasta que se destrone el gobierno y Dios no pudiera castigar el pecado. Él es santo, es decir, está apartado de todo mal y lo aborrece; y es justo, es decir, es consecuente consigo mismo en palabra y obra. Su santidad exige el castigo del pecado, de modo que los pecadores son perdonados, pero el pecado no se tolera. La ira de Dios contra toda impiedad se revela desde el cielo. Esa ira no es pasión, sino juicio justo; Él es tardo para la ira, pues el juicio es Su obra extraña, en la que no se complace. No hay amor verdadero aparte de la justicia, y la cruz, que muestra Su amor, también es la prueba más solemne de que no tolerará el mal. Un escritor se aparta de los demás al llamar absoluto al amor, pero decir que la luz es relativa a las tinieblas. La mayoría de los otros sostiene que la luz es tan esencial para Dios como el amor.

En el nombre que proclamó a Moisés en Éxodo 34:6-7, Él se declara misericordioso y clemente, lento para la ira, abundante en bondad y verdad, y perdonador de la iniquidad; sin embargo, de ningún modo tendrá por inocente al culpable. Esa fue una revelación verdadera, pero parcial, dada a Israel bajo Su gobierno. La revelación plena llegó solo en el Hijo, que es la imagen del Dios invisible, de modo que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre. En Dios, los atributos no están en conflicto: la justicia y la misericordia, la santidad y el amor actúan juntos. Esa armonía se manifiesta en la cruz, donde Él es justo y, a la vez, el que justifica al que cree. También es inmutable, como declara Malaquías 3:6. Como no cambia en Su santidad, debe disciplinar el pecado. Como tampoco cambian Sus propósitos de gracia, Su pueblo no es consumido y Sus promesas nunca fallan. En Su ser, Él es eterno y existe por Sí mismo, el «YO SOY»; es omnipotente, omnisciente, omnipresente y soberano. Su voluntad se rige por la justicia y la santidad, a cuyo servicio están la omnipotencia y la omnisciencia. Su poder se ejerce solo según lo dirige Su amor, nunca de manera arbitraria. Su bondad alcanza a todas las criaturas, pues Sus tiernas misericordias están sobre todas Sus obras, hasta el gorrión, el cuervo y el ganado de Nínive. Sin embargo, Sus juicios son inescrutables y Sus caminos incomprensibles. Un Dios que la criatura pudiera comprender por completo no sería mayor que un hombre.

Verses: Exodus 34:6, Exodus 34:7, 1 John 4:8, 1 John 4:16, 1 John 1:5, Isaiah 6:3, Leviticus 19:2, 1 Peter 1:15, 1 Peter 1:16, Numbers 23:19, Deuteronomy 32:4, Psalms 145:8, Psalms 145:9, Psalms 103:8, Psalms 86:15, Psalms 100:5, Psalms 136:1, Psalms 18:30, Psalms 90:2, Psalms 139:7, Psalms 139:8, Psalms 139:9, Psalms 139:10, Psalms 147:5, Psalms 119:68, Malachi 3:6, James 1:17, John 4:24, Jeremiah 32:17, Jeremiah 23:24, Lamentations 3:22, Lamentations 3:23, Isaiah 40:28, Isaiah 55:8, Isaiah 55:9, Revelation 4:8, Titus 1:2, Hebrews 6:18, Hebrews 13:8, 2 Timothy 2:13, 1 Corinthians 10:13, Romans 11:33, Nehemiah 9:17, Joel 2:13, Jonah 4:2, Micah 7:18, Nahum 1:3, Deuteronomy 7:9, Deuteronomy 4:24, Hebrews 12:29, Genesis 18:25, Job 42:2, Matthew 19:26, Ephesians 2:4, Ephesians 2:5, 2 Peter 3:9, 1 Timothy 1:17, Psalms 34:8, Nahum 1:7

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What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

Julius A. Von PoseckChapter 4

«Dios es luz» y «Dios es amor». Estas dos son sus cualidades esenciales, su mismo ser. Sabemos que el poder, el dominio y la autoridad, la sabiduría y las riquezas le pertenecen. Pero en ninguna parte de las Escrituras se dice que «Dios es poder» o que «Dios es sabiduría», etc. Sabemos que Dios es santo, justo y recto, y que es bueno, bondadoso y misericordioso. Pero estas cualidades divinas son solo los resultados manifiestos de lo que Dios es en sí mismo, es decir, «Luz» y «Amor».

