¿Quién fue Samuel en la Biblia?

Answered from the commentary of Morrish Bible Dictionary, Arend Remmers, Simon Attwood and 14 others

Samuel fue un profeta de Dios, levantado porque Israel había fallado en sus sacerdotes y cada cual hacía lo que le parecía correcto. Fue el último de los jueces y el primero de los profetas (Hechos 3:24; Hechos 13:20), un puente entre la época de los jueces y el reino de David. Nació en respuesta a la oración de Ana, y su nombre significa «pedido a Dios». Era levita de nacimiento y nazareo desde la infancia, consagrado al Señor mientras viviera. De niño ministraba delante del Señor en Silo, vestido con un efod de lino, y se mantuvo puro mientras los hijos de Elí corrompían el sacerdocio a su alrededor. Entonces el Señor lo llamó de noche, no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras, e hizo que todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supiera que había sido confirmado como profeta (1 Samuel 3:19-20). Por medio de él, Dios estableció un nuevo vínculo entre Él y su pueblo, porque el sacerdocio se había derrumbado. El profeta es aquel por medio de quien el Señor se acerca al pueblo cuando la relación entre ellos se ha quebrantado; por eso, en un día de ruina, el profeta ocupa el primer plano.

En este período de transición, Samuel ejerció, más o menos, las funciones de profeta, sacerdote y rey. La mayoría de los escritores considera que sus sacrificios fueron actos sacerdotales realizados por alguien que no era sacerdote, aunque Darby insiste en que nunca fue sacerdote y no podía ejercer ningún oficio sacerdotal. Sobre todo, fue un hombre de oración, mencionado junto con Moisés como intercesor (Salmo 99:6; Jeremías 15:1). Después de veinte años, llamó a Israel a abandonar sus ídolos y lo reunió en Mizpa. Allí ofreció un cordero y clamó al Señor; el Señor tronó contra los filisteos, y Samuel levantó la piedra Eben-ezer, diciendo: «Hasta aquí nos ha ayudado Jehová» (1 Samuel 7:12). Juzgó a Israel toda su vida; cada año recorría Bet-el, Gilgal y Mizpa, y regresaba a Ramá, donde edificó un altar. En su vejez, falló al nombrar jueces a sus hijos sin dirección del Señor, y ellos aceptaron sobornos y pervirtieron la justicia. Los ancianos usaron esto como pretexto para pedir un rey como los de las demás naciones, y Dios le dijo a Samuel que no era a Samuel a quien habían rechazado, sino a Él mismo. Samuel oró y les advirtió; luego ungió a Saúl sin rencor. Dejó su cargo en condiciones de llamar al pueblo a dar testimonio de que no había defraudado ni oprimido a nadie, y no pecaría dejando de orar por ellos (1 Samuel 12:23). Cuando Saúl desobedeció, Samuel le dijo que «obedecer es mejor que sacrificar» y que el Señor lo había rechazado como rey (1 Samuel 15:22-23). Luego ungió a David, y en esa ocasión él mismo aprendió que el Señor mira el corazón (1 Samuel 16:7). Incluso después de su muerte, Dios lo envió a Saúl en Endor para anunciarle al rey su condena. Su piedad sencilla, su gobierno intachable, su intercesión y su fiel reprensión del mal se presentan como ejemplo para todos.

