¿Tenía Jesús apellido?
Answered from the commentary of A. J. Pollock, Morrish Bible Dictionary, F. B. Hole and 10 others
Jesús no tenía un apellido familiar en el sentido moderno: Jesús era su nombre personal y «Cristo» era un título, no un apellido. Jesús fue el nombre que se le dio como hombre nacido en este mundo; fue dado por Dios al nacer (Mateo 1:21) y significa «Jehová el Salvador». Era la forma griega de Josué y, entre los judíos, no era un nombre poco común, sino uno de sus nombres nacionales. Muchos hombres lo llevaban, así que podía añadirse un segundo nombre para distinguirlos, como en el caso del creyente «Jesús, llamado Justo» en Colosenses 4:11. «Cristo» no es un apellido familiar. Es la palabra griega para el hebreo Mesías, que significa «el Ungido», título oficial del Señor. Pronto llegó a usarse como nombre, de modo que en los Evangelios casi siempre aparece «el Cristo», mientras que «Jesucristo» en las Epístolas tiene más el carácter de un nombre. Aun así, el nombre personal es Jesús.
En cambio, se le conocía de la manera en que por lo general se conocía a los judíos de aquella época: por su ciudad de origen y por su familia. En el uso judío, a una persona se le llamaba «hijo de fulano», y a veces el nombre de su lugar de nacimiento ocupaba el lugar del nombre del jefe de la familia. Por ejemplo, Simón era «Simón Barjona», es decir, hijo de Jonás. «Jesús de Nazaret», o el Nazareno, era el nombre con que más lo llamaban personas de todas las clases, tanto en Galilea como en Judea, y Pilato lo escribió en la cruz. Era un nombre de desprecio, porque Nazaret era un lugar menospreciado, y así se cumplió la palabra de los profetas: «Será llamado Nazareno» (Mateo 2:23). Sin embargo, el Señor resucitado tomó para sí ese nombre de afrenta: «Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues» (Hechos 22:8). Por su familia, se le llamaba «Jesús de Nazaret, hijo de José» (Juan 1:45). Era hijo de José solo legalmente, porque en realidad no era hijo de José, sino hijo de María e Hijo de Dios. Por eso, en Marcos 6:3 también se le llama «el carpintero, hijo de María». Después de su resurrección, Dios hizo a «ese mismo Jesús» Señor y Cristo (Hechos 2:36). Para los creyentes, su nombre completo ahora es «el Señor Jesucristo»: Señor habla de su autoridad, Jesús es su nombre personal y Cristo incluye su obra.
Verses: Colossians 4:11, Acts 22:8, Matthew 1:21, Luke 1:31, Matthew 1:16, Matthew 2:23, Matthew 21:11, Mark 1:24, Mark 10:47, John 1:45, John 19:19, Acts 2:22, Acts 10:38, Matthew 13:55, Mark 6:3, Luke 4:22, John 6:42, Matthew 16:16, Mark 8:29, Luke 2:11, John 1:41, John 4:25, John 4:26, Acts 2:36, Matthew 1:1, Matthew 27:22, Philippians 2:9, Philippians 2:10, Philippians 2:11
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What the commentators say
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p326 [Al mismo.] W G Heney, En cuanto a «el Cristo», no hay fundamento alguno para hacer de Cristo la iglesia. En nueve de cada diez casos en que tenemos Cristo en inglés, en griego es el Cristo. Cristo no era propiamente un nombre, sino un título que significa (lo mismo que Mesías en hebreo), en inglés, «ungido»: «Jesús es el Cristo»; pero muy pronto se convirtió en un nombre, aunque el nombre personal es Jesús. El único lugar, de los cientos que hay, supongo, donde se usa el Cristo para el principio de unión entre los santos es 1 Corintios 12, equivalente a «así es en el caso del Cristo». Nunca significa propiamente el cuerpo, sino que se usa como un nombre que nos pone en relación con Él, porque el Ungido es la Cabeza de todos los ungidos. (Véase Juan 1:33.) De ahí el cambio en Romanos 8:11, donde Jesús se usa como nombre personal, y Cristo no se usa en absoluto como el cuerpo, sino como la Cabeza de aquellos que serán resucitados por causa de Él.
Jesús es su nombre personal como Hombre nacido en este mundo. Cristo, que significa el Ungido, describe más bien un oficio que Él desempeña. Pero Jesús es el Cristo (véase Hechos 17:3), y no hay otro Cristo sino Él. La conversación a la que usted alude es precisamente un ejemplo de esa «astucia de los hombres y las artimañas del error, para engañar». Ellos convierten «el Cristo» en un ideal vacío y tratan a «el Jesús histórico» como uno del orden de Cristo que nos muestra cómo nosotros también podemos llegar a ser «Cristos». Así niegan «a Jesucristo venido en carne» y demuestran ser de ese espíritu del anticristo del que habla 1 Juan 4:3.
