¿Qué dice la Biblia sobre el narcisismo?

Answered from the commentary of William Kelly, Hamilton Smith, Truth & Testimony and 9 others

La Escritura no usa esa palabra, pero sí describe a los «amadores de sí mismos» (2 Timoteo 3:2). Este encabeza la lista de los tiempos peligrosos de los últimos días, y se lo llama la verdadera madre de los males, porque contradice directamente la voluntad de Dios de que su pueblo «no viva ya para sí». Se lo condena sin reservas, y no se debe hablar de amar al yo como si fuera algo correcto.

Su raíz es el orgullo, el pecado de Satanás mismo. Su corazón «se enalteció á causa de tu hermosura» (Ezequiel 28:17), y dijo: «seré semejante al Altísimo» (Isaías 14:13-14). Convertirse uno mismo en el objeto del corazón, quedar enamorado de la propia belleza, es el precursor seguro de la apostasía. La criatura caída quiere para sí el homenaje que solo le pertenece a Dios. Se convierte en el centro alrededor del cual debe girar todo, y juzga todas las cosas según cómo le afectan. Herodes aceptó el clamor del pueblo: «voz de dios», y fue herido al instante «por cuanto no dió la gloria á Dios» (Hechos 12:21-23).

Todo corazón orgulloso es «abominación» para el Señor (Proverbios 16:5), y Dios resiste a los soberbios (Santiago 4:6). Del amor propio surgen otros pecados:

codiciar para uno mismo, jactarse de uno mismo y rechazar toda restricción, humana o divina

la vanagloria, que busca exaltarse a sí mismo y es la raíz de la contienda y la división entre el pueblo de Dios

la envidia, que se convierte en malicia

el amor a la preeminencia, como en el caso de Diótrefes, que expulsó a los hermanos (3 Juan 9-10)

Tal persona se engaña a sí misma, pues «si alguno piensa ser algo, no siendo nada, á sí mismo se engaña» (Gálatas 6:3). Incluso se lisonjea en sus propios ojos. La caridad no puede habitar en una casa tan estrecha como el corazón del que se ama a sí mismo, pues «el amor […] no busca lo suyo» (1 Corintios 13:5).

La advertencia no es solo para los demás. El orgullo es natural en todos nosotros, y su peor forma, aquella a la que los creyentes son más propensos, es el «orgullo de la gracia». El yo es tan sutil que no lo detectamos a menos que estemos en la presencia de Dios.

El remedio no consiste en mejorarse a uno mismo, sino en negarse a sí mismo. La primera condición del discipulado es «niéguese á sí mismo» (Marcos 8:34), exactamente lo contrario de amarse a uno mismo. Eso significa decirle «no» al yo mismo, no solo renunciar a ciertas cosas. Junto con esto viene la humildad de Filipenses 2:3-4: estimar a los demás como superiores a nosotros mismos. Esto se vuelve fácil en la presencia del Señor, donde vemos nuestros propios males ocultos y, en nuestro hermano, la gracia que Cristo le ha dado.

Esta humildad no consiste en rebajarnos con palabras. Menospreciarse a uno mismo puede ser la peor forma de orgullo, porque sigue poniendo al yo como tema; la persona humilde no piensa en sí misma en absoluto. Su poder viene de tener a Cristo delante del corazón, pues es imposible respirar el ambiente de su presencia y estar ocupado con uno mismo. La gracia da verdadera humildad al pensar en Cristo en vez de en nosotros mismos. Dios da gracia a los humildes, así que quienes andan por este camino encuentran ayuda y no su resistencia.