Verses: 1 Samuel 7:12, 1 Samuel 1:20, 1 Samuel 1:9, 1 Samuel 1:10, 1 Samuel 1:11, 1 Samuel 1:24, 1 Samuel 1:25, 1 Samuel 1:26, 1 Samuel 1:27, 1 Samuel 1:28, 1 Samuel 2:18, 1 Samuel 2:26, 1 Samuel 3:1, 1 Samuel 3:2, 1 Samuel 3:3, 1 Samuel 3:4, 1 Samuel 3:5, 1 Samuel 3:6, 1 Samuel 3:7, 1 Samuel 3:8, 1 Samuel 3:9, 1 Samuel 3:10, 1 Samuel 3:19, 1 Samuel 3:20, 1 Samuel 3:21, 1 Samuel 7:3, 1 Samuel 7:15, 1 Samuel 7:16, 1 Samuel 7:17, 1 Samuel 8:1, 1 Samuel 8:2, 1 Samuel 8:3, 1 Samuel 8:4, 1 Samuel 8:5, 1 Samuel 8:6, 1 Samuel 8:7, 1 Samuel 9:15, 1 Samuel 9:16, 1 Samuel 9:17, 1 Samuel 10:1, 1 Samuel 12:1, 1 Samuel 12:2, 1 Samuel 12:3, 1 Samuel 12:4, 1 Samuel 12:5, 1 Samuel 12:23, 1 Samuel 15:22, 1 Samuel 15:23, 1 Samuel 15:35, 1 Samuel 16:1, 1 Samuel 16:7, 1 Samuel 16:13, 1 Samuel 25:1, 1 Samuel 28:11, 1 Samuel 28:12, 1 Samuel 28:13, 1 Samuel 28:14, 1 Samuel 28:15, 1 Samuel 28:16, 1 Samuel 28:17, 1 Samuel 28:18, 1 Samuel 28:19, Acts 3:24, Acts 13:20, Hebrews 11:32, Jeremiah 15:1, Psalms 99:6

The above is AI generated summary based on the writers below.

What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

Morrish Bible DictionaryBible Dictionary S 1

Un profeta, nazareo desde su nacimiento, levantado por Dios para ser Su siervo porque Israel había fallado en sus sacerdotes y cada uno hacía lo que le parecía recto a sus propios ojos. Era uno a quien Dios respondía cuando clamaba a Él, Salmos 99:6, y se lo cuenta junto con Moisés como intercesor ante Dios. Jeremías 15:1. Samuel también fue un juez fiel en Israel y actuó como sacerdote cuando Elí y sus hijos murieron. Su historia se encuentra en los libros que llevan su nombre. Se lo llama SHEMUEL en 1 Crónicas 6:33.

Simon AttwoodSamuel — Young and Old

Samuel fue un hombre de oración, así como su madre fue una mujer de oración. Ella debe de haber causado en él una profunda impresión durante sus primeros años, cuando estaba en casa con ella (1 Samuel 1:22). Esto debe animar a las madres que cuidan de niños pequeños. Ellas cuidan las raíces de la vida futura de sus hijos para Dios, y el servicio de Ana a Samuel cuando era niño ciertamente dio fruto en él ya de adulto. Lo encontramos orando por Israel (1 Samuel 7:5; 12:23), tanto es así que los Salmos y Jeremías se refieren a este aspecto de su servicio (Salmos 99:6; Jeremías 15:1); el profeta lo pone a la par de Moisés. Estaba en comunión con Dios y con su pueblo, en ese orden, y por eso pudo honrar al uno y ayudar al otro (1 Samuel 7:12). Fue el último de los jueces (Hechos 13:20) y el primero de los profetas (3:24): un puente del pasado al futuro, un vínculo de bendición entre Jehová y su pueblo en un día de dificultad, antes de que David llegara a ser rey.

W. W. FeredaySamuel - God's Emergency Man

El período de Samuel fue de carácter transitorio. El sacerdocio, que era el vínculo establecido divinamente entre Jehová y su pueblo después de la muerte de Moisés, había fracasado por completo, tanto moral como espiritualmente, y la monarquía bajo la persona del hombre conforme al corazón de Dios aún no se había establecido. Durante este período, Samuel ejerció, en mayor o menor medida, las funciones de profeta, sacerdote y rey. Ciertamente era profeta (1 Sam. 3:20); su efod, sus sacrificios y su intercesión eran propios de un sacerdote (1 Sam. 2:18; 10:8), y su función de juez tenía algo de la función de un rey (1 Sam. 7:15-17). Así, Dios atendió con gracia la necesidad de su pueblo en días difíciles.

Arend RemmersFirst and Second Book of Samuel

Los libros de Samuel representan la transición de la época de los jueces a la época de los reyes. Samuel, figura central del primer libro, es al mismo tiempo el último juez y el primer profeta (Acts 3:24; 13:20).