La expresión algo extraña que usamos, «el Cristo», en vez de «Cristo», ha sido escogida deliberadamente para señalar la distinción entre el oficio y el nombre del Señor. En el habla actual, «Cristo» se ha convertido en un simple nombre; en tiempos anteriores no era así. «Cristo» (griego), o «Mesías» (hebreo), significa «el Ungido», a quien, según la promesa de Dios, se esperaba. Por tanto, esta palabra expresa más que el mero nombre de una persona, aunque este uso de ella ya había aparecido cuando se escribieron las Escrituras del Nuevo Testamento; y, puesto que en nuestra opinión no se debe confundir la designación del oficio con el nombre, para conservar la fuerza de la palabra hemos escrito «Cristo» cuando se usa como nombre propio, y «el Cristo» cuando designa el oficio del Mesías, el Ungido. En griego, el artículo ὁ marca la distinción.
«Dondequiera que dos o tres estén reunidos en (εἰς) mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Claramente, esto no es una promesa, sino una simple declaración de hecho, dependiente del cumplimiento de una condición. En otras palabras, el Señor dice aquí que siempre está en medio de quienes están reunidos en su nombre. Todo, por tanto, depende de lo que signifique esta condición. Cuando el Señor estuvo aquí abajo en la tierra, su nombre era Jesús (Mat. 1); pero también era el Cristo. (Juan 1:41, etc.) Después de su muerte y resurrección fue hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36); y aún conserva el nombre de Jesús. (Hechos 7:59; Fil. 2:9-11, etc.) Su nombre completo para los creyentes ahora (aunque más adelante tendrá otros nombres y títulos) es el Señor Jesucristo. Ahora bien, en las Escrituras el nombre expresa la verdad de lo que una persona es; y, entendiéndolo así aquí, expresará todo lo que Cristo es como el Señor Jesucristo. El término Señor significa autoridad (véase Lucas 6:46); Jesús es su nombre personal (Lucas 1:31); y, puesto que fue hecho Cristo después de su muerte y resurrección, este término incluye su obra. Entonces, cuando estamos verdaderamente reunidos en su nombre, estamos reunidos en torno a la verdad de su persona, su obra y su autoridad; y estas son las tres cosas que quienes están reunidos en su nombre tienen que mantener. Renunciar a una sola de ellas sería abandonar el cristianismo en cuanto a su mantenimiento público. Por eso Juan dice: «Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina —la doctrina del Cristo—, no lo recibáis en casa, ni le digáis bienvenido: porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras». (2 Juan 10, 11.) Tal persona, en efecto, ha abandonado la verdad de la obra de Cristo.
ὁ χριστός. Un título oficial del Señor Jesús, que llegó a usarse como nombre. En Juan 1:41; Juan 4:25, este título está vinculado con el Mesías del A.T. Los judíos y los samaritanos esperaban AL MESÍAS, «que es llamado Cristo». Encontramos el título «Mesías» en Dan. 9:25-26, en la profecía de las Setenta Semanas. La palabra hebrea es mashiach y significa «ungido». Este término se emplea con respecto al Señor Jesús en Sal. 2:2: los gobernantes se alzan contra Jehová y Su «Ungido». La misma palabra se usa en referencia al sumo sacerdote y al rey como ungidos de Dios; pero el Señor Jesús es enfáticamente «el Ungido», que es el significado de la palabra «el Cristo», que debería leerse en muchos pasajes del N.T. donde la A.V. simplemente dice «Cristo». En los Evangelios casi siempre dice «el Cristo», y a menudo en las Epístolas, excepto cuando dice Jesucristo o Cristo Jesús, expresiones que tienen más el carácter de un nombre. Se refiere al Señor como Hombre, ungido con el Espíritu Santo.
Es deliberado que a veces hayamos escrito «Cristo» y a veces «el Cristo», es decir, el Ungido, el Mesías. Un estudio atento de la palabra mostrará que, en los Evangelios, casi siempre la palabra Cristo está precedida por el artículo y por lo general expresa aquello que un judío habría llamado «el Mesías». En las Epístolas, por el contrario, el uso del artículo es poco frecuente y, en la mayoría de los casos, quizá dependa simplemente de las exigencias gramaticales de la lengua griega, sin quitarle a la palabra «Cristo» el carácter de nombre propio. En este último caso, el francés omite el artículo, y por eso el traductor debe juzgar cuál era la intención del escritor sagrado. No podemos afirmar que siempre hayamos logrado discernirla; pero en la mayoría de los pasajes el lector distinguirá fácilmente entre el oficio y el nombre de la persona.
Jesús de Nazaret (el Nazareno) es la forma de referirse al Señor que más usaban las personas de todas las clases sociales de su época. Se lo conocía así no solo en Galilea, sino también en Judea; pues cuando toda la ciudad de Jerusalén se alborotó durante su última visita, la multitud dijo: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea» (Mat. 21:11). Este fue también el nombre usado en la inscripción que Pilato colocó en la cruz para burlarse: «Este es Jesús de Nazaret, el Rey de los judíos».
