¿Qué es la ley de la libertad en Santiago 2:12?
Santiago concluye su advertencia contra la acepción de personas con una norma que no es ni la del Sinaí ni la arbitrariedad: las palabras y las obras del creyente están bajo la «ley de la libertad». La pregunta es cómo una ley puede llamarse libertad y qué significa ser juzgado por ella.
No es la ley del Sinaí
La expresión aparece en Santiago 1:25 y aquí se vuelve a usar. Los expositores señalan que no se refiere a los Diez Mandamientos, sino a algo que ya se explica en el contexto del primer capítulo:
¿Qué es la ley de la libertad? No es la ley de Moisés, como algunos han pensado. La ley perfecta de la libertad se explica en el contexto. Es la palabra de Dios, por la cual el creyente es engendrado de nuevo; es la palabra implantada, que enseña, instruye, guía y dirige; es la vida que fluye de la nueva naturaleza, sometida a la palabra de Dios.
¿Por qué «libertad»?
La diferencia no está en el contenido de la exigencia, sino en quien la escucha. Un mandamiento que va en contra de mi voluntad me esclaviza; un mandamiento que corresponde a mi nueva naturaleza me hace libre:
La ley del Sinaí estaba escrita en tablas de piedra; no escribió nada en el corazón. Les decía a las personas lo que debían hacer, pero no les daba ni el deseo ni la fuerza para obedecer. Tener que hacer algo que no deseo es esclavitud, aunque obedezca. Ahora bien, por medio de la palabra de Dios no solo tenemos una revelación perfecta de la voluntad de Dios, sino que por esa misma palabra también ha sido engendrada en nosotros una nueva naturaleza que se deleita en obrar conforme a la palabra. Tener que hacer algo que quiero hacer es libertad.
Esto mismo suele explicarse con la imagen de un hijo. El padre no manda algo que vaya contra el corazón del hijo, sino en la misma dirección:
Si le digo a mi hijo que se quede en casa cuando quiere salir, puede obedecer; pero eso no es para él una ley de la libertad: está refrenando su voluntad. Pero si después le digo: «Ahora ve adonde quieras», y obedece, entonces es una ley de la libertad, porque su voluntad y el mandamiento son lo mismo; van juntos.
Plenamente realizada en Cristo
La medida de esta libertad no es un ideal, sino una persona que la vivió:
La voluntad de Dios era para Jesús una ley de la libertad. Él vino para hacer la voluntad de su Padre; no deseaba otra cosa. ¡Qué estado bendito! En Él era perfección, un ejemplo bendito para nosotros. La ley es una ley de la libertad cuando la voluntad, el corazón del hombre, concuerda plenamente en su deseo con lo que se le impone.
Tres leyes en la epístola
Santiago no usa el término «ley» de manera uniforme; quien mezcla los pasajes pierde el hilo del argumento:
En la epístola de Santiago se mencionan tres leyes: primero, la ley de Moisés (Stg 2:10-11); segundo, la ley real, que consiste en amar al prójimo (Stg 2:8); y tercero, la ley perfecta de la libertad (Stg 1:25; Stg 2:12).
Ser juzgado: ¿según qué naturaleza?
«Ser juzgado por la ley de la libertad» no significa que se nos vuelva a poner ante el Sinaí. La norma es aquello que Dios le ha dado al creyente:
«Juzgados por la ley de la libertad» significa: conforme a la naturaleza que nos ha sido comunicada. Esta naturaleza es santa. Debemos hablar y actuar conforme a ella, y también juzgarnos a nosotros mismos. ¡Ay de quien quisiera excusar el mal diciendo: «Hago lo que no quiero»!, pues, aunque la carne está en nosotros, no le debemos nada.
Otros expositores destacan especialmente la responsabilidad que conlleva la luz más plena que ha llegado en Cristo (F. B. Hole).
La prueba: la misericordia
Las palabras y las obras abarcan casi toda la vida práctica, y la prueba de que la nueva vida está realmente presente es la compasión hacia el pobre a quien habían despreciado:
Hablar y actuar son el tema de su exhortación porque abarcan una parte muy grande de nuestra vida práctica; pero se especifica cuidadosamente que ambas cosas deben corresponder a quienes son regidos por una ley de la libertad: un principio del hombre interior, inescrutable para todos los que, sin fe, no tienen una nueva vida de Dios ni conocimiento de su gracia. Puesto que la misericordia es la fuente de todo lo que profesamos como hijos de Dios, Dios se indigna ante su ausencia en quienes se cuentan entre los suyos por gracia.
Resumen
- Fuente. La ley de la libertad no es el Sinaí, sino la palabra de Dios, por la cual el creyente es engendrado de nuevo y guiado.
- Don. Como se ha dado una nueva naturaleza que ama la voluntad de Dios, el mandamiento se convierte en un gozo: el deber y el querer van por el mismo camino.
- Ejemplo. En Jesús este estado fue perfecto: no quería otra cosa que la voluntad del Padre.
- Alcance. Mide las «palabras y las obras», es decir, casi toda la vida práctica, y excluye cualquier excusa basada en la carne.
- Resultado. Quien vive en esta libertad muestra misericordia; la vida, la libertad y la gracia forman parte de una misma bendición (William Kelly).