H. L. Rossier1 Samuel

Samuel toma nota de esta intervención divina. «Samuel tomó una piedra, y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, y dijo: Hasta aquí nos ha ayudado Jehová» (v. 12). Eben-ezer, ya mencionado en 1 Samuel 4:1, no recibe su nombre sino hasta después de esta victoria. «Hasta aquí»: establecida esta base, el enemigo ya no intenta levantar la cabeza. (v. 13). La restauración, al menos por el momento, está completa.

Hemos visto a Samuel como profeta, sacerdote, intercesor y juez: cualidades preciosas en este hombre de Dios. Su actividad para el Señor y Su pueblo no disminuye: «Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida. E iba de año en año en circuito a Bet-el, y Gilgal, y Mizpa» (lugares que caracterizaban su actividad conforme a Dios), «y juzgaba a Israel en todos aquellos lugares». Incluso en Ramá, donde estaba su casa, se ocupaba únicamente del bienestar del pueblo del Señor. La Palabra añade: «Y allí edificó altar a Jehová» (v. 17). La primera expresión de su servicio había sido adorar delante del Señor (1 Sam. 1:28); el altar del adorador es la última expresión de su servicio. ¿No está enmarcada apropiadamente esta vida de fe por estos dos actos?

«Y aconteció que como Samuel fue viejo, puso sus hijos por jueces sobre Israel. Y el nombre de su primogénito fue Joel, y el nombre de su segundo, Abías; y juzgaban en Beer-seba. Mas no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se ladearon tras la avaricia, recibiendo cohecho y pervirtiendo el derecho» (vv. 1-3).

La historia de los jueces, como la del sacerdocio, termina en ruina completa. Aquí el propio Samuel carece de discernimiento espiritual. Hace jueces a sus hijos sin ninguna dirección del Señor, como si la función que Dios le había confiado pudiera transmitirse a otros, pues no hay transmisión de dones ni siquiera de responsabilidades por sucesión.

H. L. Rossier1 Samuel

El Libro de Samuel es la continuación del Libro de los Jueces y del Libro de Rut. Al comenzar, el período de los jueces aún no había terminado: Elí, el sacerdote, fue uno de esos jueces (1 Samuel 4:18), y Samuel, el primer profeta (Hechos 3:24; Hechos 13:20), también fue juez sobre Israel (1 Samuel 7:6). Pensó que podría establecer a sus hijos como jueces después de él (1 Samuel 8:1), pero la infidelidad de ellos puso fin a esta dispensación. Además, el período de los jueces tenía un carácter bastante transitorio: los jueces aliviaban temporalmente la miseria del culpable pueblo de Israel, que, en vez de exterminar a los enemigos del Señor, les había permitido vivir. Apartado de Dios y llevado a la iniquidad y la idolatría por esas naciones, Israel, como castigo por su desobediencia, se vio obligado a soportar su yugo. Bajo esa tiranía, el pueblo gemía y clamaba al Señor. Lleno de compasión, Él les enviaba libertadores que les daban un respiro al librarlos de manos de sus saqueadores. ¡Ay! Esto no cambió su corazón. «Y acontecía que cuando moría el juez, ellos tornaban y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirles y adorarlos; no cesaban de sus obras ni de su duro camino» (Jueces 2:19).

Leslie M. GrantThe Bible - Its 66 Books In Brief

Samuel es el primero de los profetas que Dios levantó debido al solemne fracaso del sacerdocio. Los sacerdotes se sucedían unos a otros; los profetas, en cambio, no: su llamado era estrictamente personal y provenía de Dios. Pero el fiel cuidado de Samuel por Israel no fue debidamente apreciado, y ellos exigieron un rey. Dios les permitió hacer su voluntad y les dio el tipo de rey que deseaban: Saúl, un hombre que aventajaba a todo el pueblo por una cabeza y los hombros. Comenzó bien, pero pronto abandonó todo propósito de obedecer a Dios; y Dios decretó en el capítulo 15:26 que su reinado debía cesar.

Samuel RidoutGod's Mercy to His Humbled People

Ahora vemos el gobierno de Samuel después de que el enemigo fue expulsado de la tierra. Juzgó a Israel todos los días de su vida. ¡Qué vida tan hermosa! Comenzó, podemos decir, en el corazón de su madre antes de que él naciera: un hombre dedicado a Dios y a su servicio; que en su niñez oyó su voz y la obedeció; que, al crecer, se convirtió cada vez más en el instrumento adecuado como mensajero de Dios; el primero de los profetas, de aquella larga línea de testigos espirituales y fieles que, durante todos los años de tinieblas y apostasía de Israel, sí, incluso durante el cautiverio, dieron testimonio de Él, procuraron hacer volver a un pueblo alejado o, al fracasar en ello, dirigieron su mirada a Aquel que había de venir, el verdadero Profeta, así como el verdadero Rey, y restaurar la paz y la bendición a la nación. ¡Pero qué privilegio ser un Samuel en días tan oscuros como estos! ¿Acaso no podemos anhelarlo para nosotros, según nuestra medida y posición?

The Bible TreasurySamuel's Farewell Address

Una breve palabra ahora acerca de Samuel mismo. En él se manifestó entonces una verdadera nobleza de carácter, y todo por gracia. A pesar de la ingratitud del pueblo, que deseaba destituirlo después de que los había servido desde su niñez con integridad intachable y devoción sincera; a pesar del pesar secreto de su corazón por haber escuchado a la naturaleza en su vejez al nombrar jueces a sus hijos, en vez de dejarlo en manos del Señor; a pesar de la vergüenza que esos hijos le acarrearon, no aparece nada de egoísmo. Seguiría sirviendo al pueblo de Dios de la única manera que le quedaba: no dejaría de orar por ellos. Era un hombre de oración, un intercesor de quien el Espíritu hace mención honrosa en tiempos posteriores (Sal. 99. Jer. 15:1). Ciertamente falló una vez, en el asunto de sus hijos, y los ancianos de Israel se aprovecharon de las faltas de un hombre anciano para llevar a cabo lo que sus corazones incrédulos se habían propuesto, presentándolo como motivo aparente para pedir un rey. Aun si hubiera sido cierto, el argumento era débil, pero no era cierto. Lo que había era una absoluta falta de fe en Dios ante la amenaza de un ataque de los amonitas (v. 12); habían olvidado Eben-ezer. Eligieron su propio método de liberación, para su vergüenza y ruina posterior. Samuel siguió adelante con paciencia, procurando el bien de la nación y de su rey; y el Señor estaba con él. La conducta de Saúl hizo que este camino abnegado fuera sumamente difícil y angustioso; pero en él Samuel llegó a conocer al hombre conforme al corazón de Dios, el rey elegido por Su voluntad soberana, y a compartir su rechazo. «Y David huyó, escapó, vino a Samuel en Ramá, y le contó todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y moraron en Naioth» (cap. 19:18). Fue un hermoso final para una vida extraordinaria. Toda confianza en la carne había desaparecido. Había aprendido la difícil lección de apartarse verdaderamente de ella, y ahora Samuel halló todo su descanso en la comunión con David, en un tiempo en que, por sus experiencias, este era un notable tipo de Aquel que «fue despreciado y desechado de los hombres; varón de dolores, experimentado en quebranto».

Simon AttwoodSamuel — Young and Old

Samuel «creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beer-seba, supo que Samuel había sido establecido como profeta de Jehová» (vs. 19–20). Pero cuando los filisteos atacaron, el pueblo no acudió a él para pedir consejo, sino que usó el arca como un mero talismán en la lucha que siguió, con resultados desastrosos. Durante más de 20 años se lamentaron, hasta que Samuel tomó bondadosamente la iniciativa y les mostró que necesitaban arrepentirse. Oró por ellos y, cuando se humillaron y él presentó un holocausto por ellos, obtuvieron una victoria duradera sobre los filisteos con la ayuda milagrosa del Señor. Les fueron restituidas ciudades y disfrutaron de un período de bendición bajo el liderazgo de Samuel (caps. 4–7).[2] Pero entonces le dijeron: «He aquí, tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; ahora, pues, constitúyenos un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones» (8:5). Había algo de verdad en lo que decían de sus hijos (v. 3: al parecer, él había cometido un error), pero más adelante descubrimos la verdadera razón de su petición: temían a Nahas amonita (12:12) y querían tener su propio rey para derrotarlo. Esto desagradó a Samuel, pero él oró al Señor, quien dijo: «Oye su voz, y pon rey sobre ellos» (8:22). Dios es paciente con su pueblo y espera que sus siervos «no sean contenciosos, sino amables para con todos, aptos para enseñar, sufridos; que con mansedumbre corrijan a los que se oponen» (2 Tim. 2:24–26).

Proverbios 21:1 dice: «Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina». Samuel no era rey, pero juzgaba al pueblo de Israel de acuerdo con este versículo, cosa que nunca hizo su primer rey. Nos hacemos una idea de la superficialidad de Saúl por su primer encuentro con Samuel, durante la búsqueda de las asnas de su padre: apenas parecía saber algo del «varón de Dios» del que le habló su criado (1 Sam. 9:5–9; 18). Pero Samuel mismo estaba en la voluntad del Señor (vs. 15–17): honró al joven inexperto (vs. 22–24), lo ungió y le dijo que esperara señales que le mostrarían que Dios estaba con él (10:1–13). Como confirmación de que nada escapa a la atención de Dios, incluso le aseguró a Saúl que habían encontrado las asnas de su padre (1 Sam. 10:2, 16). Luego lo presentó al pueblo (vs. 17–25), y cuando el nuevo rey derrotó a Nahas (11:1–11), tal como deseaban, les dio el mejor consejo posible: «Venid, y vamos a Gilgal, para que renovemos allí el reino» (v. 14). En esto, Samuel prefiguró la actitud humilde que hubo en Cristo Jesús y que Pablo deseaba para los filipenses (2:1–8), y dio ejemplo de ella (vs. 17–18). No hubo resentimiento ni rencor de su parte que empañaran el gozo del pueblo de Dios (1 Sam. 11:15); pero les recordó que Dios era su verdadero recurso (12:13–18) y les aseguró: «Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y derecho» (v. 23).

Saúl tuvo un buen comienzo como rey según el criterio humano (p. ej., 1 Sam. 10:22; 11:13). Samuel trató de enseñarle a depender del Señor, pero él no confiaba en Dios porque no lo conocía (10:8; 13:1–12). No comprendió la orientación de Samuel y pronto tuvo que decirle: «Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que él te había prescrito; porque ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será durable» (vs. 13–14). Más adelante, cuando Saúl no pasó otra prueba relacionada con los inveterados enemigos de Israel, los amalecitas, Dios dijo a Samuel: «Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras». Samuel, «muy apesadumbrado, […] clamó a Jehová toda aquella noche» (15:11), pero, como en el caso de Elí, se levantó temprano a la mañana siguiente y, haciendo caso omiso de los halagos de Saúl, pronunció sobre él el juicio de Dios. ¡Qué patetismo!: «¿No es así que siendo tú pequeño en tus ojos fuiste hecho cabeza de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?». ¡Qué realismo!: «Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros» (vs. 17, 22). A diferencia de Elí, Saúl no aceptó realmente la sentencia, aunque Samuel le explicó la verdadera causa: «Has desechado la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel» (v. 26). En consecuencia, Samuel se fue a Ramá y «no vino más a ver a Saúl hasta el día de su muerte». Pero lo hizo con el corazón apesadumbrado: «lloraba Samuel a Saúl» (vs. 34, 35). Así es el carácter de Dios en un hombre: el juicio es «su obra extraña, […] su extraña operación» (Isa. 28:21).

Verses

  • 1 Samuel 7:12Tomó luego Samuel una piedra, y púsola entre Mizpa y Sen, y púsole por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.
  • 1 Samuel 1:20Y fué que corrido el tiempo, después de haber concebido Anna, parió un hijo, y púsole por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo demandé a Jehová.
  • 1 Samuel 1:9–119Y levantóse Anna después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Eli estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.
  • 1 Samuel 1:24–2824Y después que lo hubo destetado, llevólo consigo, con tres becerros, y un epha de harina, y una vasija de vino, y trájolo a la casa de Jehová en Silo: y el niño era pequeño. 25Y matando el becerro, trajeron el niño a Eli. 26Y ella dijo: ­¡Oh, señor mío! vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. 27Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí. 28Yo pues le vuelvo también a Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.