Pero si este título es motivo de deshonra y desprecio entre los hombres, los ángeles no se avergüenzan de usarlo. El ángel en el sepulcro dijo a María Magdalena: «No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; he aquí el lugar donde le pusieron» (Mar. 16:6). En sus predicaciones, los apóstoles dieron testimonio expreso de Jesús de Nazaret con esta designación: el Mesías y Señor crucificado, pero resucitado y glorificado (Hech. 2:22: Hech. 3:6; Hech. 4:10; Hech. 10:38). Y aún más sorprendente: el Exaltado mismo, hablando desde la gloria a Saulo de Tarso, el judío fanático y fariseo altivo, se declaró con ese nombre de afrenta: «Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues» (Hech. 22:8).
Lucas 1:31. — «Jesús». El nombre (Jeshúa), Neh. 8:17, era muy común entre los judíos de aquel tiempo. En Col. 4:11, se menciona a un Jesús, apellidado Justo, uno de la Circuncisión. Uno de los antepasados del Señor según la carne llevaba el mismo nombre; véase Lucas 3:29 (R.V.). El Talmud, con el fin de deshacerse del significado original de «el nombre» (Santiago 2:7), aunque usa «Jeshúa» para todos los demás que lo llevan, regularmente se refiere al Señor con el nombre abreviado Jesu.
Tenemos un nuevo día, y el Señor se propone ir a Galilea, que, como hemos visto en otra parte, es el lugar típico de bendición para Israel (véanse las notas de la pág. 69), donde su ruina se manifiesta más claramente. Y ahora, en vez de continuar la reunión anterior mediante el testimonio de los discípulos, hay un nuevo comienzo: la obra del Señor mismo, quien llama a Felipe. Ahora comienza de nuevo la obra de los discípulos: Felipe llama a Natanael con un nuevo testimonio: «Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y los profetas: Jesús, hijo de José, que es de Nazaret». Que sea el (titular) hijo de José, algo que suena extraño como expresión de fe en el Evangelio de Juan, le da, sin embargo, su aparente título legal al trono. Es evidente que esto es excepcional en este Evangelio, pero se pretende claramente que ahora tengamos ante nosotros al Rey de Israel: en principio, comienza una reunión israelita. Natanael muestra también al principio la incredulidad judía: «¿De Nazaret puede salir algo de bueno?» Y, sin embargo, el Señor da testimonio de él: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño». Observemos que se nos lo presenta como «israelita». «¿De dónde me conoces?», pregunta sorprendido. «Antes que Felipe te llamara —responde el Señor—, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Sin duda había habido algún ejercicio especial del corazón, algo en lo que buscaba a Dios, a lo que Cristo se refiere. Y sabemos que, con el verdadero remanente de Israel en los últimos días, los ejercicios por los que pasarán estarán bajo la sombra de la higuera, figura de un remanente de la nación que ha regresado a la tierra, pero no ha regresado a Dios (Lucas 13:6-9), y que recibirá al Anticristo. Los Salmos se ocupan ampliamente de estas pruebas y aflicciones; y en ellos Dios les ha provisto de antemano aquello que sostendrá su fe durante esa tribulación sin igual por la que tendrán que pasar. En ellos, cuando lleguen a verlo cara a cara, descubrirán que el Cristo que han estado buscando ya estaba con ellos.
Ahora bien, cuando el Señor Jesús reunió a sus primeros discípulos, Felipe fue a ver a Natanael en Betsaida y le dijo: «Hemos hallado (no dice que hemos hallado al Mesías, lo cual equivale más o menos al Rey de Israel; Mesías significa el Ungido) ... a Aquel de quien escribió Moisés en la ley». Pero, ¿escribió Moisés acerca de Él en la ley? Además de muchos tipos, en Deuteronomio 18:15 Moisés dijo al pueblo de Israel: «Jehová tu Dios te levantará profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo; a él oiréis», etc. Un profeta como yo: ese es Aquel de quien profetizó Moisés. Y eso es lo que Felipe menciona aquí cuando dice: Aquel de quien escribió Moisés en la ley y los profetas. No podemos repasar ahora todas las profecías acerca del Señor Jesús, aunque este es un estudio muy valioso, especialmente para que los más jóvenes entre nosotros recorran los profetas desde Isaías hasta Malaquías y busquen al Señor en los profetas. Los judíos sabían que los profetas habían hablado acerca del Señor Jesús, el Mesías, hijo de José, que es de Nazaret. Ahora bien, así veían los judíos al Señor Jesús: hijo de José, de Nazaret; esa no era la verdadera característica del Mesías, porque Él era hijo, no de José, aunque legalmente siempre se considera a José como el padre del Señor Jesús. Había un orden legal; no había desorden, y como hijo de José, el Señor Jesús era conocido entre la gente. Esto sale a relucir varias veces. Y de Nazaret: esa no era la ciudad de su nacimiento; no era la ciudad donde debía nacer el Mesías, según Miqueas 5: Belén de Judá, Efrata; sino que era la ciudad donde había pasado su niñez y los años hasta su aparición pública. Pero, evidentemente, así era como lo conocían muchos judíos.
Verses
- Colossians 4:11Y Jesús, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisión: éstos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo.
- Acts 22:8Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quién tú persigues.
- Matthew 1:21Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
- Luke 1:31Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.
- Matthew 1:16Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.
- Matthew 2:23Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.
- Matthew 21:11Y las gentes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea.
- Mark 1:24Diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.