¿Afirmó Jesús alguna vez que era Dios?

Answered from the commentary of Hamilton Smith, Fritz Ridenour, Robert F. Wall and 13 others

Sí: Jesús afirmó ser Dios, y quienes lo oyeron lo entendieron correctamente cuando lo dijeron. Cuando respondió: «Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro» (Juan 5:17-18), se hizo igual a Dios. Las palabras «haciéndose igual a Dios» son un comentario inspirado del propio Juan, no simplemente la acusación de los judíos; por tanto, la filiación allí es una afirmación de igualdad, no de inferioridad. No negó esa acusación, sino que la confesó. Sus palabras «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58) retoman el nombre que Dios se dio a sí mismo ante Moisés en Éxodo 3:14, y así declaran que Él era el Eterno, Dios. «Yo y el Padre una cosa somos» (Juan 10:30) significa que son uno, no en persona, sino en naturaleza o esencia divina. Los judíos respondieron: «tú, siendo hombre, te haces Dios» (Juan 10:33), y Él no los corrigió ni rechazó la afirmación. La mayoría de los autores dice que su apelación al Salmo 82:6 buscaba silenciar y convencer a sus acusadores basándose en sus propias palabras, en vez de demostrar quién era Él, aunque uno lo interpreta como una confirmación de la afirmación.

La misma verdad aparece en sus otras palabras. En «el que me ha visto, ha visto al Padre» (Juan 14:9), enseña expresamente que su divinidad esencial es una con el Padre. Ante el sumo sacerdote respondió «Yo soy» cuando le preguntaron si era el Cristo, el Hijo del Bendito. Perdonó pecados y leyó los corazones, cosas que solo Dios puede hacer, y así mostró que era Dios. Aceptó las palabras de Tomás, «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28-29), y las llamó fe; un simple hombre habría tenido que reprender semejante adoración. Incluso «¿Por qué me llamas bueno?» (Marcos 10:18) contiene la misma verdad, pues si Él es bueno, es Dios. Según esta interpretación, le daba al joven gobernante la oportunidad de decir: «Tú eres Dios».

La Escritura no usa las palabras exactas «Jesús es Dios», pero lo enseña claramente y con frecuencia. Él nunca se jactó ni buscó ponerse en primer plano, y declaró quién era cuando la incredulidad lo obligó a hacerlo. A medida que los hombres se endurecían más, habló con mayor claridad al afirmar que era Dios. Sus palabras «mi Padre mayor es que yo» (Juan 14:28) hablan del lugar humilde que tomó como hombre, no de su naturaleza. Ese lugar era de sujeción, nunca de inferioridad. La advertencia que se desprende de esto es solemne: «si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis» (Juan 8:24). Quien no honra al Hijo tampoco honra al Padre. El consuelo es que los creyentes pueden postrarse ante Él junto con Tomás y decir: «¡Señor mío, y Dios mío!».

Verses: Psalms 82:6, Mark 10:18, John 14:28, John 8:58, John 10:30, John 10:31, John 10:32, John 10:33, John 14:9, John 5:17, John 5:18, John 20:28, John 20:29, Mark 14:61, Mark 14:62, Mark 14:63, Mark 14:64, Mark 2:5, Mark 2:6, Mark 2:7, Mark 2:8, Mark 2:9, Mark 2:10, John 10:36, John 10:37, John 10:38, John 14:6, John 14:7, John 17:5, Matthew 26:63, Matthew 26:64, Matthew 26:65, Luke 22:70, John 5:21, John 5:22, John 5:23, John 8:24, John 13:13, Matthew 28:18, Matthew 28:19, Revelation 1:8, Revelation 22:13, Revelation 1:17, Revelation 1:18, Exodus 3:14, Matthew 12:6, Matthew 12:8, John 1:1, John 1:14, John 1:18, Matthew 22:41, Matthew 22:42, Matthew 22:43, Matthew 22:44, Matthew 22:45, Luke 5:20, Luke 5:21, Luke 5:22, Luke 5:23, Luke 5:24, John 11:25, John 16:15, Matthew 11:27

The above is AI generated summary based on the writers below.

What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

C. E. StuartThe Gospel of John

Estas últimas palabras de Cristo, considerando también el lugar donde fueron pronunciadas, podrían haberlos llevado a detenerse y a revisar sus caminos. Abraham no era más que una criatura. Por tanto, hubo un tiempo en que no existía. Refiriéndose a eso, podía decirse correctamente: «Antes que Abraham fuese». Lo que sigue tenía el propósito de señalar la gran diferencia entre Abraham y Él mismo; pues de sí mismo podía decir: «Yo soy». Ahora bien, «Yo soy» fue la declaración de Dios acerca de sí mismo a Moisés (Éx. 3:14). Por tanto, el Señor declaró que Él era el Eterno, quien no tuvo principio ni tendrá fin. En el pasado, Él era: «Yo soy». En el presente, Él es: «Yo soy». En el futuro, y por siempre, Él será: «Yo soy». Tal era el significado de sus palabras, que revelaban a aquellas personas que Él era Dios.

Fritz RidenourSo What's The Difference?

Lo que Jesús dijo acerca de sí mismo es de importancia primordial. En varias ocasiones afirmó ser igual a Dios. Véase, por ejemplo, Juan 10:30: «Yo y el Padre una cosa somos». En otra ocasión, Jesús les dijo a Felipe y a algunos de los otros discípulos que, por haberlo visto a Él, habían visto al Padre (véase Juan 14:9).

Hamilton SmithJohn

Juan 10:31. Los judíos interpretan correctamente las palabras del Señor como la afirmación de Su Deidad; pero, enfurecidos porque Uno que era verdadera y manifiestamente Hombre pretendiera ser Dios, «volvieron a tomar piedras para apedrearlo».

Hamilton SmithJohn

Juan 8:59. Al comprender plena y correctamente que las palabras del Señor eran una reivindicación de Su Deidad, rechazan Su reivindicación y toman piedras para apedrearlo. Con la serena dignidad de Su proceder, «salió del templo, atravesando por en medio de ellos, y así pasó de largo». Una prueba, en verdad, de la veracidad de Su reivindicación, pues ¿quién sino una Persona divina podría actuar así?

F. B. HoleJohn

Quienes niegan la deidad de nuestro Señor han intentado eludir la fuerza de esto tratándolo como una mera exclamación, dirigida a nadie en particular; pero el relato afirma claramente que las palabras fueron dichas al Señor, y su forma en el original es muy enfática, pues él usó dos veces el artículo definido. Para él, Jesús resucitado era el Señor y Dios. Y aún más significativo es que el Señor respondió: «Tomás… has creído». Sin duda alguna, entonces, Él trató la gozosa exclamación de Tomás como una fe que se aferra al HECHO. En otras palabras, aceptó la confesión como verdadera. No hay pecado mayor que el de un simple hombre que acepta honores o adulaciones divinas, como lo demuestra el severo castigo de Herodes, relatado en Hechos 12. Cuando Juan cayó delante de un ángel santo, como si fuera a adorarlo, la respuesta inmediata fue: «Mira, no lo hagas» (Apocalipsis 22:9). En vez de reprender a Tomás, Jesús aprobó su confesión y la llamó fe.

Robert F. WallThe Deity of the Lord Jesus Christ

En el capítulo 10 del Evangelio de Juan, el Señor dice: «Yo y el Padre una cosa somos», y una vez más los judíos «tomaron entonces piedras para apedrearle». Sabían muy bien lo que el Señor afirmaba. «Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál obra de esas me apedreáis? Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Juan 10:32-33). La declaración del Señor fue una clara afirmación de su deidad. No solo era uno con el Padre en propósito, sino también uno con Él en esencia y ser. En esto, el Hijo y el Padre eran inseparables: eran uno. Ese fue el asunto cuando el Señor Jesús compareció ante el concilio de ellos. El sumo sacerdote le conjuró a decir si era el Cristo, el Hijo del Bendito, y su respuesta directa fue: «Yo soy» (Marcos 14:62. cf. Mat. 26:64; Luc. 22:70). Como consecuencia de su declaración, fue acusado otra vez de blasfemia y condenado a muerte (Mat. 26:65-66; Marcos 14:63-64). Asimismo, cuando estuvo ante Pilato, los judíos dijeron: «Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios» (Juan 19:7).