A. J. PollockGod’s Two Dwelling Places

Dios habita la eternidad. Llena todas las cosas. Está en todas partes. Él es la fuente increada y autoexistente de todas las cosas, aunque Él mismo no conoce fuente alguna. Creó todas las cosas de la nada. Tal concepto satisface porque está más allá de toda concepción. Nos postramos ante este Ser glorioso con santo gozo. Nuestro corazón confía en Él, pues Él está por completo más allá de la pequeñez, la fragilidad y la pecaminosidad de los hombres. En cierto sentido, no lo mueve impulso alguno, salvo el que nace de Él mismo. Él es toda bondad, todo amor, toda justicia, toda santidad, toda fidelidad. Todo atributo y cualidad que podamos admirar existe en Él con plenitud absoluta. En suma, un Ser que es amor, omnipresente, omnisciente y omnipotente satisface el clamor de nuestros corazones hambrientos; la omnipresencia, la omnisciencia y la omnipotencia están todas al servicio de Su amor y, por tanto, nos sirven. Esto no podría conocerse sin revelación, ni conocerse plenamente aparte de la Cruz, donde Dios se manifestó plenamente en Cristo.

James McBroomThe Spirit of Truth

Dios es Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su Ser; lleno de poder, santidad, justicia, misericordia, bondad y verdad. Entre sus atributos naturales está primero su eternidad. «¿No eres tú desde la eternidad, oh Jehová, Dios mío?» Habacuc 1:12; inescrutabilidad. «Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» Salmos 90:2; omnipotencia. «Para con Dios todo es posible» Mateo 19:26. «El bienaventurado y solo Poderoso» 1 Timoteo 6:15; omnipresencia. «¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el infierno hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra» Salmos 139:7-10.

Los atributos morales describen Su naturaleza y carácter, y se manifiestan plenamente en la realización de Su propósito, a Su tiempo y a Su manera, entre los hombres. Así, la justicia y la santidad describen Su carácter y brotan de Su naturaleza, que es amor. 1 Juan 4:8-14. Este último atributo es absoluto y existe eternamente, correspondiéndose de manera constante dentro de la Deidad. Él también es Luz, pero esto es relativo, pues se refiere a la oscuridad y consiste en sacar a la luz el pecado, la iniquidad y el desorden moral.

Edward DennettExodus part 2, Ex. 25 - 40

Moisés se presentó en obediencia al mandato divino, con las dos tablas de piedra, para recibir de nuevo la ley bajo la cual habría de quedar Israel. Por tanto, Sinaí volvió a ser el escenario de su encuentro con el Señor. El Señor, fiel a su promesa, descendió en la nube, estuvo allí con él y proclamó el nombre del Señor. En la Escritura, el nombre, al menos en relación con Dios, expresa la naturaleza; de ahí que aquí indique lo que Dios era como JEHOVÁ. Es esencial recordar que quien se revela así no es el Padre, sino Jehová en su relación con Israel. Por tanto, no es una revelación completa de Dios. Esta no podía darse hasta después de la cruz; pero lo que se proclama es el nombre de Jehová, expresión de lo que Dios era en este carácter. «No es en absoluto el nombre de su relación con el pecador para justificarlo, sino con Israel para gobernarlo. La misericordia, la santidad y la paciencia caracterizan sus caminos con ellos, pero no da por inocente al culpable». El lector debe estudiar por sí mismo esta revelación de lo que Dios era para Israel: cada palabra empleada es, en este aspecto, una declaración de su carácter inmutable. La misericordia y la verdad se ven combinadas, aunque no fue sino hasta la cruz que se encontraron y armonizaron en su obrar, cuando también la justicia y la paz se besaron. Aquí están también la bondad y la gracia, así como la longanimidad; pero también está la santidad, y por eso, aunque guarda misericordia a millares y perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, Jehová de ningún modo dará por inocente al culpable. En verdad había un corazón de amor para su pueblo, pero ese corazón de amor estaba contenido, si cabe expresarlo así, hasta que se hubiera completado la expiación, cuando Dios pudiera justificar justamente al impío. Pero quien siga la línea de los tratos de Dios con Israel, desde este momento hasta su expulsión de la tierra, e incluso hasta la cruz, encontrará cada uno de estos atributos en ejercicio constante. Todo lo que Dios es, según se declara aquí, se revela en sus caminos con su antiguo pueblo. La proclamación de su nombre es, de hecho, el resumen de su gobierno desde Sinaí hasta la muerte de Cristo. Pero, aunque se admita plenamente el carácter maravilloso de la revelación hecha así a Moisés, obsérvese de nuevo que no es lo que los cristianos disfrutan ahora. Si se compara con las palabras de nuestro bendito Señor: «Y les he manifestado tu nombre, y lo manifestaré aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos» (Juan 17:26), no puede dejar de percibirse la inmensidad de la diferencia. La diferencia radica entre lo que Dios era como Jehová para Israel y lo que Dios es como Padre para sus hijos.

The Bible Treasury"Fallen Angels"

No es cierto que «la única definición absoluta del Ser todopoderoso, autoexistente y supremo es que él es Amor». El apóstol Juan, quien más que nadie trata este tema, se cuida de informarnos en 1 Juan 1 que Él es Luz. Solo en el cap. 4 de la misma Epístola nos dice que Él es Amor. La Luz es la pureza esencial de su naturaleza, que hace manifiestas todas las cosas y a todos; el Amor es más bien la energía de su naturaleza, que se expresa en bondad activa. Omitir la Luz es concebir un dios falso que perdona con facilidad el pecado y a los pecadores, y no al Verdadero Ser autoexistente, quien también es Amor. Cristo es su imagen en ambos aspectos, pues era y es verdaderamente Dios, tanto como el Padre y el Espíritu Santo.

J. N. DarbyVolume 3, number 232

El amor, por ser la presencia de Dios, y porque sentimos su presencia y acudimos a él en ella, no tolera el mal. Si solo hay bondad fraternal y el hermano es el objeto que tengo presente (y, si no se siente la presencia de Dios, no la percibimos, pues la naturaleza interviene con tanta facilidad, y aquí lo hace bajo sus formas más insospechadas y amables), pongo al hombre por encima de Dios, encubro el mal, mantengo la bondad; en todo caso, excluyo y aparto a Dios hasta cierto punto. El amor es su presencia activa, aunque se manifieste en amor al hombre; pero concede a Dios todos sus derechos. Él es amor, pero nunca es inconsecuente consigo mismo. Su amor por nosotros se manifestó en la prueba más solemne de su intolerancia del mal: la cruz. No hay amor verdadero aparte de la justicia. Si a Dios le es indiferente el mal y no es justo, entonces no hay amor en la gracia hacia el pecador. Si aborrece el mal y no puede tolerarlo en su presencia, entonces su trato con nosotros como pecadores demuestra el amor más perfecto. Si tengo diez hijos y se descarrían, y digo: «Bueno, debo mostrarles amor», y no tomo en cuenta sus malos caminos; o si algunos de ellos se descarrían y los trato como si, a mi juicio, no hubiera diferencia entre su buen proceder y su mal proceder, eso no es amor, sino indiferencia ante el mal. Esta es la clase de amor que espera el hombre inconverso: que Dios sea tan indiferente al mal como ellos; pero este no es el amor divino, que aborrece el mal, pero se eleva por encima de él y lo trata, ya sea quitándolo o mediante las disciplinas necesarias. Ahora bien, si a Dios le fuera indiferente el mal, no habría un ser santo que pudiera ser objeto de mi amor, nada que santificara. Dios no reconoce como amor aquello que admite el pecado.

