¿Qué dice la Biblia acerca de la fe?

Answered from the commentary of William Kelly, C. H. Mackintosh, F. B. Hole and 24 others

La fe consiste sencillamente en creer a Dios: aceptar su palabra, no por sentimientos, razonamientos o pruebas visibles, sino porque Él lo dice. Al recibir su testimonio, una persona «ha puesto su sello a esto: que Dios es veraz», mientras que la incredulidad lo hace mentiroso. Hebreos 11:1 no es una definición, sino una descripción de lo que hace la fe: convierte en realidad presente las cosas que se esperan y da convicción de las cosas que no se ven.

Esa fe no surge del ser humano. Viene por el oír, es decir, por el mensaje, y el mensaje por la palabra de Dios (Romanos 10:17). No puede existir antes de que haya un testimonio que creer. También es don de Dios (Efesios 2:8), obra del Espíritu Santo y no producto natural del corazón humano. Decir que es natural en el ser humano niega su total impotencia. Por esta razón la fe no tiene mérito: renuncia al yo, atribuye todo mérito a Cristo y deja toda la gloria a Dios.

Su valor reside por completo en su objeto. La fe más débil en Cristo salva, mientras que la fe más fuerte en cualquier otra cosa engaña. El mero asentimiento intelectual a los hechos acerca de Cristo no es fe salvadora, pues también los demonios creen. Se trata de creer con el corazón, por obra divina. La mayoría de los autores llama a la fe confianza, apoyo o dependencia de Cristo. Sin embargo, Darby insiste en que la confianza fluye de la fe y no es la fe misma.

Por la fe, aparte de las obras de la ley, Dios declara justo al impío, como cuando Abraham «creyó a Dios, y le fue atribuido a justicia» (Génesis 15:6; Romanos 4:3). Así queda excluida toda jactancia. Justificado por la fe, el creyente tiene paz para con Dios (Romanos 5:1), pues descansa en la obra de Cristo y no en su propia experiencia. Los autores difieren acerca de cuándo se obtiene esa paz. Kelly sostiene que nadie tiene paz para con Dios sin saberlo. Otro sostiene que la paz firme puede llegar un tiempo después de la justificación.

La fe no es un acto inicial que luego se termina. Es el principio que impulsa toda la vida cristiana, pues «el justo vivirá por la fe» (Habacuc 2:4). Sin ella es imposible agradar a Dios, porque quien se acerca a Él debe creer que existe y que recompensa a los que lo buscan diligentemente (Hebreos 11:6).

La fe verdadera obra por el amor (Gálatas 5:6) y produce obras. La fe sin obras está muerta (Santiago 2:17). Todos los autores coinciden en que Santiago no contradice a Pablo. Pablo habla de la justificación ante Dios por la fe sola, y Santiago de la justificación ante los hombres, mediante las obras de la fe que demuestran que es real.

El creyente anda por fe y no por vista (2 Corintios 5:7). Las pruebas se envían para poner a prueba esa fe, y abandonar el camino de Dios para escapar de ellas es una falla de la fe. La fe es un principio que crece, débil o fuerte, y aumenta por medio de la misma palabra que la produjo al principio. Incluso una fe débil, si está puesta únicamente en Cristo, llevará a una persona al cielo, aunque con menos consuelo en el camino. Crece mejor cuando se fija en la confiabilidad del Salvador y no en sí misma.

Verses: Hebrews 11:1, Hebrews 11:6, Ephesians 2:8, Ephesians 2:9, Romans 10:17, Romans 5:1, Romans 1:17, Habakkuk 2:4, Galatians 2:20, Galatians 3:11, Galatians 5:6, James 2:14, James 2:15, James 2:16, James 2:17, James 2:18, James 2:19, James 2:20, James 2:21, James 2:22, James 2:23, James 2:24, James 2:25, James 2:26, Mark 11:22, Mark 11:23, Mark 11:24, Matthew 17:20, Matthew 21:21, Matthew 21:22, Mark 9:23, Mark 9:24, Luke 17:5, Luke 17:6, 2 Corinthians 5:7, Romans 3:28, Romans 4:3, Romans 4:20, Romans 4:21, Genesis 15:6, Romans 14:23, 1 Peter 1:7, 1 Peter 1:8, 1 Peter 1:9, James 1:3, James 1:4, James 1:5, James 1:6, Hebrews 12:2, John 3:16, John 20:29, John 20:31, John 11:25, John 11:26, 1 John 5:4, Ephesians 6:16, 1 Timothy 6:12, 2 Timothy 4:7, Proverbs 3:5, Proverbs 3:6, Philippians 3:9, Galatians 3:26, Mark 5:34, Matthew 9:29, Acts 16:31, Romans 12:3, 1 Corinthians 13:13, Hebrews 10:38, Hebrews 10:39