En la sección que estamos considerando en Juan 10, el Señor Jesús prosigue hablando de sí mismo como el Enviado del Padre. «Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois? Si dijo, dioses, a aquellos a los cuales fue hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada); ¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?» (Juan 10:34-36). El Señor Jesús citó el Salmo 82, versículo 6: «Yo dije: Dioses sois». La palabra «dioses» en este versículo es Elohim y, en el Salmo, como en otros pasajes, se usa para aquellos que fueron puestos para juzgar en Israel (Sal. 82:6; Éx. 21:6; 22:8, 9, 28). Eran representantes de Dios, responsables de juzgar por el Señor, en su temor, y de hacer valer en los diversos casos que se les presentaban la revelación que Dios había dado en su Palabra (2 Crón. 19:6-7, cf. Isa. 41:23). No es difícil ver por qué el Señor Jesús se refirió a esta Escritura en el contexto de Juan 10.

William KellyJohn 7 - 12

¿Podría el amor asegurarles algo más a sus destinatarios? Su amor les impartiría la certeza de Su propio gozo más profundo, y del amor de Su Padre, tan seguro como el Suyo; y así concluye Su comunicación con ello. «Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno». Aquí nos elevamos a esa altura de amor santo y poder infinito de la cual nadie podría hablar sino el Hijo; y Él habla de los secretos de la Deidad con la familiaridad íntima propia del Unigénito que está en el seno del Padre. No necesitaba que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre, siendo Dios mismo; y por esa misma razón conocía lo que había en Dios. El cielo o la tierra no hacían diferencia, ni el tiempo ni la eternidad. Ninguna criatura está oculta ante Él, sino que todas las cosas están desnudas y expuestas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Y declara que el Padre que había hecho el regalo resiste todo lo que pueda amenazar con causar daño, y así como se las ha dado a Cristo, Él es mayor que todos, y nadie puede arrebatar nada de Su mano. En efecto, el Hijo y el Padre son uno, no una Persona (lo cual refuta ἐσμεν, junto con toda otra Escritura que se relaciona con ello), sino una cosa, ἓν, una naturaleza o esencia divina (como igualmente lo prueban otras Escrituras). El más humilde de los hombres, el Pastor de las ovejas, Él es el Hijo del Padre, Dios verdadero y vida eterna. Y Él y el Padre no son más verdaderamente uno en esencia divina que en la comunión del amor divino por las ovejas.

F. B. HoleJohn

Esta declaración tajante suscitó en los judíos un odio asesino por las dos razones que se indican en el versículo 18. Había quebrantado la señal del pacto de la cual ellos se jactaban y había unido a Su acción la afirmación de que Dios era Su Padre, reclamando así igualdad con Dios. Nótese que el versículo 18 es la explicación de Juan de por qué los judíos procuraban matarlo, y no su registro de la explicación dada por los judíos, aunque, por supuesto, pudo haber sido la explicación que ellos dieron. Por lo tanto, es el comentario del Espíritu Santo por medio de Juan y demuestra que en la filiación de nuestro Señor no hay indicio alguno de inferioridad de ninguna clase respecto del Padre. Por el contrario, es la afirmación de igualdad.

F. B. HoleJohn

Las últimas palabras de este versículo, «Mi Padre mayor es que yo», han sido motivo de tropiezo para algunos. Pero aquí tenemos al Verbo hecho carne hablando, y habla en Su condición de humilde Hombre en la tierra. Por eso, en posición o rango el Padre era mayor que Él, mientras que en cuanto a ser y naturaleza, Él y el Padre eran uno.

Hamilton SmithJohn

Juan 10:34-36. Si su interpretación hubiera sido errónea, el Señor seguramente habría corregido de inmediato un error tan terrible y habría repudiado la pretensión de Deidad. No hace ni lo uno ni lo otro; al contrario, el Señor confirma Su pretensión apelando a sus propias Escrituras, condenándolos así por su propia boca por rechazar Su pretensión de Deidad. Citando Salmos 82:6, el Señor pregunta: «¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?». Si, entonces, a los hombres que fueron apartados para ser jueces en Israel como representantes de Dios, y a quienes vino la palabra de Dios, se les llama dioses, ¿puede ser blasfemia que el Hijo, a quien el Padre apartó y envió al mundo, pretenda ser una Persona divina?

Verses

  • Psalms 82:6Yo dije: Vosotros sois dioses. E hijos todos vosotros del Altísimo.
  • Mark 10:18Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
  • John 14:28Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo.
  • John 8:58Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
  • John 10:30–3330Yo y el Padre una cosa somos. 31Entonces volvieron a tomar piedras los Judíos para apedrearle. 32Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de esas me apedreáis? 33Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.