¿Cuál es la definición de una teocracia?

Answered from the commentary of A. J. Pollock, Arno Clemens Gaebelein, W. Trotter and 5 others

Una teocracia es un gobierno bajo la dirección inmediata de Dios. Es «el gobierno de esta tierra bajo la dirección inmediata de Dios», o «el gobierno del pueblo por DIOS para Su propia gloria y para bendición de la humanidad». La palabra une *theos*, Dios, con *krato*, gobernar, así como democracia une *demos*, el pueblo, con la misma palabra para gobernar. La diferencia está en el origen de la autoridad. La democracia «es horizontal» y se apoya en el hombre caído, mientras que en la teocracia «todo gobierno y autoridad proviene de Dios, desciende de lo alto». Por esta razón se la llama «el gobierno ideal» y «la única forma estable y feliz de gobierno».

Israel es el modelo. Desde Moisés hasta Samuel, el gobierno de Israel «fue una teocracia pura: Dios era su Rey». Israel recibió sus leyes directamente de Su boca, y todos sus oficiales y jueces ocupaban sus cargos por designación Suya. En otras naciones, un monarca humano ejercía las funciones de la realeza, pero en Israel las ejercía el Santo, que moraba invisible entre los querubines. Dios podía obrar por medio de Moisés, Josué o los jueces, pero Dios seguía siendo su Rey. En tiempos ordinarios, los sacerdotes guiaban al pueblo y resolvían sus asuntos; solo en casos excepcionales se levantaba un juez.

Cuando el pueblo pidió un rey como los de las naciones, rechazó la teocracia, pues el Señor dijo: «me han desechado, para que no reine sobre ellos». Por eso, la mayoría de estos autores dice que la teocracia terminó entonces y que será restaurada solo cuando el Señor Jesús venga con poder. Algunos sostienen lo contrario. Un autor dice que el reino de Israel siguió siendo una teocracia incluso bajo sus reyes, porque el rey era «el siervo de Jehová» y ocupaba «un trono de Jehová». Otro dice que Salomón «estableció formalmente la teocracia». Cuando otros reinos afirman ser teocráticos, esa afirmación es «simplemente una ilusión y una falsedad»; solo en Israel era un hecho.

En el futuro, se establecerá una teocracia bajo Cristo, cuando todas las naciones queden bajo el gobierno divino directo. Hasta entonces, el cristiano está llamado a ser «un teócrata en su propia vida», dejando que la voluntad de Dios lo gobierne.

Verses: 1 Samuel 8:7, Judges 8:23, 1 Samuel 12:12, Exodus 19:5, Exodus 19:6, Deuteronomy 17:14, Deuteronomy 17:15, Deuteronomy 17:16, Deuteronomy 17:17, Deuteronomy 17:18, Deuteronomy 17:19, Deuteronomy 17:20, 1 Samuel 8:4, 1 Samuel 8:5, 1 Samuel 8:6, 1 Samuel 8:8, 1 Samuel 8:9, 1 Samuel 8:10, 1 Samuel 8:11, 1 Samuel 8:12, 1 Samuel 8:13, 1 Samuel 8:14, 1 Samuel 8:15, 1 Samuel 8:16, 1 Samuel 8:17, 1 Samuel 8:18, 1 Samuel 8:19, 1 Samuel 8:20, 1 Samuel 8:21, 1 Samuel 8:22, Isaiah 33:22, Psalms 47:7, Psalms 47:8, Psalms 22:28, Exodus 15:18, 1 Samuel 10:19, Hosea 13:10, Hosea 13:11, 1 Chronicles 29:11, 1 Chronicles 29:12, Daniel 4:17, Psalms 103:19

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What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

A. J. PollockDemocracy or Theocracy

Más vale que comencemos por definir nuestros términos. DEMOCRACIA es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Tal fue el famoso dicho de Abraham Lincoln. TEOCRACIA es el gobierno por la dirección inmediata de Dios.

A. J. PollockThe Christian and Socialism

No debemos confundir la democracia ni el socialismo con el comunismo, pues ambos luchan contra el comunismo. En este folleto nos referiremos a la teocracia, así que conviene definir nuestros términos desde el principio. (1) LA TEOCRACIA es el gobierno del pueblo por DIOS, para su propia gloria y para bendición de la humanidad. (2) LA DEMOCRACIA representa el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo: la famosa definición de Abraham Lincoln. (3) EL SOCIALISMO representa, en la vida social, el comercio y los negocios, el comunismo, pero no en su forma extrema actual; en la vida pública, se asemeja al republicanismo; en el ámbito de la religión, es ateísmo absoluto. (4) EL COMUNISMO es el resultado de llevar el socialismo a sus conclusiones extremas y lógicas. Los comunistas se jactan de que el socialismo es una conveniente etapa intermedia hacia sus ideas y objetivos. Puesto que las cosas en el mundo angloparlante no han llegado a este extremo, en este folleto limitamos nuestros comentarios al socialismo.

A. J. PollockDemocracy or Theocracy

Los hijos de Israel fueron escogidos especialmente para ser el pueblo de Dios, y su gobierno era teocrático; en otras palabras, eran gobernados por la dirección inmediata de Dios. Este es el gobierno ideal. El último versículo del libro de Jueces dice: «En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jue. 21:25). El gobierno debería haber sido teocrático, pero cuando la democracia se desbocó, esto se describe acertadamente con las palabras: «Cada uno hacía lo que bien le parecía».

Cuando el pueblo pidió un rey para ser como las naciones vecinas, el Señor dijo a Samuel: «No te han desechado a ti, sino a mí, para que no reine sobre ellos» (1 Sam. 8:7). Rechazaron la teocracia. Sean testigos de la aflicción de la nación desde aquel día hasta hoy, y de la tristeza de su curso. Con Dios como su Gobernante y ellos obedientes a Él, eran invencibles, seguros y felices. Ningún enemigo podía someterlos. Mírenlos hoy: dispersos, despojados, perseguidos, despreciados; una nación de corazones tristes y pies cansados.

Arno Clemens GaebeleinThe Prophet Zechariah

Llamamos la atención al hecho de que la visión habla de perfección, consumación, plenitud. El número perfecto y divino siete aparece tres veces en la visión: siete lámparas, siete tubos y siete ojos. Las siete lámparas están unidas a un solo tallo; esto es unión, y encima de él hay un tazón de oro. El Espíritu vence, y no lo hace el poder ni la fuerza, sino Su poder. El gran monte se convierte en llanura. Se saca la piedra de remate y corona la construcción que Zorobabel termina. Se oyen gritos: «¡Gracia, gracia a ella!», y los siete ojos recorren toda la tierra. Es una visión de plenitud y cumplimiento. El candelabro brilla y derrama su luz gloriosa; su oro puro resplandece y refleja la luz de las siete lámparas. El tazón está lleno de aceite, y los dos olivos dan un suministro continuo. El gran monte removido, el templo terminado, abundan el gozo y la victoria. El candelabro de la visión es exactamente como el del tabernáculo; solo que los dos olivos son algo nuevo. El candelabro del tabernáculo representa a Cristo, la luz del mundo, y también es un tipo de la teocracia judía. La teocracia, el gobierno de esta tierra por la dirección inmediata de Dios, ha de establecerse algún día, y cuando así sea, será como un candelabro brillante y glorioso que derrama luz y disipa las tinieblas. Pensamos que el Yalkut sobre Zacarías (un comentario hebreo) no se equivoca demasiado cuando dice: «el candelabro de oro es Israel». Nos parece muy claro que la visión representa la teocracia judía restaurada, Israel en su gloriosa herencia como luz del mundo.

W. TrotterThe Kingdom of God

Esto, pues, era lo que distinguía a Israel de todas las demás naciones de la tierra. Estas estaban bajo el poder rector del gobierno invisible de Dios mediante la providencia; pero Dios estaba presente en Israel como su Rey. Los símbolos de la presencia divina, la columna de nube de día y de fuego de noche, iban delante de ellos desde que Faraón los persiguió hasta el lecho mismo del mar Rojo, hasta que cruzaron el Jordán al concluir sus cuarenta años de peregrinación por el desierto. Recibían sus leyes directamente de su boca; todos sus oficiales y jueces eran nombrados por él; y en todo tiempo de dificultad y peligro, él estaba presente para que ellos lo consultaran, y nunca dejó de guiarlos y preservarlos cuando obedecían su voz.

Y cuando cruzaron el Jordán, Él todavía los acompañaba o iba delante de ellos. La nube de la gloria divina, que había viajado con ellos por el desierto, descansaba ahora entre los querubines que cubrían el propiciatorio; y después de conquistar la tierra bajo el mando de Josué, el tabernáculo de reunión, que contenía por igual el arca del pacto, el propiciatorio y la shekinah con los querubines encima, fue levantado en Silo, que desde entonces se convirtió en sede del gobierno. Allí fue, «delante de Jehová», donde Josué «repartió la tierra entre las tribus por heredad» (Josué 18:1-10). La casa de Dios estuvo allí durante el período de los Jueces,* y hasta el tiempo de Elí y Samuel. Fue en los días de este último que el pueblo, cansado de estar bajo el gobierno directo de Dios, quien de vez en cuando designaba jueces sobre ellos, y deseoso de ser como las naciones que lo rodeaban, pidió a Samuel que les diera un rey. Esto desagradó a Samuel, y él oró a Jehová. ¿Cuál fue la respuesta de Jehová? «Y Jehová dijo a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te dijeren: porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos» (1 Sam. 8:7). Esto es muy claro. Hasta ese momento, el gobierno de Israel había sido una teocracia pura. Dios era su Rey. En una ocasión podía actuar por medio de Moisés, de quien se dice en este sentido que fue rey en Jesurún (véase Deut. 33:4); en otra, por medio de Josué, o después por medio de los jueces que fueron suscitados sucesivamente. Aun así, Dios era su Rey.

W. TrotterIsrael's Restoration Introductory to Millennial Blessedness

El Señor sí reinó sobre Israel desde su redención de Egipto hasta los días de Samuel. No solo reinó por medio de esa providencia invisible en la que, como sabemos, gobierna todos los mundos y supervisa los asuntos de todo el universo; sino de tal manera que, en vez de tener Israel un rey como las naciones que lo rodeaban, el Señor mismo era su rey. Sus leyes eran las que gobernaban a la nación; y toda su administración estaba a cargo de funcionarios designados por Él. ÉL ERA REY. Todas las funciones de la realeza, que en otras naciones ejercían monarcas humanos, eran ejercidas en Israel por el Santo, quien habitaba invisible entre los querubines en el lugar santísimo. Él también trataba con todas las naciones vecinas según dos principios, ambos relacionados principalmente con Israel. Por un lado, cuando Israel obedecía, Dios le daba predominio sobre las naciones vecinas; y, por otro lado, usaba a esas naciones para castigar a Israel en caso de que desobedeciera. Él habitaba en medio de Israel; reinaba sobre Israel; pero trataba con las naciones vecinas según la relación que estas tenían con Israel. Todo esto continuó hasta los días de Samuel, cuando, como bien saben mis lectores, los hijos de Israel rechazaron al Señor como su Rey y desearon un rey como las naciones que los rodeaban.

J. N. DarbyChapter 18

Una palabra aquí acerca de la porción de los sacerdotes. Primero, la condición normal del pueblo era ser guiado por los sacerdotes y, en caso de necesidad, por jueces levantados de manera extraordinaria; y permanecer bajo el cuidado de Dios en la tierra, disfrutando de Su bendición. Propiamente hablando, era una teocracia. Las leyes de Dios dirigían al pueblo; ellos disfrutaban de la bendición de Dios; y los sacerdotes resolvían cualquier cuestión que surgiera, levantándose un juez en casos excepcionales.

A. J. PollockDemocracy or Theocracy

Consideremos la diferencia entre democracia y teocracia. La democracia tiene como raíces las palabras griegas demos (el pueblo) y Krato (gobierno). La teocracia tiene como raíces las palabras griegas theos (Dios) y Krato (gobierno).

A. J. PollockDemocracy or Theocracy

La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Noten que aquí no se dice ni una palabra acerca de Dios. ¿Puede un hombre caído gobernarse a sí mismo? ¿Hay alguna prueba de su capacidad para hacerlo? La Escritura presenta las cosas en marcado contraste: «Y sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad» (1 Juan 5:19). Si la democracia es el gobierno del pueblo, entonces nada hay en ella más elevado que su fuente. Si la fuente de la soberanía es el pueblo, nada puede ser más elevado que el pueblo. Eso es evidente. De hecho, hay influencias infernales en acción. A la larga, la democracia conducirá a la deificación del hombre y a su completa apostasía en lo que respecta a Dios. Si se adora al hombre como Dios, y la Escritura profetiza esto claramente, y hay señales de que las cosas avanzan en esa dirección, entonces Dios mismo es destronado.

La democracia es horizontal; la teocracia es vertical. La primera se extiende en el bajo nivel del pobre hombre caído, sin advertir que fuerzas infernales están sutilmente en acción para conducir el movimiento a una rebelión absoluta contra Dios; en la segunda, todo gobierno y autoridad provienen de Dios, descienden de lo alto.

Ahora bien, el creyente que quiera ser consecuente con el cristianismo solo puede ser teócrata. Que el cristiano que se entromete en la política, ya sea monarquía, aristocracia, plutocracia, burocracia o democracia, medite sobre esto. Comprenderlo será una gran liberación.

W. TrotterIsrael in the Past and Present

Las promesas a los padres fueron incondicionales; también lo fueron todos los tratos de Dios con la nación de Israel, al redimirla de Egipto y conducirla en gracia hasta el monte Sinaí. Allí fue dada la ley, después de que el pueblo consintió en recibirla y prometió guardarla, como condición para que continuara siendo bendecido. No necesito informar a mis lectores cuál fue el resultado. Su danza alrededor del becerro de oro que Aarón había hecho para que lo adoraran fue apenas el comienzo de una trayectoria de desobediencia y rebelión que los caracterizó a lo largo de toda su historia. Dios tuvo mucha paciencia con ellos y soportó sus malos caminos, introduciendo primero un principio y luego otro, mediante los cuales podía ejercer con gracia su longanimidad hacia ellos. Las diversas instituciones y los medios en los que se encarnaron estos principios de los caminos de Dios eran todos figuras de cosas mejores que vendrían después. El tabernáculo, con su sacerdocio, sus sacrificios y sus servicios; los jueces y los profetas que fueron levantados de tiempo en tiempo, así como la dignidad real y la autoridad de David y su descendencia, todos compartían este doble carácter. Cada uno, en su momento, era un vínculo entre Dios y la nación; y todos eran sombras de bienes venideros. El sacerdocio, la realeza y la profecía eran las tres grandes instituciones mediante las cuales Dios mantenía su relación con Israel. Esta última, en rigor, difícilmente podía llamarse una institución, pues la profecía no era sucesoria, sino que dependía de las acciones soberanas de Dios en gracia, quien levantaba profetas y los enviaba conforme a su propia voluntad. Es conmovedor observar cómo cada institución se corrompió en manos del hombre, se volvió impotente para el bien e incluso, a veces, activamente malvada. Cuando la nación empezó a apartarse de Dios, después de la muerte de Josué, y Dios la visitó con un castigo tras otro, fueron levantados jueces por medio de quienes Dios la libró de manos de sus enemigos y la gobernó, generalmente durante toda la vida del juez. Pero durante todo ese período, el vínculo visible y permanente entre Dios y el pueblo era el tabernáculo de Silo, con los sacerdotes que ministraban allí. En los días de Elí y sus dos hijos, el sacerdocio mismo se corrompió por completo, y Dios no solo entregó al pueblo en manos de los filisteos, sino que puso fin al orden de cosas que había instituido en Silo. El arca fue tomada; los sacerdotes fueron muertos; Elí, su anciano padre, cayó y se desnucó; y la mujer de Finees expiró, llamando a su hijo, a quien estaba dando a luz, «Icabod, diciendo: Traspasada es la gloria de Israel: porque el arca de Dios fue tomada, y por la muerte de su suegro y de su marido». (1 Sam. 4:21.) Es acerca de esta crisis en la historia de Israel que el salmista escribe así: «Le enojaron con sus altos, y le provocaron á celo con sus esculturas. Oyólo Dios, y enojóse, y en gran manera aborreció á Israel. Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres; y dió en cautividad su fortaleza, y su gloria en mano del enemigo». (Salmos 78:58-61.) En efecto, no pasó mucho tiempo antes de que Dios vindicara su propio nombre y obligara a los filisteos a devolver el arca. Pero el arca y el santuario nunca fueron restablecidos en Silo; y todo permaneció en un estado inestable hasta que el hijo de Isaí fue elevado al trono. Después de que Dios lo usó para someter a los enemigos de Israel por todos lados, llevó el arca triunfalmente a Jerusalén; y allí, en el templo que su hijo construyó para ella, encontró un lugar de reposo durante los días del reino.

Desde el principio estuvo en los consejos de Dios que se estableciera la realeza en Israel y que Aquel a quien conocemos como el bendito Heredero de todas las cosas —hijo de David y Señor de David— se sentara, entre todas sus otras glorias, «sobre el trono de David, y sobre su reino, para ordenarlo y confirmarlo en juicio y en justicia desde ahora para siempre». (Isaías 9:7.) Este fue el propósito de Dios desde el principio; pero debía llegar el tiempo señalado para que se revelara, antes de que fuera dado a conocer. Desde Moisés hasta Samuel, el gobierno de Israel fue una teocracia pura: Dios era su rey. En efecto, levantó oficiales, como Moisés, Aarón, Josué y los jueces, por medio de quienes administró el gobierno de la nación; aun así, no había rey, sino «el Rey eterno, inmortal, invisible». Sin embargo, en la misma ley Dios había previsto que se pusiera un rey sobre la nación, y había indicado tanto quién debía ser designado («a quien Jehová tu Dios escogiere») como cómo debía conducirse una vez colocado en el trono. (Véase Deuteronomio 17:14-20.) Todo esto era anticipatorio; y, como todas las provisiones bondadosas de Dios para la necesidad del hombre, su aplicación quedó reservada hasta que el pecado del hombre ofreciera la ocasión para introducirla efectivamente. El pecado de Israel, en los días de Samuel, fue pedir un rey, rechazando así que Jehová reinara sobre ellos; y Saúl, el primer rey que reinó sobre ellos, fue una respuesta en juicio a su petición: «Yo te dí rey en mi furor, y te lo quité en mi ira». (Oseas 13:11.) Fue con David que comenzó el reino conforme a los pensamientos y consejos de Dios. Él era el «varón conforme a su corazón». Dios hizo un pacto con él. Algunas cosas de este pacto eran condicionales; otras, incondicionales. De su hijo, que había de sucederlo en el trono, Dios dijo: «Si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres». (2 Samuel 7:14.) Hasta ese punto, el pacto era condicional. Pero inmediatamente se añade: «Empero no quitaré de él mi misericordia, como la quité de Saúl, al cual quité de delante de ti». Nada debía ocasionar la pérdida total de la misericordia y el favor de Dios por parte de la casa de David. Por mucho que sus hijos fallaran, y cualesquiera que fueran los castigos que por ello tuvieran que soportar, nada debía impedir el cumplimiento de las misericordias pactadas por Dios. «Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro: y tu trono será estable eternamente». Nos conviene tener claramente presente este doble carácter del pacto con David. Por un lado, se le prometieron y aseguraron a él y a su descendencia una casa perdurable y un reino inalienable. Por otro lado, si alguno de sus descendientes cometía iniquidad, los transgresores serían castigados con vara de hombres y con azotes de hijos de hombres. En cualquiera de los dos casos, de la casa y del trono de David depende que Israel se mantenga o caiga.

Verses

  • 1 Samuel 8:4–224Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Samuel en Rama, 5Y dijéronle: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no van por tus caminos: por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como todas las gentes. 6Y descontentó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te dijeren: porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. 8Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, que me han dejado y han servido a dioses ajenos, así hacen también contigo. 9Ahora pues, oye su voz: mas protesta contra ellos declarándoles el derecho del rey que ha de reinar sobre ellos. 10Y dijo Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey. 11Dijo pues: Este será el derecho del rey que hubiere de reinar sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y pondrálos en sus carros, y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro: 12Y se elegirá capitanes de mil, y capitanes de cincuenta: pondrálos asimismo a que aren sus campos, y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra, y los pertrechos de sus carros: 13Tomará también vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras, y amasadoras. 14Asimismo tomará vuestras tierras, vuestras viñas, y vuestros buenos olivares, y los dará a sus siervos. 15El diezmará vuestras simientes y vuestras viñas, para dar a sus eunucos y a sus siervos. 16El tomará vuestros siervos, y vuestras siervas, y vuestros buenos mancebos, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. 17Diezmará también vuestro rebaño, y seréis sus siervos. 18Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os oirá en aquel día. 19Empero el pueblo no quiso oir la voz de Samuel; antes dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros: 20Y nosotros seremos también como todas las gentes, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. 21Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y refiriólas en oídos de Jehová. 22Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a su ciudad.