J. N. DarbyGod in His Essence and Attributes

Si acudimos a la Escritura, encontramos allí que los atributos de Dios —el único y verdadero Dios— resplandecen con brillo sin nubes en cada página. Él es uno, supremo, el Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas; conoce todas las cosas. Si vamos al cielo, Él está allí; si vamos al Seol, Él está allí (Jer. 23:24); puede hacer todas las cosas. Su ojo y Su presencia están en todas partes; Él es el Dios eterno; Él es justo y santo; Su bondad está sobre todas Sus obras. Los anhelos del corazón del hombre encuentran respuesta en la revelación de Dios más clara y completa. Me refiero al Antiguo Testamento, porque allí Dios, como tal —el único Dios verdadero—, es plenamente y especialmente revelado en contraste con los ídolos y las imaginaciones del hombre. Esa es su revelación especial y directa, con la ley de Su boca, aunque la acompañan promesas y profecías.

James McBroomThe God of Glory

Al llegar ahora a los atributos más directamente relacionados con la naturaleza moral de Dios, encontramos la santidad y la justicia, de las cuales necesariamente surgen todos aquellos ricos elementos que se manifiestan en su gobierno moral. En sus acciones entre los hombres vemos soberanía, bondad, verdad, misericordia y compasión, pero todas caracterizadas por la pureza moral de su santidad y la rectitud de su justicia. La santidad es su pureza moral intrínseca. «Eres de ojos demasiado puros para mirar el mal, y no puedes contemplar la iniquidad» (Hab. 1:13). Se la ha definido como la perfecta satisfacción de Dios consigo mismo en el poder del bien que todo lo satisface; y puede decirse que es inherente a su naturaleza. La justicia o rectitud es más externa, pues caracteriza a Dios en todo lo que dice y hace. Es su perfecta coherencia consigo mismo tanto en palabra como en obra. Nos lleva al gran propósito de su gobierno moral. Puede decirse que la santidad es la norma a la que todos deben ajustarse, y la justicia, el modo de actuar que conduce a esa norma.

La santidad de Dios, por la naturaleza misma de las cosas, necesariamente exige que el pecado sea castigado. «Nuestro Dios es fuego consumidor» (Heb. 12:29). «¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír de sangres, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala» (Isa. 33:14-15). Véanse la actitud y las palabras de los serafines cuando están alrededor del Trono de la majestad que representa a la creación. «Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria» (Isa. 6:3). En su misericordia, los pecadores son perdonados, pero el pecado no es consentido. «Tú les respondías, oh Jehová Dios nuestro; tú eras un Dios que los perdonabas, aunque tomabas venganza de sus obras. Ensalzad a Jehová nuestro Dios, y encorvaos al monte de su santidad; porque Jehová nuestro Dios es santo» (Salmo 99:8-9).

Frederick W. GrantPart 2 Section 1

Aquí, pues, comenzamos a seguir la acción de la gracia divina con un pecador. La justicia también sigue su curso, y el juicio no se deja de lado, sino que se mantiene plenamente. Y en esto se manifiesta la armonía de los atributos divinos, la unidad moral del Dios cuyos atributos son. No hay conflicto en su naturaleza. La justicia y la misericordia, la santidad y el amor no están en guerra en él. Cuando él actúa, todos actúan.

J. N. DarbySummary

Comienza con una exposición del carácter de Dios, teniendo en cuenta lo que él tiene que soportar a causa del orgullo del hombre. Dios es celoso, y Jehová se venga. Es un pensamiento solemne que, por grande que sea su paciencia, se acerca un día que demostrará que no tolera el mal. Sin embargo, es un pensamiento consolador, pues la venganza de Dios es la liberación del mundo de la opresión y la miseria del yugo del enemigo y de la concupiscencia, para que florezca bajo la mirada apacible de su Libertador. Sin duda, él ha permitido durante mucho tiempo que el mal continúe. No es impaciente, como lo son nuestros pobres corazones. Es tardo para la ira: una ira tanto más terrible por ser la justicia de uno que nunca es impaciente. Es grande en poder y de ningún modo dará por inocente al culpable. ¿Quién podrá permanecer ante su indignación o soportar el ardor de su ira?

Verses

  • Exodus 34:6–76Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; 7Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos.
  • 1 John 4:8El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor.
  • 1 John 4:16Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.
  • 1 John 1:5Y este es el mensaje que oímos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.
  • Isaiah 6:3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.
  • Leviticus 19:2Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.
  • 1 Peter 1:15–1615Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación: 16Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.