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What the commentators say

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William KellyHebrews 7 - 13

Algunos se han creado una dificultad por la suposición equivocada de que aquí tenemos una definición de la fe. Claramente, este no es el propósito, sino más bien una descripción de su poder, alcance y efecto. Bíblicamente, la fe en sí misma es simplemente creer a Dios, aceptar su palabra porque Él lo dice, no basándose en evidencia visible ni en razonamientos, sino en la autoridad de Dios. Ahora bien, bajo el evangelio, debido a su importancia suprema, consiste en recibir el testimonio de Dios que Él ha dado acerca de su Hijo (1 Juan 5:9), creer (no exactamente «en», sino) al que envió al Hijo (Juan 5:24); o, como se expresa en Juan 3:33, el que recibe su testimonio ha puesto su sello de que Dios es verdadero; mientras que el que no cree a Dios tiene la terrible culpa de hacerlo mentiroso (1 Juan 5:10).

Morrish Bible DictionaryBible Dictionary E 2, F

Esto puede llamarse fe salvadora. Es confianza en Dios fundada en su palabra; es creer en una persona, como Abraham creyó a Dios. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna». Juan 3:36. La fe en sí misma no tiene virtud ni mérito; pero vincula el alma con el Dios infinito. En efecto, la fe es don de Dios. Efesios 2:8. La salvación se basa en el principio de la fe, en contraste con las obras bajo la ley. Romanos 10:9. Pero la fe verdadera se manifiesta por medio de buenas obras. Si alguien dice que tiene fe, es razonable decirle: «Muéstrame tu fe» por tus obras. Santiago 2:14-26. De otro modo, si la fe no se manifiesta, se la describe como «muerta», y es completamente distinta de la creencia real y activa. La mera aceptación mental de lo que se afirma como un simple hecho histórico no es fe. El hombre natural puede creer tales cosas: «también los demonios creen y tiemblan», pero la fe verdadera da gozo y paz.

C. H. MackintoshSection 6 of 10

Todo esto es muy lamentable. Reclama la seria atención de quienes se interesan por las almas y están llamados a observar el progreso de la obra de Dios en ellas. Es de suma importancia conducir a todas las almas atribuladas al firme fundamento de las Sagradas Escrituras y enseñarles que la fe consiste sencillamente en creerle a Dios según su palabra. Es creer lo que él dice, no porque lo sintamos, sino porque él lo dice. Creer porque sentimos no sería en absoluto fe en la Palabra de Dios, sino fe en nuestros propios sentimientos, una fe sin valor que no resistirá ni un instante ante la presencia del enemigo. La Palabra de Dios está establecida para siempre en el cielo. «Has engrandecido tu palabra sobre todo tu nombre». Este es el sólido fundamento de la fe cristiana.

F. B. HoleActs

La fe se ha definido muy sencillamente como «Creer lo que Dios dice, porque Dios lo dice», y esto está bien respaldado por las palabras de Pablo: «Creo a Dios». En este caso, los sentimientos, la razón, la experiencia y las probabilidades de la situación habrían contradicho la declaración divina, pero la fe aceptó lo que Dios dijo, aunque todo lo demás lo negara. La fe en nuestros corazones hablará exactamente de la misma manera. El testimonio divino que recibimos trata asuntos mucho mayores que una salvación solo para esta vida, y nos llega no de boca de un ángel, sino por medio de las Sagradas Escrituras inspiradas, que ahora tenemos impresas en nuestra propia lengua; pero nuestra aceptación de ellas debe ser igualmente definida. Simplemente creemos a Dios y así ponemos nuestro sello de que Dios es veraz.