Verses: Mark 8:34, 2 Timothy 3:1, 2 Timothy 3:2, 2 Timothy 3:3, 2 Timothy 3:4, 2 Timothy 3:5, Philippians 2:3, Philippians 2:4, Romans 12:3, Proverbs 16:18, Proverbs 27:2, James 4:6, 1 Peter 5:5, Galatians 6:3, Luke 18:9, Luke 18:10, Luke 18:11, Luke 18:12, Luke 18:13, Luke 18:14, Proverbs 16:5, Proverbs 8:13, Proverbs 11:2, Proverbs 29:23, Jeremiah 9:23, Jeremiah 9:24, 1 Corinthians 13:4, 1 Corinthians 13:5, Luke 14:11, Matthew 23:12, Isaiah 14:12, Isaiah 14:13, Isaiah 14:14, Isaiah 14:15, Ezekiel 28:17, Daniel 4:30, Daniel 4:31, Daniel 4:32, Daniel 4:33, Daniel 4:34, Daniel 4:35, Daniel 4:36, Daniel 4:37, Obadiah 1:3, Obadiah 1:4, Proverbs 26:12, Proverbs 12:15, Romans 12:16, Philippians 2:5, Philippians 2:6, Philippians 2:7, Philippians 2:8, Mark 10:42, Mark 10:43, Mark 10:44, Mark 10:45, 1 John 2:16, James 4:10, Micah 6:8, Psalms 10:4, Proverbs 6:16, Proverbs 6:17, Galatians 5:26, Matthew 6:1, Matthew 6:2, Matthew 6:3, Matthew 6:4, Luke 9:23, 2 Corinthians 10:12, 2 Corinthians 10:17, 2 Corinthians 10:18, Acts 12:21, Acts 12:22, Acts 12:23, 3 John 1:9, 3 John 1:10, Proverbs 21:4, Isaiah 2:11, Romans 1:29, Romans 1:30, Romans 1:31, Proverbs 16:2

The above is AI generated summary based on the writers below.

What the commentators say

The passages the answer is drawn from, the most direct first, with the words that bear on the question marked.

The Christian's FriendAntagonism

El terrible paso dado por el «querubín ungido» se describe en Ezequiel 28:11-19. Hubo una gran caída moral en quien ocupaba uno de los lugares más elevados del universo; su corazón se enalteció por su propia hermosura y fue derribado a tierra. Tenerse a uno mismo como objeto del corazón, enamorarse de la propia hermosura, es el precursor seguro de la apostasía; y en el caso de la criatura resplandeciente y exaltada que tenemos ante nosotros, la caída fue terrible, y las consecuencias, que aún perduran, son todavía más terribles. Pues ¿qué es toda la oposición del enemigo sino esa obra fundada en una posición independiente, fuera de la verdad? No permaneció en la verdad.

Hamilton SmithThe Last Days

Primero (Vv. 1-4); se nos advierte que en los últimos días la mayoría de quienes componen la gran profesión cristiana se caracterizará por un egoísmo desenfrenado, que conducirá a toda forma de maldad y autocomplacencia. La solemne descripción comienza con la afirmación de que «los hombres serán amadores de sí mismos». Por eso codician para sí, se jactan de sí mismos, están orgullosos de sí mismos y no toleran ninguna forma de restricción sobre sí mismos, humana o divina. Se entregan a sus propios malos deseos y son amadores de los deleites más que de Dios.

