¿Qué es el ayuno de Daniel?

Answered from the commentary of Edward Dennett, William Kelly, C. H. Mackintosh and 11 others

El libro de Daniel describe dos ocasiones en que Daniel se abstuvo de ciertos alimentos, y los comentarios las explican de maneras muy distintas.

La primera es el período de tres semanas de Daniel 10:2-3, cuando no «comió pan delicado, ni entró carne ni vino en su boca, ni se ungió en absoluto». Fue un tiempo de duelo y ayuno, en el que Daniel afligió su alma ante Dios por la triste condición de su pueblo. Lo hizo incluso después de que Ciro había permitido que los cautivos regresaran a casa, en un momento en que la naturaleza humana habría visto motivos para celebrar y regocijarse. La humillación y el ayuno fueron los medios por los que Daniel se preparó para oír y entender la voz de Dios. Así, hoy solo cuando los creyentes se mantienen moralmente alejados de la satisfacción de los sentidos y se humillan ante Dios, el Espíritu abre su corazón a los pensamientos de Dios. Esto es alentador, porque la respuesta fue enviada desde el trono el mismo primer día en que él dispuso su corazón a humillarse ante Dios. Este ayuno fue para una ocasión especial, y el texto da a entender que en otros momentos Daniel sí comía carne y bebía vino.

La segunda ocasión es la de las legumbres y el agua de Daniel 1:8-16, que los comentarios no consideran en absoluto un ayuno ni una dieta, sino una negativa a contaminarse. Sin duda, la comida del rey había sido ofrecida a los ídolos e incluía lo que la ley prohibía comer a un judío. La comida era pura en sí, así que la contaminación que Daniel temía era espiritual. Reducir esto a rechazar los deleites de la mesa, o usarlo para predicar sobre la templanza, oculta su significado espiritual. Era una cuestión de pureza judía, no de moralidad. La comida sencilla era apropiada para hombres que se humillaban ante Dios. Para los cristianos, la lección que se extrae es apartarse del mundo, que alimenta al hombre natural, y alimentarse de Cristo, representado por las legumbres y el agua.

Los cristianos están libres de las reglas judías acerca de la comida. Convertir la abstinencia de ciertos alimentos en una ordenanza solo satisface la carne. Hay que resistir todo intento de imponer como yugo el consumo de hierbas o la abstinencia de carnes. El Señor no da ningún mandato de ayunar. Cuando un creyente ayuna, lo hace para expresar humillación ante Dios, y lo guarda en secreto delante del Padre en vez de exhibirlo ante los hombres.

Verses: Daniel 1:9, Daniel 1:10, Daniel 1:11, Daniel 10:2, Daniel 10:3, Daniel 1:8, Daniel 1:12, Daniel 1:13, Daniel 1:14, Daniel 1:15, Daniel 1:16, Daniel 1:5, Daniel 1:17, Daniel 10:12, Daniel 9:3

The above is AI generated summary based on the writers below.

What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

Morrish Bible DictionaryBible Dictionary C 2

Uno de la tribu de Judá y de la familia real de David, fue llevado a Babilonia por Nabucodonosor. Fue escogido, por ser de buen parecer y sin defecto, para estar delante del rey y recibir enseñanza en la sabiduría y la lengua de los caldeos; y su nombre fue cambiado a BELTSASAR. Debía alimentarse con la comida del rey y beber el vino del rey, pero Daniel resolvió no contaminarse de esa manera; probablemente, la comida había sido ofrecida a los ídolos. Pidió que se les permitiera a él y a sus compañeros alimentarse de verduras y agua durante unos días, y Dios bendijo esta fidelidad; cuando fueron puestos a prueba, se halló que estaban bien alimentados. Dios también les dio conocimiento y habilidad en el aprendizaje, y a Daniel le dio entendimiento de toda clase de visiones y sueños.