Los versículos 34-36 nos muestran que la actitud y las acciones de Pablo corroboraron sus valientes palabras de fe. Así lo vemos ejemplificando lo que Santiago recalca tanto en su epístola: la fe, si está viva, debe expresarse en obras. Si, después de pronunciar palabras de fe, hubiera permanecido abatido y desanimado como los demás, nadie habría prestado mucha atención a sus palabras. Pero, después de anunciar palabras de aliento, él mismo estaba evidentemente muy animado. Dio gracias a Dios, comió y exhortó a los demás a hacer lo mismo. Sus obras daban así testimonio de la realidad de su fe, y todos quedaron impresionados por ella. También ellos se animaron y comieron. Las circunstancias todavía no habían cambiado, pero sí habían cambiado en la medida en que la confianza de la fe encontró lugar en sus corazones, pues les proporcionó «la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven» (Heb. 11:1. N. del T.). Todo el episodio es una excelente ilustración de lo que es la fe y de cómo obra.

Leslie M. GrantComments on the Epistle to the Hebrews

«Es, pues, la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven». Esto no es una definición, sino que nos muestra algo de lo que hace la fe. Es aquello que da sustancia sólida a las cosas que se esperan para cada persona. No es mera imaginación fantasiosa, sino una confianza sincera en el Dios viviente, por la cual las cosas de Dios se vuelven una realidad definida y clara para el corazón, y así se reconocen como más verdaderamente sustanciales que toda sustancia material, pues esta última pasará. También tiene ese poder peculiar de hacernos evidentes las «cosas que no se ven». La fe en el Dios viviente no es ciega, sino la apertura efectiva de los ojos, que acepta evidencia incuestionable de la realidad de las cosas espirituales que no se ven.

James BoydGod our Saviour

La fe es el vínculo entre Dios y el alma del hombre, y es un vínculo que nada puede romper. También es mucho más segura que la vista. La vista puede ser defectuosa; podemos equivocarnos al confiar en ella, pero no podemos equivocarnos en cuanto a la fe. Es la Palabra de Dios arraigada en el alma, la Palabra predicada en el evangelio que vive en el corazón del hombre que la recibe. No se parece a ninguna otra cosa, y está más allá de la capacidad del hombre definirla. La Escritura no intenta definirla. Hebreos 11:1 no es en ningún sentido una definición de ella, sino una declaración acerca de sus características y su poder. Como todo lo demás, ha sido llamada a la existencia por la Palabra de Dios. Aparte de esa Palabra, no podría existir. Como he dicho, es la Palabra de Dios arraigada en el alma, que la ilumina con el conocimiento de Aquel cuya Palabra es. La Palabra de verdad implantada en el alma es lo que forma un vínculo eterno con Dios. Para impedirlo, el diablo arrebata la Palabra predicada del corazón cuando puede, para que no eche raíces, o, en palabras de la Escritura, «para que no crean y se salven» (Lucas 8:12). Si se cree la Palabra, echa raíces, pues creer es echar raíces. Con esto no intento definir lo que he dicho que no puede definirse, sino mostrar, con la mayor claridad que me es posible, algunas de las cosas que son ciertas acerca de la fe según la Escritura. La Escritura muestra que es indestructible, que es don de Dios (Fil. 1:29), que vence todo obstáculo y todo enemigo (1 Juan 5:5), y que por ese medio somos guardados por el poder de Dios para salvación (1 Pedro 1:5). Hace que las cosas que no se ven sean mucho más reales para el alma que las cosas que se ven, y donde no está, no hay vínculo con el Dios viviente.

Hamilton SmithThe Epistle of James

(Vv. 19, 20). El judío creía que Dios es uno. Esto es correcto; también los demonios lo creen, y su creencia los hace temblar, pero no los pone en relación con Dios. Así, alguien puede creer lo que es verdadero acerca de Dios y, sin embargo, no tener fe en Dios. La fe es el resultado de una nueva naturaleza que confía en Dios y demuestra su existencia por medio de sus obras. Por tanto, el hombre que dice tener fe y, sin embargo, está «sin obras» es un hombre vano, y su fe no es más que una profesión muerta. Tal es la condición de la vasta profesión de fe de la cristiandad, en la que se aceptan verdades y se hacen «obras», pero sin la fe que pone al alma en contacto personal con Cristo.

C. E. StuartGospel Studies

Esto es muy sencillo, dirá alguien. Es sencillo. ¿Solo tengo que creer para ser justificado?, podría preguntar alguien. Tenemos que creer en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, respondemos. ¿Es entonces esta fe un mero asentimiento de la mente? De ninguna manera. «La fe, si no tuviere obras, es muerta» (Sant. 2:26). Dios sabe el momento en que una persona realmente cree su testimonio acerca de su Hijo. Por tanto, él, que lee el corazón, no espera a que se vean las obras para justificar delante de sí a esa alma; pero la fe, cuando es verdadera, se evidencia por las obras. Por eso hay justificación por obras, así como justificación por fe. Es importante que todos recuerden esto. Santiago insiste con mucha firmeza en ello (Sant. 2:14-26): «¿Qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? … Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?». Donde existe la fe, la fe que salva, hay vida espiritual. Ahora bien, esa vida se manifestará al mostrar, en alguna medida, frutos de la naturaleza divina (vv. 15-16) y mediante una actividad acorde con lo que se cree. Si faltan estas cosas, la fe, por estar sin obras, es muerta, infructuosa. ¡Creer un hecho sin que ese hecho produzca el efecto debido en la persona no sirve absolutamente de nada! Los demonios creen que hay un solo Dios, pero no le sirven. También los hombres pueden declarar que creen en un Dios y hablar extensamente de las maravillas de la creación, pero ¿de qué sirve eso si el Ser divino sigue siendo para ellos una simple abstracción, alguien con quien no tienen trato y cuya revelación desconocen, sin la menor intención ni inclinación de prestarle atención? «La fe, si no tuviere obras, es muerta». Por eso hay que insistir tanto en la justificación por obras como en la justificación por fe; no porque por la primera uno adquiera derecho a un lugar delante de Dios, sino porque esta evidencia que uno tiene una posición en la presencia divina.

F. B. HoleEphesians

La reflexión sobre esto lleva al Apóstol a volver a enfatizar el hecho de que nuestra salvación es enteramente por gracia. Ya lo había dicho anteriormente, en el versículo 5, a modo de paréntesis. En el versículo 8 amplía este importante hecho y añade que también es por medio de la fe. La gracia es de Dios; la fe es nuestra. Sin embargo, ni siquiera nuestra fe proviene de nosotros mismos. La fe no es un producto natural del corazón humano. Las malas hierbas que crecen por naturaleza en el corazón del hombre se nos detallan en Romanos 3:9-19. La fe no es ninguna mala hierba, sino una flor selecta que, una vez plantada por el Padre celestial, nunca puede ser arrancada. Es el don de Dios.

James BoydThe Gift, the Work, and the Rest of God

No creo que se pueda designar el perdón de los pecados como el don de Dios. El Espíritu Santo es ese don. El perdón se proclama en el nombre de Jesús a todos los hombres, y a todos por igual. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no imputando a los hombres sus transgresiones. Esto ocurrió cuando Cristo estaba en la tierra; pero ahora que ha resucitado y ha sido glorificado, el perdón se da a conocer en el evangelio de la gracia de Dios. La palabra que Dios envió a los hijos de Israel ahora ha llegado a los gentiles. Es para todo el mundo. En el evangelio se revela la disposición de Dios hacia todos. Es tanto para el judío como para el gentil, pero no menos para el gentil que para el judío. Es tanto para un hombre como para otro. No hay preferencias ni excepciones. No es para los creyentes, sino para los incrédulos. No es, como algunos piensan, que algunos hombres tengan el don de la fe para que, cuando el evangelio les llegue, puedan creerlo. Nadie puede tener fe hasta que se le presente el testimonio, pues, si un hombre tiene fe, debe haber algo en lo cual tener fe. La fe es recibir el testimonio y no puede existir antes, pues «la fe es por el oír» (Rom. 10:18, N.Tr.).

Verses

  • Hebrews 11:1Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.
  • Hebrews 11:6Empero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
  • Ephesians 2:8–98Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: 9No por obras, para que nadie se gloríe.
  • Romans 10:17Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.
  • Romans 5:1Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo:
  • Romans 1:17Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.
  • Habakkuk 2:4He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá.