¿Cómo puedes agradar a Dios?

Answered from the commentary of C. H. Mackintosh, L. M. Grant, Hamilton Smith and 17 others

Nadie puede agradar a Dios mientras permanece «en la carne»: Romanos 8:8 dice que «los que viven según la carne no pueden agradar a Dios», y esto es así por muy moral, religiosa, amable o generosa que sea esa persona. La razón es que la mente de la carne es enemistad contra Dios y no está sujeta a Su ley, «ni tampoco puede», de modo que incluso sus buenas obras tienen como motivo el yo. Por eso, a los ojos de Dios, sus obras son «obras muertas», y ninguna obra humana puede añadir lo más mínimo a la salvación. Tratar de mejorarse es un esfuerzo inútil sobre una ruina condenada. Lo que se necesita es un nuevo nacimiento, una nueva vida y una nueva creación; quienes tienen dentro de sí el Espíritu de Dios «no están en la carne, sino en el Espíritu». Junto a esto está Hebreos 11:6: «sin fe es imposible agradarle», porque quien se acerca a Dios debe creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan diligentemente. Enoc «agradó a Dios» por su fe, y de ella brotó su andar con Dios. Sobre esa base, el creyente es «acepto en el Amado» (Efesios 1:6), y esa aceptación descansa en la obra consumada de Cristo, no en nada que él haya hecho. Dios se deleita en ese creyente tanto como en Jesús. Ni siquiera Miqueas 6:8 —«hacer justicia, amar misericordia y humillarse para andar con tu Dios»— puede cumplirlo el hombre natural; solo puede hacerlo quien ha sido convertido por la fe.

Una cosa es ser aceptado y otra ser «aceptable» o agradable en el andar; todo hijo aceptado de Dios debe procurar ser ambas cosas. Ni siquiera el creyente puede agradar a Dios con el poder de la carne; este agrado consiste en que Dios obra en nosotros, por medio de Jesucristo, lo que es agradable. La medida es «andar como es digno del Señor, agradándole en todo» (Colosenses 1:10), siguiendo a Cristo, quien siempre hizo lo que agradaba al Padre. Vale la pena preguntarse ante todo: «¿Es esto digno del Señor?» y «¿Le agrada al Señor?». Este andar se nutre del conocimiento de la voluntad de Dios por medio de Su palabra y da fruto en toda buena obra. Por las misericordias de Dios, el creyente presenta su cuerpo «en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Romanos 12:1), y pone a Su disposición los pies, las manos y la lengua. Dios se agrada de tal sacrificio de uno mismo. Por encima de todo, obedece, pues «el obedecer es mejor que los sacrificios» (1 Samuel 15:22), y ofrecer sacrificios sin obediencia es un «engaño mortal». Dios también se agrada del sacrificio de alabanza, y de hacer el bien y compartir con quienes tienen necesidad (Hebreos 13:15-16), cuando todo esto se ofrece por medio de Cristo y en el poder del Espíritu. Él no desprecia el corazón quebrantado y contrito (Salmos 51:17). Por último, quien procura agradar a Dios no busca agradar a los hombres, pues «si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gálatas 1:10).

Verses: Ephesians 1:6, Hebrews 11:6, Romans 12:1, Romans 12:2, Micah 6:8, Hebrews 13:15, Hebrews 13:16, Colossians 1:10, 1 Thessalonians 4:1, 1 John 3:22, Romans 8:8, Galatians 1:10, Ephesians 5:10, Colossians 3:20, 2 Corinthians 5:9, Psalms 51:16, Psalms 51:17, 1 Samuel 15:22, Proverbs 15:8, Philippians 4:18, Romans 14:17, Romans 14:18, 1 Timothy 2:1, 1 Timothy 2:2, 1 Timothy 2:3, 1 Timothy 5:4, Psalms 69:30, Psalms 69:31, Psalms 147:11, John 8:29, Matthew 3:17, Hebrews 13:20, Hebrews 13:21, Philippians 2:13, Proverbs 16:7, 1 Thessalonians 2:4, 2 Timothy 2:4, Hosea 6:6, Deuteronomy 10:12, Deuteronomy 10:13, Matthew 22:37, Matthew 22:38, Matthew 22:39, John 14:15, 1 Peter 2:20, Hebrews 12:28

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What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

Leslie M. GrantComments on the Epistle to the Hebrews

«Pero sin fe es imposible agradarle; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan». Si alguien no cree sinceramente que «Dios existe», entonces su aparente acercamiento religioso a Dios es pura hipocresía. La fe es simplemente un verdadero reconocimiento de Dios, y ciertamente nada menos que esto puede agradar a Dios. Este es el requisito esencial elemental, mientras que la última parte del versículo muestra la actividad de la fe: buscar diligentemente a Dios, lo cual ciertamente será recompensado, de acuerdo con la naturaleza fiel de Dios.

L. M. GrantComments on the Book of Romans

Pero el versículo 8 no habla simplemente de la «mente», sino de «los que están en la carne». Estos son, por supuesto, personas no salvas, que no tienen el Espíritu, como lo confirma el versículo 9. Véase también Romanos 7:5. Sean capaces de lo que sean, cualesquiera que sean sus buenas cualidades y virtudes admirables ante los hombres, «ellos no pueden agradar a Dios». Esta es la conclusión inequívoca, imposible de transigir. Que nadie se engañe: el modelo más ejemplar, atractivo, honorable y sincero de hombre en la carne «no puede agradar a Dios». Puede agradar a los hombres y quizá sobre todo a sí mismo, pero nada puede agradar a Dios con respecto a los hombres salvo la obra de Su Espíritu dentro de ellos. Solo la obra divina puede cumplir el beneplácito divino. Esta es una lección de solemne importancia para el hombre.

W. W. FeredaySamuel - God's Emergency Man

Nunca se olvidará la célebre máxima de Samuel: «el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que el sebo de los carneros» (1 Samuel 15:22). Si Saúl no aprendió nada de las palabras del profeta, desde sus días multitudes se han beneficiado de ellas. «Obedecer» y «prestar atención» expresan la esencia de una vida santa. Los sacrificios más costosos no sustituyen a «obedecer la voz del Señor».

James McBroomSanctified to the Obedience of Jesus Christ

La obediencia es mejor que el sacrificio. Por tanto, nos corresponde procurar agradar al Señor con nuestra conducta, con quietud y sencillez, en vez de aspirar a grandes cosas de manera ostentosa. Así podemos ser hallados andando con Dios como Enoc, quien tuvo el testimonio consciente de que agradaba a Dios. «Por tanto», dice el Apóstol, «procuramos también, o ausentes, o presentes, serle agradables» (2 Cor. 5:9). Podemos observar cuán estrechamente está vinculada la obediencia con la justicia, ese principio rector que es la gran ley moral de la creación. Dios el Creador es soberano y, por la naturaleza de las cosas, Su voluntad debe ser ley para la criatura. Su voluntad debe ser recta, y de esto proviene la gran palabra justicia, que tan a menudo se malinterpreta: una palabra que recorre todas las Escrituras. Decir que la obediencia es recta es de una sencillez absoluta, y el resultado es un hermoso orden moral; la desobediencia, por el contrario, es incorrecta, y el resultado es desorden y caos.

Hamilton SmithThe Epistle to the Romans

(v. 1). El Apóstol apela a los creyentes sobre la base de las misericordias de Dios, por las cuales han sido tan grandemente bendecidos: las misericordias que se nos han revelado en los primeros once capítulos. Puesto que hemos sido tan ricamente bendecidos, nos corresponde presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Este es nuestro único servicio inteligente. Al insistir en la profunda necesidad de gobernar nuestro espíritu y mantener bajo control nuestros afectos, corremos el peligro de pensar que eso es todo y que podemos ser descuidados en cuanto al uso de nuestros cuerpos. Aquí, pues, son nuestros cuerpos los que deben entregarse a Dios. Nuestros pies, para andar en el camino de la obediencia; nuestras manos, ocupadas en su servicio; nuestras lenguas, para hablar como testimonio de Dios. Esto implicará sacrificio, pues la inclinación natural es usar el cuerpo para llevar a cabo la voluntad de la carne. Refrenar la carne implica sacrificar mucho de lo que la naturaleza desea. El cuerpo presentado a Dios no solo es un sacrificio, sino un sacrificio vivo. Podemos presentar nuestro dinero y nuestros bienes, pero tales dádivas, aunque sean correctas en su lugar, no son «vivas». Con tales dádivas puede haber, al mismo tiempo, mucha complacencia propia del cuerpo. Además, debe presentarse como un sacrificio «santo». Para el servicio de Dios se requiere no solo un cuerpo vivo, sino un cuerpo «santo». Solo si el cuerpo se mantiene en santidad será aceptable el sacrificio.

Hamilton SmithColossians

Además, la conducta no solo ha de ser digna del Señor; ha de ser «agradándole en todo». No se trata simplemente de una conducta que nos resulte agradable y placentera a nosotros mismos o a nuestros hermanos, sino agradable al Señor. Acerca del Señor está escrito: «Ni aun Cristo se agradó á sí mismo»; por el contrario, Él podía decir: «Yo hago siempre lo que le agrada» [al Padre] (Romanos 15:3; Juan 8:29).

¡Cuántas cosas que a menudo decimos y hacemos nunca se dirían ni se harían si nos detuviéramos a preguntarnos: «¿Es esto digno del Señor?» y «¿Esto agrada al Señor?»! Hacemos bien, entonces, en comenzar cada día con la oración de que podamos «andar como es digno del Señor, agradándole en todo».

Luego el Apóstol desea que estemos «llevando fruto en toda buena obra» (N. Tn.). El fruto en el creyente siempre es la expresión del carácter de Cristo. El hombre del mundo puede hacer muchas buenas obras, pero no puede dar fruto para Dios por medio de sus buenas obras. Solo el creyente puede expresar algo de Cristo en sus buenas obras, de modo que, en las buenas obras que benefician al hombre, haya fruto para Dios.

Leslie M. GrantComments on the Epistle to the Hebrews

«Ofrezcamos, pues, por medio de Él, continuamente a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la comunicación no os olvidéis: porque de tales sacrificios se agrada Dios». Una postura correcta en favor de la verdad de la Palabra de Dios no tenderá a volvernos críticos ni amargados hacia los demás, ni orgullosos y satisfechos de nosotros mismos, sino a llenar más bien nuestro corazón con el espíritu humilde de alabanza continua a Dios. También se dice que esto es un sacrificio, pues ¿no consiste en renunciar voluntariamente a la confianza en la carne y en rehusar el honor personal para que se den verdadera honra y gloria al Dios eterno? Si tal alabanza y acción de gracias son nuestro deleite «continuamente», desde luego no habrá lugar alguno para la queja ni la crítica fría. Pero otro sacrificio está estrechamente ligado con este: la energía activa de la bondad hacia los demás, el compartir voluntariamente nuestros bienes terrenales con quienes tienen necesidad. Qué bendición tener la seguridad de que «de tales sacrificios se agrada Dios». ¿No es la ocupación más bendita de la tierra agradarle?

L. M. GrantThe Psalms

Dios no deseaba sacrificios. De hecho, bajo la ley no había sacrificio disponible por el pecado de adulterio ni por el de asesinato. ¿Nos atrevemos a pensar que podemos renunciar a algo para merecer la salvación de Dios? El mero orgullo puede pensarlo, pero tal cosa es repulsiva para un Dios de verdad y de gracia. Si queremos hablar de sacrificios, el versículo 17 nos da la única instrucción que necesitamos para agradar a Dios: «un espíritu quebrantado; un corazón contrito y humillado». Esto es justamente lo contrario del orgullo de intentar aplacar a Dios ofreciéndole algún bien material. Dios despreciaría absolutamente esto último, pero no despreciará un corazón contrito.