William KellyDaniel - Part 1

Y ahora veamos lo que registra el Espíritu Santo, mostrando de manera particular el corazón de Daniel para con Dios, para que en su conducta moral pudiera ser un vaso para honra, útil para el uso del Maestro. ¡Cuán notablemente superior es el poder de Dios a todas las circunstancias! Daniel y sus compañeros no dicen nada respecto al cambio de nombres, por doloroso que debió haber sido. Eran esclavos, propiedad de otro, quien tenía autoridad para llamarlos como le placiera. «Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que él bebía». Naturalmente, habrían recibido tales alimentos con gratitud; la fe actúa, y los rechazan. Estaba relacionado con los dioses falsos del país, pues era parte de la comida diaria de un rey idólatra. Incluso en su propia tierra, y apartados de los ídolos, Dios insistía en hacer distinción entre lo limpio y lo inmundo, y mucho de lo que los gentiles apreciaban era abominación para un judío. La ley era estricta en cuanto a estas contaminaciones, y Daniel, como judío, estaba sujeto a sus obligaciones. El cristianismo interviene y libera la conciencia de la ansiedad respecto a tales cosas. «Todo lo que se vende en la carnicería», dice Pablo, «comedlo, sin preguntar nada por causa de la conciencia». Y lo mismo en un banquete. Sin embargo, si se supiera que cierta comida había sido ofrecida a los ídolos, el cristiano no debía comerla, tanto por causa de quienes mencionaran el hecho como por causa de la conciencia. Pero para el judío se exigía una separación sin reservas. Daniel muestra de inmediato que está decidido por el Dios verdadero. Para él no se trataba de hacer en Babilonia lo que allí se hacía, sino de la voluntad de Dios según lo que se había ordenado a Israel. «Por eso pidió al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse». Mientras tanto, Dios había obrado en su providencia para que Daniel hallara un favor especial. Pero esto no disminuyó la prueba de fe. Y cuando se alegaron dificultades y peligros, aun así él tiene confianza en Dios. Todos tendemos a encontrar buenas razones para hacer cosas malas; pero Daniel tenía una mirada sencilla, y todo su cuerpo estaba lleno de luz: el único medio para entender la mente de Dios. No consideró lo que le agradaba a él; no temió arriesgarse al peligro; miró el asunto en relación con Dios. Solo pide que se los ponga a prueba durante diez días; «y que nos den legumbres para comer y agua para beber. Entonces que examinen nuestro aspecto», etc. No «manjar delicado», sino aquello que expresaba humillarse ante Dios era lo que un corazón sincero sentía que era el alimento apropiado para ellos; una comida como la que quizá habría despreciado el más humilde de aquella ciudad orgullosa y lujosa. ¿Cuál fue el resultado de esta prueba? Daniel y sus compañeros resultaron «más hermosos y más robustos que todos los jóvenes que comían de la porción de la comida del rey». Así se les evitó más dificultades sobre ese punto.

Edward DennettDaniel the Prophet

A continuación se describen las circunstancias en que fue concedida la visión: «En aquellos días yo Daniel me contristé por espacio de tres semanas. No comí pan delicado, ni entró carne ni vino en mi boca, ni me unté con ungüento, hasta que se cumplieron tres semanas de días» (vv. 2, 3). No se indica el motivo de su tristeza y su ayuno; pero, como sabemos por el capítulo anterior que la condición de su pueblo y de la ciudad santa pesaba mucho sobre su corazón, bien podemos concluir que aquí se lamentaba por lo mismo, y con mayor certeza aún porque eso condujo a una revelación de la futura liberación de su pueblo. Para nuestra propia instrucción pueden hacerse dos observaciones: Primero, quien más plenamente se identifica con los dolores del pueblo de Dios es quien más comparte el sentir del corazón de Dios por ellos (compárese con Isaías 53:4-5); y, segundo, si queremos que se nos comunique el pensamiento de Dios, debemos estar en una condición espiritual que nos permita recibirlo. ¿Qué error mayor puede cometerse que suponer que podemos entrar en los secretos de Dios sin una disposición moral del corazón, o pensar que es posible comprender las cosas divinas simplemente por oírlas o leerlas, o porque nos hemos agrupado alrededor de ciertos líderes del pueblo de Dios y hemos apoyado sus enseñanzas con entusiasmo? La humillación y el ayuno fueron los medios por los que Daniel recibió estas revelaciones; y así también ahora, solo cuando estamos moralmente fuera de las cosas de aquí —fuera de la satisfacción de los sentidos y de los gozos terrenales, habiéndonos disciplinado a fondo mediante la aplicación de la cruz, en la presencia de Dios— el Espíritu de Dios ilumina los ojos de nuestro corazón para comprender el pensamiento y la voluntad de Dios. Por tanto, estos dos versículos pueden considerarse muy importantes, pues contienen los medios por los que Daniel fue preparado para oír y entender la voz divina.

William KellyUse and Abuse of Wine

Basta señalar, respecto del mensaje del ángel del Señor a las madres de Sansón y de Juan el Bautista, que el nazareato de ellos fue extraordinario. Además, los recabitas obedecieron tanto al no construir ni sembrar como al no beber vino. Su caso, si es aplicable, demostraría demasiado. Si demostrara que los hombres no deben beber vino, demostraría que no deben construir casas. (Jeremías 35.) Así, Daniel y sus amigos se abstuvieron tanto de la comida del rey como de su vino. Si bebían agua, comían legumbres. Era una cuestión de pureza judía*, no de moralidad. Por consiguiente, Daniel 10:3 implica claramente que, salvo en circunstancias especiales, como el ayuno, el profeta sí comía carne y bebía vino. La copa ofrecida al Señor en la cruz, y que él rechazó, no contenía solo vino y, por tanto, no tiene relación con la cuestión presente. El caso de Timoteo, como hemos visto, demuestra lo contrario de lo que se cita para probar.

Edward DennettDaniel the Prophet

La cuestión que ahora se planteaba para Daniel y sus compañeros era si, por buscar el favor y el progreso en el mundo, cederían al mandato del rey. La respuesta ya se había dado: «Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse con la ración de la comida del rey, ni con el vino que él bebía: pidió por tanto al príncipe de los eunucos que no se contaminase» (v. 8). Como judío, obediente a la palabra de Dios, a Daniel le era imposible comer el alimento de los gentiles. Estaban prohibidas tanto la grasa como la sangre de aquellos animales que se permitía comer; y solo de los animales y las aves limpios se le permitía participar a un judío (véanse Levítico 7:22-27, Levítico 11, Levítico 22). Por tanto, a menos que Daniel y sus compañeros estuvieran dispuestos a renunciar a su fe y a rechazar la palabra de su Dios, no podían aceptar la provisión real. Y hay otra enseñanza —si se puede aplicar a nosotros. El alimento del mundo, aquello en lo que el hombre como hombre, alejado de Dios como está, encuentra su fuerza y sustento, siempre es destructivo para la vida espiritual del cristiano; y si quiere ser un verdadero nazareo y andar por el camino de la santa separación para Dios, debe apartarse siempre del vino, de los gozos terrenales. Así escribe el apóstol: «Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu» (Efesios 5:18). En la actitud de Daniel tenemos, pues, un ejemplo para todos los creyentes; y cuanto más fielmente lo sigan, tanto más disfrutarán del favor consciente y la bendición de Dios; y, como muertos moralmente a las cosas de aquí, realizarán más plenamente su verdadera porción en Cristo, en el lugar donde él está.

Leemos ahora, como explicación de lo que sigue, que «Dios puso a Daniel en gracia y en buena voluntad con el príncipe de los eunucos» (v. 9). De nuevo se nos recuerda el caso semejante de José. Vendido a Egipto y convertido en siervo de la casa de Potifar, «halló gracia» ante los ojos de su amo. Pero, como Daniel, al rechazar el alimento y el vino del mundo, a diferencia de Daniel, fue echado en la cárcel, donde el Señor también «le dio gracia en los ojos del principal de la cárcel». «Cuando los caminos del hombre son agradables á Jehová, aun á sus enemigos pacificará con él»; y por eso el príncipe de los eunucos, a pesar de temer a su señor el rey y del posible peligro para su propia vida, concedió por medio de Melzar la petición de Daniel de que él y sus compañeros fueran puestos a prueba durante diez días, comiendo legumbres y bebiendo agua, en lugar de la comida y el vino del rey. Dios estaba con Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y por eso, al cabo de los diez días, «parecían sus rostros mejores, y más gruesos de carnes, que todos los muchachos que comían de la ración de la comida del rey» (v. 15). Dios había sostenido y prosperado a sus siervos en su camino de fidelidad a su voluntad, al mantenerse sin contaminarse en medio de las seducciones y corrupciones babilónicas que los rodeaban. Ni siquiera Melzar podía negar que habían prosperado con su sencillo régimen, y desde entonces les dio legumbres.

William KellyDaniel - Part 2

«En el tercer año de Ciro, rey de Persia, fue revelada una cosa a Daniel, cuyo nombre era llamado Beltsasar», etc. Hallamos que Daniel no se había aprovechado del decreto de Ciro, promulgado dos años antes, que dejaba en libertad a los israelitas para regresar a su propia tierra, conforme a la profecía. Daniel seguía en el escenario del cautiverio de los judíos. Pero hay más: el Espíritu de Dios dirige la atención al estado del alma del profeta. No estaba disfrutando en una tierra extranjera, sino que estaba de duelo y ayunando; y esto, en circunstancias en que, por supuesto, tenía todo a su disposición. Se encontraba, según se dice, sin comer pan agradable: «ni entró carne ni vino en mi boca, ni me ungí en ninguna manera, hasta que se cumplieron tres semanas enteras». Sin duda, no es por nada que el Espíritu de Dios nos haya mostrado a Daniel, no solo antes de que se promulgara el decreto de Ciro, sino también después, en tal actitud ante el Señor. Todos podemos entender que, al acercarse el momento en que el pequeño remanente debía salir de Babilonia y volver a la tierra de sus padres, se lo encontrara afligiendo su propia alma delante de Dios y repasando el pecado que había ocasionado un castigo tan terrible del Señor sobre el pueblo, aunque incluso entonces hacía precisamente lo contrario de lo que la carne habría buscado en esas circunstancias. Pues cuando se concede una gran misericordia externa, entonces es cuando el hombre naturalmente tiende a dar rienda más suelta a su disfrute. En Daniel vemos lo contrario. Adoptó la actitud de confesión y confesó los pecados, no solo de Israel, sino también los suyos. Todo estaba delante de él. Solo un hombre santo podía tener un sentido tan profundo del pecado. Pero la misma energía del Espíritu Santo que produce una verdadera humillación propia también permite tomar con amor la triste y abyecta condición del pueblo de Dios. Tales pensamientos parecen haber llenado el alma de Daniel cuando descubrió, por la profecía de Jeremías, que la liberación de Israel estaba ya a las puertas. No hubo ninguna clase de exultación por un enemigo caído, ni gritos de triunfo porque el pueblo quedaría libre, aunque el mismo Ciro consideraba un gran honor que Dios lo hubiera hecho instrumento de ambas cosas. Bien podía un hombre de Dios meditar en lo que había obrado el pecado, cuando el Señor ni siquiera podía hablar de Israel como su pueblo, aunque la fe en Daniel solo lo impulsaba aún más a suplicar que lo eran.

Aquí el decreto había sido promulgado conforme a lo que él esperaba. El conquistador persa había abierto la puerta para que los prisioneros de esperanza salieran de Babilonia, y quienes quisieron habían regresado a su propia tierra. Daniel no estaba entre ellos. En vez de anticipar ahora únicamente visiones brillantes de gloria inmediata, aún se lo encontraba, y más que nunca, en una postura de humillación delante de Dios. Cuando se revela la razón de este prolongado período de ayuno, se nos permite comprender la conexión entre el mundo visible y el invisible. El velo no se levanta solamente del futuro, pues toda profecía hace esto; sino que la declaración de la visión que aquí se nos presenta revela, de una manera interesante, lo que nos rodea ahora, pero es invisible. A Daniel se le permitió oírlo para que nosotros pudiéramos conocerlo y también tener conciencia por nosotros mismos de que, además de las cosas visibles, hay cosas invisibles, mucho más importantes para el pueblo de Dios que todo lo que el hombre contempla.

C. KnappDaniel

Pero ¿cómo alcanzó Daniel este alto honor? ¿De qué manera o por qué camino llegó a esta preeminencia en el reino? ¿Fue por una simple cadena de circunstancias favorables, o llegó de un salto a la cima? Los cristianos cantan con entusiasmo y a coro: «¡Atrévete a ser un Daniel!»; pero para llegar a ser un hombre del temple de Daniel se necesita algo muy distinto del simple atrevimiento; él llegó a ser un «juez de Dios» mediante la autodisciplina y la fidelidad en medio de grandes tentaciones: «Pero Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía».

Algunos expositores han rebajado esta noble actitud de Daniel a una mera moralidad natural, «rehusando», dicen, «darse el gusto con las delicias de la mesa o tocar la copa embriagante». Se la ha hecho servir de base para innumerables conferencias y sermones sobre la temperancia, ocultando así el significado altamente espiritual del acto. Creemos que Daniel no rehusó comer de la comida del rey ni beber del vino del rey porque hubiera en ellos algo esencialmente malo o peligroso, sino porque los monarcas paganos por lo general los ofrecían a sus ídolos; por esta u otras causas similares, rehusó participar de la provisión que se le asignaba de la mesa del rey. (Véase Ezeq. 4:13; Oseas 9:3 y compárese con 1 Cor. 8).

F. B. Hole"Ten times better"

Los versículos centrales de Daniel 1 revelan que la formación educativa y técnica, que duraba tres años —muy parecida a un curso universitario de hoy—, implicaba que los alimentaran con raciones de la mesa del rey, las cuales sin duda estaban relacionadas con los ritos idolátricos que él practicaba. Esto llevó a Daniel y a sus amigos a rechazar esos lujos y conformarse con la comida y la bebida más sencillas. Dios honró la separación que practicaron en este asunto, y les «dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencia», como vemos en versículo 17. La «ciencia» que poseían no la recibieron del hombre, sino de Dios.

Samuel RidoutGod's Mercy to His Humbled People

Y así el pueblo se reúne en Mizpa. Las necesidades comunes, el peligro común y, sobre todo, el volverse juntos a Dios reunirán a Su pueblo. Todas las demás reuniones son inútiles y aun peores. Aquí derraman agua delante del Señor, ayunan y reconocen de nuevo su pecado. El derramamiento de agua y el ayuno parecen ser dos aspectos de un mismo acto, expresado probablemente en las palabras que siguen: «Hemos pecado contra el Señor». El derramamiento de agua parece ser un reconocimiento de su total impotencia e indignidad. «Somos como agua derramada por tierra, que no puede volver a recogerse». Habían gastado sus fuerzas en vano y, en efecto, eran débiles como el agua. Esta debilidad provenía de haber pecado contra Dios. Por eso es apropiado que el ayuno acompañe este acto solemne: no como una mera forma religiosa ni como una abstinencia involuntaria de alimentos, como si hubiera algún mérito en ello, sino como esa intensa seriedad de espíritu tan absorta en su propósito que, por un tiempo, olvida el alimento necesario o lo rechaza por considerarlo una intrusión en el asunto más importante que ocupa el alma. El ayuno como medio para producir ciertos efectos deseados tiene demasiado sabor a ritualismo y fomenta la justicia propia en quienes lo practican; pero, como resultado —como indicio del estado del alma—, siempre es la señal de alguien que busca a Dios con verdadera seriedad.

A. J. PollockFollow Me,” or Fasting and Feasting

¿Qué es el ayuno?, quizá preguntes. No es abstenerse del pecado. Que eso quede claro. No debe darse tregua alguna al pecado, ya sea el pecado de asesinar las preciosas horas que Dios nos da en cosas que solo pueden debilitar y contaminar, o el de pecar de cualquier otra manera.

¿Qué es el ayuno? El ayuno físico consiste en abstenerse de alimentos por un tiempo. Ahora bien, la comida es buena. Dios nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. La comida es necesaria para el debido sustento del cuerpo, pero una persona puede abstenerse de alimentos por un tiempo con algún beneficio en vista. Pero, sin duda, el ayuno físico es típico del ayuno moral.

Hay muchas cosas que un cristiano podría hacer, que no son pecado, pero de las que se abstiene. Debemos estar separados del mundo, que rechazó y crucificó a nuestro Señor, y la separación implica ayuno. El mundano se da un festín hoy, pero, ¡ay!, ayunará por toda la eternidad. El cristiano ayuna hoy, pero se dará un festín por toda la eternidad. Parece apenas justo o recto que un cristiano se dé un festín en ambos mundos. De hecho, Dios no lo permitirá.

Verses

  • Daniel 1:8–178Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse. 9(Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el príncipe de los eunucos.) 10Y dijo el príncipe de los eunucos a Daniel: Tengo temor de mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él habrá visto vuestros rostros más tristes que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza. 11Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el príncipe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael, y Azarías: 12Prueba, te ruego, tus siervos diez días, y dennos legumbres a comer, y agua a beber. 13Parezcan luego delante de ti nuestros rostros, y los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey; y según que vieres, harás con tus siervos. 14Consintió pues con ellos en esto, y probó con ellos diez días. 15Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más nutrido de carne, que los otros muchachos que comían de la ración de comida del rey. 16Así fué que Melsar tomaba la ración de la comida de ellos, y el vino de su beber, y dábales legumbres. 17Y a estos cuatro muchachos dióles Dios conocimiento e inteligencia en todas letras y ciencia: mas Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.