¿Quién fue Lea en la Biblia?
Answered from the commentary of Morrish Bible Dictionary, William Kelly, L. M. Grant and 11 others
Lea era la hija mayor de Labán. Su padre se la dio a Jacob por esposa mediante un engaño, en lugar de su hermana menor Raquel. Su nombre significa «cansancio» o «cansada». Era «delicada de ojos» y no tan hermosa como Raquel. Jacob había trabajado siete años por Raquel, pero en la noche de bodas Labán llevó a Lea ante él, y Jacob tuvo que trabajar otros siete años por Raquel. La excusa de Labán fue que no se debía casar a la menor antes que a la primogénita. Este «cruel engaño» también fue la disciplina de Dios sobre Jacob, quien había engañado a su padre y ahora cosechaba lo que había sembrado. Sin embargo, Lea «sin duda consintió en el engaño», pues pudo y debió haberle dicho a Jacob lo que su padre estaba haciendo. Jacob amaba más a Raquel y, en comparación, aborrecía a Lea. Así que, cuando Jehová vio que Lea era aborrecida, abrió su matriz mientras Raquel permanecía estéril. Lea reconoció esa compasión en los nombres de sus hijos: Rubén, porque Jehová había mirado su aflicción, y Simeón, porque había oído que era aborrecida. Cuando nació Leví, su esperanza se limitó a que su marido se uniera a ella; pero al nacer Judá prorrumpió en alabanzas a Jehová, y de Judá vino Cristo según la carne. Más tarde dio a su sierva Zilpa a Jacob, quien tuvo a Gad y Aser; luego negoció con Raquel por las mandrágoras, antes de dar a luz a Isacar, Zabulón y una hija, Dina. En todo esto se muestra, sin excusas, la rivalidad celosa de las dos hermanas, y el estado de Lea al ponerles nombre a Isacar y Zabulón se califica de «extrañamente bajo», aunque Dios siguió compadeciéndose de ella. Al final Dios la bendijo con seis hijos y una hija, y así fue la madre de los antepasados de las tribus de Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. Jacob nunca la repudió, y ella sobrevivió a Raquel; Jacob la sepultó en la cueva de Macpela junto con Abraham, Sara, Isaac y Rebeca, como recuerda en Génesis 49:31. En Rut 4:11 se la recuerda, junto con Raquel, como una de las dos que «edificaron la casa de Israel».
La mayoría de estos escritores también interpreta a Lea como un tipo, aunque de distintas maneras. El grupo más numeroso la considera una imagen de los gentiles o de la iglesia, a quienes Cristo recibió primero, después de que Israel, representado por Raquel, no lo recibiera. Desde esta perspectiva, Lea es la mujer fructífera que permanece con su marido después de la muerte de Raquel. L. M. Grant la aplica, en cambio, al alma del creyente: Lea es «lo que realmente soy», en contraste con la Raquel que deseo ser, y la lucha entre las dos hermanas corresponde a la lucha de Romanos 7. Un escritor ve en su nombre la tribulación por medio de la cual se produce la paciencia.
Verses: Genesis 29:16, Genesis 29:17, Genesis 29:18, Genesis 29:19, Genesis 29:20, Genesis 29:21, Genesis 29:22, Genesis 29:23, Genesis 29:24, Genesis 29:25, Genesis 29:26, Genesis 29:27, Genesis 29:28, Genesis 29:29, Genesis 29:30, Genesis 29:31, Genesis 29:32, Genesis 29:33, Genesis 29:34, Genesis 29:35, Genesis 30:9, Genesis 30:10, Genesis 30:11, Genesis 30:12, Genesis 30:13, Genesis 30:14, Genesis 30:15, Genesis 30:16, Genesis 30:17, Genesis 30:18, Genesis 30:19, Genesis 30:20, Genesis 30:21, Genesis 31:4, Genesis 31:5, Genesis 31:6, Genesis 31:7, Genesis 31:8, Genesis 31:9, Genesis 31:10, Genesis 31:11, Genesis 31:12, Genesis 31:13, Genesis 31:14, Genesis 31:15, Genesis 31:16, Genesis 33:1, Genesis 33:2, Genesis 33:7, Genesis 35:23, Genesis 35:26, Genesis 46:8, Genesis 46:9, Genesis 46:10, Genesis 46:11, Genesis 46:12, Genesis 46:13, Genesis 46:14, Genesis 46:15, Genesis 46:18, Genesis 49:29, Genesis 49:30, Genesis 49:31, Ruth 4:11, Genesis 31:33, Genesis 34:1
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What the commentators say
The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.
La hija mayor de Labán, dada a Jacob por esposa mediante el engaño de su padre. Tenía «ojos delicados» y no era tan hermosa como Raquel; pero Dios la bendijo dándole a Jacob seis hijos y una hija, y así fue la madre de los antepasados de las importantes tribus de Rubén, Leví y Judá, así como de Simeón, Isacar y Zabulón. Gén. 29:16-35; Gén. 30:9-21; Gén. 31:4, 14, 33; Gén. 33:1-2, 7; Gén. 49:31.
Jacob cuidó las ovejas de Labán durante un mes. Labán preguntó: «Por ser mi hermano, ¿me servirás de balde? Dime, ¿cuál será tu salario?». Labán tenía dos hijas: la mayor, Lea, tenía mala vista, pero la menor, Raquel, era hermosa. Entonces Jacob dijo: «Te serviré siete años por Raquel». Y Labán estuvo de acuerdo. Como Jacob amaba tanto a Raquel, aquellos siete años le parecieron unos pocos días. Al final, Labán engañó a Jacob y le dio por esposa a Lea, su hija mayor. Jacob había engañado a su padre. Ahora cosechó lo que había sembrado. Jacob estaba muy enojado, pero Labán dijo que, si trabajaba otros siete años, también le daría a Raquel. Y Labán dio a sus hijas dos siervas.
Fue Lea quien dio a luz hijos, mientras que Raquel permaneció sin fruto durante mucho tiempo. Así, el «yo» aborrecido parece predominar en la experiencia del creyente que realmente quiere ser lo que piensa que debería ser. Lea dio a luz cuatro hijos: Rubén, Simeón, Leví y Judá (vs. 31-35), mientras que Raquel permaneció sin hijos. Es bueno considerar que, a pesar del desagrado de Jacob por Lea, nunca sugirió recurrir a la práctica actual de la gente de repudiar a su esposa. De hecho, la conservó por más tiempo que a Raquel, quien murió al dar a luz y fue sepultada en el camino a Efrata (cap. 35:19), antes de que Jacob llegara junto a su padre en Mamre. No se nos dice cuándo murió Lea, pero Jacob dice que la sepultó en Mamre (cap. 49:30-32).
Se observará que aquí no es Elohim, sino Jehová, Dios en relación especial y trato moral. Miró a la esposa afligida y despreciada, y no a Raquel, sino a Lea, la «aborrecida» en comparación, le concedió el consuelo de un hijo. ¡Raquel, feliz por el amor de su esposo, fue dejada estéril! Podemos notar cuánto sobresalía el primogénito ante los ojos de la madre, y cuánto contaba ella con el llamado al corazón de Jacob. Pero Jacob tardó en olvidar el agravio que le habían hecho respecto de Raquel, o en sentir su propio agravio contra Lea. Y no solo Jehová miró con ternura su espíritu agraviado, sino que ella reconoció la compasión de Jehová en el asunto. Jehová, dijo ella, ha mirado mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido. Esto parece prematuro: hasta ahora no oímos de parte de él ni una palabra al respecto.
De nuevo, sin embargo, tuvo un hijo, y dijo: «Porque Jehová ha oído que soy aborrecida, por eso también me ha dado este hijo». La expresión aún más fuerte de la alienación de su marido no debilita, sino que renueva su sentido del favor que Jehová le estaba mostrando; y, como con Rubén, así también ahora el nombre de su segundo hijo lo expresa: Jehová oyó, así como vio. No sabemos de ningún cambio de actitud por parte del hombre ofendido: él tenía a su Raquel. Y de nuevo le dio un tercer hijo, y dijo: «Ahora, esta vez mi marido se unirá a mí, porque le he dado tres hijos». Por eso se llamó su nombre Leví. No lo llamó como antes. Aquí todo parece más impreciso y en un tono más bajo; y no se nombra a Jehová. Pero Él nunca falla; y de nuevo dio a luz un hijo, y dijo: «Ahora, esta vez alabaré a Jehová»; por eso llamó su nombre Judá. Nunca oímos que su alma se eleve tanto; la mujer afligida rompe en alabanza a Jehová; y su cuarto hijo lo lleva en el nombre que ella le dio ese día. Sí, de Judá vino, según la carne, el Cristo, quien es sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. ¡Cuánto se eleva Su gracia por encima de nuestra alabanza!
Aquí también se ve claramente el justo gobierno de Jehová. Labán hizo un grave agravio a Jacob en algo que debía tocar profundamente el corazón de un hombre, y Lea fue sin duda cómplice voluntaria del engaño y del incumplimiento del acuerdo matrimonial respecto de Raquel. Ella podría y debería haberle contado a Jacob la indigna artimaña que su padre estaba llevando a cabo por medio de ella. Pero Dios quería que su siervo Jacob aprendiera más profundamente, en sus propios afectos heridos, la vileza del engaño egoísta; y por eso permitió aquello que usaría para disciplinarlo y para bien al final.
«Y vio Jehová que Lea era aborrecida, y abrió su matriz; pero Rachael era estéril. Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén (¡Ved, un hijo!), porque dijo: Ya que ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido. Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo era aborrecida, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón (Oyendo). Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he parido tres hijos; por tanto, llamó su nombre Leví (Unido). Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá (Alabanza). Y dejó de parir» (vv. 31-35).
*¿Puede dudarse de que esta parte de Génesis sea típica, como lo que viene antes y después? Sin duda, el amor de Jacob por Raquel primero —por quien, sin embargo, tuvo que esperar y cumplir de nuevo la semana después de que le hubieran dado a Lea— guarda una relación evidente con la relación del Señor con Israel, amado primero, por quien entretanto ha sido sustituido el gentil menospreciado, con ricos resultados por Su gracia. Al fin Dios se acuerda de Raquel y quita su afrenta dándole un hijo (José), tipo de Aquel que fue glorificado entre los gentiles y que libra a Sus hermanos judíos después de sufrir entre judíos y gentiles. Así, su historia termina con la muerte de su Benoni y con Benjamín, hijo de Jacob, hijo del dolor de su madre y de la diestra de su padre, como el pueblo de Dios comprobará al final. Aprovecho esta oportunidad para señalar la belleza de las Escrituras en el uso de los nombres divinos en estos capítulos, la mejor respuesta a la necedad superficial que los atribuye a distintos escritores y documentos. En el caso de Lea (Gén. 29), a quien se aborrecía en comparación con Raquel, Jehová mismo intervino, teniendo especial consideración por su dolor, y esto se expresó en el nombre de su primogénito, Rubén; y Su escucha, en el de su segundo hijo, Simeón. Al nacer Leví, ella no va más allá de la esperanza de que su esposo se uniera a ella; pero Jehová recibe alabanza cuando ella dio a luz a Judá. En el caso de Raquel (Gén. 30), al principio no hay tal expresión de confianza en el interés compasivo de Jehová; pero, decepcionada, le da a Jacob su sierva; y, cuando nació Dan, lo acepta como el juicio de Elohim, y al nacer Neftalí habla de sus luchas. Lea, siguiendo su ejemplo, obtiene por medio de Zilpa a Gad y Aser, pero no reconoce el nombre divino en ninguna de sus formas. Después viene el episodio de usar mandrágoras como pago, cuando Elohim obra por Lea con poder soberano, y ella lo reconoce como tal cuando nace Isacar, y en Zabulón, ante la promesa de que su esposo viviría con ella. Con ese mismo poder Elohim se acordó de Raquel, quien no solo confiesa que el Dios de la creación le había quitado su afrenta, sino que llama José a su hijo diciendo: Jehová me añadirá otro hijo. Esto es aún más notable porque es un caso del uso combinado de estos nombres, que ilustra admirablemente ambos aspectos de la verdad y es irreconciliable con la hipótesis de los dos documentos. Raquel pasó de pensar en Su poder a reconocer Sus caminos con los Suyos. Y hasta Labán (versículo 39) se ve obligado a confesar que Jacob disfrutaba de la bendición de Aquel que tenía una relación especial con él: de Jehová.
«Y salió Rubén en los días de la siega del trigo, y halló mandrágoras en el campo; y las trajo a su madre Lea. Y dijo Raquel a Lea: Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. Y ella le dijo: ¿Es poco que hayas tomado a mi marido, para que también quieras tomar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues que duerma contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. Y cuando Jacob vino del campo por la tarde, Lea salió a recibirlo, y dijo: A mí has de venir, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. Y oyó Dios a Lea, y ella concibió y dio a luz el quinto hijo de Jacob. Y dijo Lea: Dios me ha dado mi recompensa, porque di mi sierva a mi marido; y llamó su nombre Isacar (Hay recompensa). Y concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo de Jacob; y dijo Lea: Dios me ha dotado de buena dote; esta vez mi marido morará conmigo, porque le he dado seis hijos. Y llamó su nombre Zabulón (Morada). Después dio a luz una hija y llamó su nombre Dina (Juzgada). Y se acordó Dios de Raquel, y Dios la oyó y abrió su matriz. Y concibió y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta. Y llamó su nombre José (Él añadirá), y dijo: Jehová me añadirá otro hijo» (vv. 14-24).
No se oculta su deplorable incredulidad ni sus mezquinos celos, ni se excusa su confianza supersticiosa en la eficacia de las mandrágoras, como la de otras mujeres sirias entregadas únicamente a las vanidades de los paganos. Está claro que Raquel no obtuvo ningún provecho del hallazgo del niño Rubén; pero Dios se compadeció de Lea, quien procuraba compartir el afecto de su marido, y ahora le dio un quinto hijo y un sexto, además de una hija. ¡Pero cuán deplorablemente bajo era el estado de Lea al considerar a Isacar como la recompensa que Dios le daba porque había dado su sierva a Jacob, y al llamar Zabulón a su hijo por la afectuosa esperanza de que el amor de su marido sería duradero! Tampoco indicaba el nombre de la hija una perspectiva más elevada, pues era semejante al de Dan.
Recibe a Lea en lugar de Raquel. Ha visto a los gentiles como estando en la tierra; aun así, los judíos son amados: Raquel. Él representa al Señor en sus caminos, no en su conducta: ama a Raquel. El gentil, Lea, nunca fue amado como los judíos en la tierra; pero Dios bendice a Lea.
Hay una seria lección espiritual para nosotros en la historia de las dos esposas de Jacob. Raquel (que significa «oveja») representa el hermoso estado del alma en humilde sumisión a Dios que los creyentes quisieran alcanzar. Ella era el deseo del corazón de Jacob. Pero, al esforzarse por obtener a Raquel, solo obtuvo a Lea, que significa «fatigada». Porque Lea es una imagen de lo que realmente soy, no de lo que deseo ser. Había conflicto entre las dos. Puedo esforzarme mucho por ser diferente, solo para encontrarme «atascado» con lo que realmente soy, ¡como Jacob quedó «atado» a Lea! Esta es la lucha de Romanos 7, donde se ve al «yo» luchando contra el «yo».
HIJOS NACIDOS DE LEA (vv. 31-35)
Fue Lea quien tuvo hijos, mientras Raquel permaneció estéril durante mucho tiempo. Así, el «yo» aborrecido parece predominar en la experiencia del creyente que realmente quiere ser lo que piensa que debería ser. Lea tuvo cuatro hijos: Rubén, Simeón, Leví y Judá (vv. 31-35), mientras Raquel permaneció sin hijos. Es bueno considerar que, a pesar del desagrado de Jacob por Lea, nunca sugirió recurrir a la práctica actual de la gente de repudiar a su esposa. De hecho, la conservó por más tiempo que a Raquel, quien murió al dar a luz y fue sepultada en el camino a Efrata (Génesis 35:19), antes de que Jacob llegara junto a su padre en Mamre. No se nos habla de la muerte de Lea, pero Jacob dice que la sepultó en Mamre (Génesis 49:30-32).
Los ancianos y el pueblo que presenciaron el «acto y hecho» de Booz no mostraron envidia ni celos, sino que expresaron sus felicitaciones y piadosos deseos de que el favor especial de Jehová coronara el feliz acontecimiento. «Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta, y los ancianos: Testigos somos. Jehová haga á la mujer que entra en tu casa como á Rachêl y á Lea, las cuales dos edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Ephrata, y tengas nombre en Bethlehem; y sea tu casa como la casa de Phares, al cual parió Thamar á Judá, de la simiente que Jehová te diere de esta moza» (Rut 4:11-12).
El deseo unánime de la asamblea en la puerta era que Jehová concediera su bendición (1) a Rut, (2) al propio Booz y (3) a su casa. Su deseo (1) era por la joven viuda sin hijos, para que ahora fuera fecunda como Raquel y Lea, de cuyos hijos procedieron las ocho tribus principales de la nación de Israel. Raquel, la muy amada esposa de Jacob y madre de José y Benjamín, murió al dar a luz y fue sepultada cerca de «Ephrath, que es Bethlehem» (Gén. 35:19). Quizá por esta razón los ciudadanos de Belén mencionaron su nombre antes que el de su hermana mayor, Lea.
Verses
- Genesis 29:16–3516Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Rachêl. 17Y los ojos de Lea eran tiernos, pero Rachêl era de lindo semblante y de hermoso parecer. 18Y Jacob amó a Rachêl, y dijo: Yo te serviré siete años por Rachêl tu hija menor. 19Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, que no que la dé a otro hombre: estáte conmigo. 20Así sirvió Jacob por Rachêl siete años: y pareciéronle como pocos días, porque la amaba. 21Y dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo es cumplido para que cohabite con ella. 22Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. 23Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo: y él entró a ella. 24Y dió Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada. 25Y venida la mañana, he aquí que era Lea: y él dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿no te he servido por Rachêl? ¿por qué, pues, me has engañado? 26Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 27Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años. 28E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla: y él le dió a Rachêl su hija por mujer. 29Y dió Labán a Rachêl su hija por criada a su sierva Bilha. 30Y entró también a Rachêl: y amóla también más que a Lea: y sirvió con él aún otros siete años. 31Y vió Jehová que Lea era aborrecida, y abrió su matriz; pero Rachêl era estéril. 32Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ya que ha mirado Jehová mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido. 33Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo era aborrecida, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón. 34Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he parido tres hijos: por tanto, llamó su nombre Leví. 35Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová: por esto llamó su nombre Judá: y dejó de parir.