James BoydNotes of Lectures delivered in Scandinavia, 1904

Todo hombre en este mundo encuentra algo de qué jactarse, alguna cualidad propia que lo distingue de los demás, y de eso se jacta. Si un hombre no tiene ninguna cualidad buena de la cual jactarse, se jactará del mal. Se ha dicho que un hombre preferiría ser el ladrón más astuto de la ciudad antes que no tener nada que lo distinga. La razón es que Dios ha perdido su lugar ante el alma del hombre, y el pobre esclavo del diablo quiere para sí el homenaje que solo le pertenece a Dios. Es una criatura caída que se ocupa de cualquier cosa menos de Dios. No se encuentra a ningún ser no caído contemplando su propia excelencia. El orgullo del corazón fue la causa de la caída del diablo. Supongo que podemos considerar que Ezequiel 28 se refiere a él. Se dice de él que estaba lleno de sabiduría y era perfecto en hermosura. Toda piedra preciosa era su vestidura; pero de él se dice que su corazón se enalteció por causa de su hermosura, y que corrompió su sabiduría a causa de su esplendor. Fuera lo que fuese, era obra de las manos de Dios, y toda la gloria pertenecía a Dios, pero él se atribuyó la gloria. Su corazón se enalteció con orgullo, se apartó de Dios y cayó de cabeza. Ahora no hay en él esplendor ni hermosura, y es el ser más insensato del universo, pues ¿qué mayor insensatez podría haber que enfrentarse a su Creador omnipotente? También ha corrompido al hombre, y el medio por el cual aseguró la caída de su víctima fue el engaño de que podía aspirar con éxito a la divinidad: «seréis como dioses». El diablo no se conformó con permanecer en la posición de una criatura, y por medio de su astucia el hombre se corrompió y quedó bajo condenación. Los fundamentos morales del hombre están destruidos. Ha usurpado el lugar que le pertenece a Dios y solo a Él, pues se ha hecho a sí mismo el centro alrededor del cual debe girar todo, y juzga todo según la manera en que se relaciona con él y según cómo lo afecta. Llama malas a las cosas si lo perjudican, y buenas si parecen serle ventajosas. Al hombre caído no le importa cómo se relacionan las cosas con Dios.

William Kelly2 Timothy

«Porque habrá hombres amadores de sí mismos». Tal es la característica inicial, tan penosa para el Señor y los Suyos, en quienes llevan Su nombre. Con razón ocupa el primer lugar en esta lista de profesantes que deshonran a Cristo; pues es una verdadera madre de males, ya que contraviene directamente la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de Sus hijos. Ciertamente Cristo murió por todos; pero el fin moral era que los que viven (hagan lo que hagan los demás que permanecen muertos) «no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Cor. 5:15). «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:34-35). Porque «todo aquel que ama al que engendró, ama también al que es nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos» (1 Juan 5:1-3).

Así, amar a Dios demuestra que verdaderamente amamos a Sus hijos; del mismo modo, obedecer Sus mandamientos demuestra que verdaderamente amamos a Dios. Así que la primera condición del discipulado, si escuchamos a nuestro Señor (Mat. 16:24, Mar. 8:34), es negarse a sí mismo, exactamente lo contrario de amarse. ¡Oh, qué ejemplo en Aquel que, aunque era rico, se hizo pobre por amor a nosotros, para que nosotros por Su pobreza fuésemos enriquecidos! Admito plenamente que el amor al que somos llamados no es la condición original e incontaminada de Adán, y mucho menos, por supuesto, el estado aborrecible y lleno de odio del hombre actual; es lo que vemos y conocemos en el Segundo Hombre, el postrer Adán; consiste en ser imitadores de Dios como hijos amados, y andar en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave (Ef. 5:1-2). Puesto que nos hemos vestido del nuevo hombre y hemos sido sellados con el Espíritu Santo de Dios, no podría ponerse delante de nosotros otra norma; en terrible contraste con ella están los amadores de sí mismos, y más tristemente aún si fueron bautizados en el nombre y la muerte de Cristo.

Hamilton SmithThe Lowly Mind

(V. 3). Después de mencionar la falta de unidad entre ellos, el Apóstol, en una breve frase, expone la raíz del problema. Dice: «Nada hagáis por contienda ó por vanagloria». La contienda es el empeño por menospreciar a los demás; la vanagloria es el intento de exaltarse a uno mismo ante los ojos de los demás. Todo lo que se dice o se hace simplemente en oposición a otra persona, o con el propósito de exaltarse a uno mismo, tenderá a destruir la unidad y provocar discordia. Así, el Apóstol atribuye toda discordia entre el pueblo de Dios a la vanagloria que tiene en vista el yo y la exaltación propia. Aunque evitemos la insensatez manifiesta de buscar exaltarnos mediante la jactancia en el nacimiento, la posición social, las riquezas terrenales o las capacidades intelectuales, podemos caer fácilmente en la trampa de la pretensión espiritual que busca exaltarse entre el pueblo de Dios por medio de los dones espirituales.

Truth & TestimonyVolume 1 - 7

Vale la pena recalcarlo, porque hoy hay quienes hablan de amarse a sí mismos como si fuera algo correcto, mientras que en la segunda epístola a Timoteo se señala como una característica que marca la profesión cristiana corrupta de los últimos días: «Habrá hombres amadores de sí mismos» (2 Tim. 3:2).

Hamilton SmithWilliam Gurnall

«El amor de muchos se enfriará», y no es de extrañar cuando el amor propio se enciende tanto. El apóstol también lo predijo (2 Tim. 3:1-2): «En los últimos días… los hombres serán amadores de sí mismos»; ¡y qué negra tropa sigue a este capitán, el pecado! Si alguien hace de sí mismo el único objeto de su propósito, adiós al amor por los demás y a la oración por ellos: la caridad no puede habitar en una casa tan estrecha como el corazón del que se ama a sí mismo; sí, se le opone: «El amor no busca lo suyo» (1 Cor. 13:5).

J. T. MawsonHow to Overcome

Aquí, en una breve oración, queda revelado todo el carácter de la carne. Es completamente egoísta; no tiene nada que ofrecer a Dios; todo pensamiento, esperanza y ambición toma al yo como eje; todo lo que tiene lo tiene para «el yo solamente». ¡Oh!, ¿acaso no han visto a menudo esta cosa detestable abrirse paso al frente cuando menos lo esperaban? Hicieron un acto bondadoso. El amor y la compasión fueron el motivo, pero apenas se había realizado el acto cuando se deslizó aquel pensamiento vil: «¿Qué pensarán ahora de mí?». Quizás recibieron mucha ayuda en algún servicio al Señor, pero, en vez de humillarse por la gracia que los usó y dar toda la gloria a Aquel que es su fuente, hubo una jactancia y un regocijo interiores, como si por sus propias fuerzas hubieran realizado la obra. O quizás el servicio fue un fracaso, y ustedes quedaron abatidos y deprimidos, no porque el Señor hubiera sido deshonrado, sino porque no habían brillado como esperaban. Alguien más hizo algo mejor que ustedes, o los superó en devoción, conocimiento o capacidad, y enseguida los dominaron pensamientos de rivalidad y celos. Era la carne, vil e incorregible, que buscaba todo para «el yo solamente». ¡Oh, que pudiéramos vislumbrar de verdad cuán odiosa es por completo, y apartarnos de ella con repugnancia!

A. J. PollockThe Resurrection of the Lord Jesus Christ

Ha habido muchos casos en que la vanidad desmedida y la presunción han caracterizado a líderes religiosos, pero siempre han sido para su ruina. Un hombre o una mujer con una presunción muy marcada probablemente va camino a un manicomio. En lugar de ver las cosas en su debida proporción, las ideas desmesuradas que tienen de sí mismos lo sacan todo de la perspectiva correcta. No hay rastro de esto en el apóstol Pablo. Cuando la iglesia de Corinto cuestionaba su autoridad como apóstol de los gentiles, se vio obligado a hablar de sí mismo en defensa propia. ¿Fue vanidad o presunción lo que mostró cuando escribió a la iglesia de Corinto:

George DavisonRomans 5, 6, 8 and 12

Hay dos cosas que todos debemos evitar en este ejercicio de la fe que nos ha sido dada: la sobreestimación y la subestimación. En el primer caso, se trata de pensar demasiado alto de uno mismo; en el segundo, de no pensar sabiamente. No queremos tener una opinión inflada de nuestra capacidad, ni tampoco queremos menospreciar lo que Dios nos ha dado para su servicio.

Verses

  • Mark 8:34Y llamando a la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
  • 2 Timothy 3:1–51Esto también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: 2Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes a los padres, ingratos, sin santidad, 3Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios; 5Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y a éstos evita.
  • Philippians 2:3–83Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros: 4No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros. 5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: 6El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: 7Sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8Y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.