H. J. VinePleasing Men

Al procurar no ser alguien que busca agradar a los hombres, algunos caen en el mal opuesto de volverse sumamente desagradables. El apóstol procuraba «agradar a todos en todo» en vista de su provecho (1 Corintios 10:33). Sin embargo, cuando la verdad estaba en cuestión, escribió: «¿Busco ahora el favor de los hombres? Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gálatas 1:10). Por un lado, procuraba en su conducta y proceder encomendarse «a la conciencia de todo hombre» (2 Corintios 4:2), y por otro trabajaba «para ser agradable» a Dios; por tanto, estaba bien equipado para la lucha de la fe tanto a diestra como a siniestra. Se hizo de todo para todos, a fin de salvar a algunos; sin embargo, sostuvo la verdad del evangelio «no como agradando a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones» (1 Tesalonicenses 2:4). ¡Eso es lo que nos preservará de caer de un lado o del otro: agradar a Dios! Se nos exhorta «a no agradarnos a nosotros mismos», sino que cada uno agrade a su prójimo para su bien, con miras a la edificación. Pues ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo (Romanos 15:2); es más, bendito sea su santo nombre, podía decir: «Yo hago siempre las cosas que le agradan», al Padre; y el Padre dijo: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia». Enoc caminó con Dios y fue llevado antes del diluvio; así también los santos serán trasladados de la tierra para estar con el Señor antes del diluvio del juicio mundial, «la ira venidera». Pero mientras tanto, ¡que caminemos de tal manera que el testimonio de Enoc también sea nuestro: «porque antes de su traslación tuvo este testimonio: que AGRADÓ A DIOS» (Hebreos 11:5).

VariousNotes and Reflections on the Second Epistle to the Corinthians

Versículo 9. «Por eso también nos esforzamos con empeño (philotimoumetha) para serle agradables (euarestoi), ya sea que estemos presentes o ausentes». El día de hoy es la única oportunidad segura de servicio para el creyente; pues la luz del mañana puede conducirlo a su descanso, con un lugar y un honor en el reino de Dios que corresponderán a la prueba a la que fue sometido aquí abajo. Mantener la fe con buena conciencia en este mundo presente, y ser elogiado por el Maestro cuando se revele Su presencia, es, por tanto, la única preocupación de todos los que le sirven y le siguen. Pero hay que recordar constantemente que una confianza absoluta en Dios como nuestro Salvador es el único fundamento de todo servicio aceptable ante Sus ojos. La cuestión de nuestra aceptación personal como pecadores perdonados queda totalmente excluida de la doctrina del apóstol en este versículo. Aquí consideramos las palabras de alguien que había «alcanzado misericordia» (antes, 2 Cor. 4:1) y había sido «hechura de Dios» (v. 5) para gloria. Por tanto, para extraer de un texto así, como a veces se intenta, un sentimiento arminiano, es necesario primero cerrar los ojos ante todo el sentido de la enseñanza del apóstol y confundir las ideas tan distintas de ser aceptado por un Salvador y ser aceptado por un amo: la posición del creyente como heredero de la gracia y la aprobación de Cristo a Sus escogidos cuando termina su carrera y concluyen su obra y servicio en nombre de Él. La primera es el efecto de la fe de un pecador perdido en Jesús; la segunda, la corona del honor de un creyente como defensor constante de la fe. Pablo, cuyo amor fluía ardientemente por el cauce de su fe, mira siempre más allá de sus labores, hacia el premio. El Dios de Su misericordia será también su justo Juez en aquel día (2 Tim. 4:8). Sirve a un Maestro que lo ha unido a Sí mismo en amor; como cristiano, ha emprendido una carrera que comienza y termina con Cristo. La fe que lo justificó es también un poder creciente que lo sostiene en el camino del servicio. El objetivo en que está fijo su corazón es la recompensa de la ambición espiritual, no la incierta expectativa de escapar finalmente de la ira. Conociendo el sentir y el espíritu de su Maestro, sabe que no sirve a «un hombre severo», sino al amante bondadoso de su alma; su única preocupación es ser hallado agradable a Sus ojos.

Verses

  • Ephesians 1:6Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado:
  • Hebrews 11:6Empero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
  • Romans 12:1–21Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. 2Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
  • Micah 6:8Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.
  • Hebrews 13:15–1615Así que, ofrezcamos por medio de él a Dios siempre sacrificio de alabanza, es a saber, fruto de labios que confiesen a su nombre. 16Y de hacer bien y de la comunicación no os olvidéis: porque de tales sacrificios se agrada Dios.
  • Colossians 1:10Para que andéis como es digno del Señor, agradándo le en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios: