¿Qué dice la Biblia sobre los falsos profetas?
Answered from the commentary of Morrish Bible Dictionary, F. B. Hole, William Kelly and 18 others
Los falsos profetas son imitaciones satánicas de los profetas de Dios, y obran por imitación para dejar a un lado la palabra de Dios. Han seguido a los verdaderos profetas «como una sombra oscura» a lo largo de toda la Escritura. En Israel hablaron «visión de su propio corazón, y no de la boca de Jehová», y corrían aunque Dios no los había enviado (Jeremías 23:21). Incluso los cuatrocientos de Acab usaron el nombre del Señor mientras un espíritu mentiroso los impulsaba. Su característica era clamar «Paz, paz» cuando no había paz (Jeremías 6:14), profetizando cosas halagüeñas que agradaban al pueblo y no apartaban a nadie del mal. La advertencia del Señor en Mateo 7:15 describe su carácter: vienen vestidos de ovejas, fingiendo ser creyentes, pero por dentro son lobos rapaces empeñados en destruir el rebaño. Pedro añade que, así como hubo falsos profetas entre el pueblo, también habría falsos maestros entre los cristianos (2 Pedro 2:1). Introducen encubiertamente herejías destructoras, mezclando el error con la verdad, y niegan al Señor que los rescató. Muchos los seguirán, y atraerán sobre sí mismos destrucción repentina.
Como el Señor dice «guárdense», los creyentes tienen el deber de juzgar. No han de juzgar las motivaciones, pero sí deben juzgar la doctrina y la conducta. La prueba son sus frutos, que consisten principalmente en lo que enseñan, y no solo en cómo viven, pues los falsos profetas suelen parecer especialmente amables. Sobre todo, hay que probar los espíritus según confiesen o no que Jesucristo ha venido en carne (1 Juan 4:1-3). Esto significa reconocer Su Persona, Dios manifestado en carne, y someterse a Él como Señor, no limitarse a aceptar un hecho histórico. Las señales y los prodigios no prueban nada. Según Deuteronomio 13:1-5, no se debía escuchar al profeta cuya señal se cumplía, pero que apartaba del Señor, pues Dios estaba probando a Su pueblo. Según Deuteronomio 18:22, una palabra que no se cumplía mostraba que el profeta había hablado con presunción y que no había que temerle. Lo mismo sucede en los últimos días. El Señor predijo que falsos Cristos y falsos profetas harían grandes señales para engañar, si fuera posible, aun a los escogidos (Mateo 24:24). Muchos aplican esto principalmente al remanente piadoso de Israel durante la gran tribulación. Un autor va más allá y sostiene que la advertencia contra los falsos profetas se refiere estrictamente a ese remanente, mientras que la iglesia recibe advertencias contra los falsos maestros y los falsos espíritus. La mayoría aplica ahora la advertencia a los creyentes. Ese período culmina en «el falso profeta», el Anticristo, que será arrojado vivo al lago de fuego (Apocalipsis 19:20). El consuelo es que los escogidos no pueden ser engañados definitivamente, pues Dios los guarda por Su gracia y poder. La protección está en amar la verdad y atesorar la palabra de Dios en el corazón. Con esto, el hijo de Dios más sencillo no necesita analizar el error, porque las ovejas de Cristo conocen Su voz y «al extraño no seguirán».
Verses: Matthew 7:15, Matthew 7:16, Matthew 7:17, Matthew 7:18, Matthew 7:19, Matthew 7:20, 1 John 4:1, 1 John 4:2, 1 John 4:3, Deuteronomy 18:20, Deuteronomy 18:21, Deuteronomy 18:22, Matthew 24:24, Matthew 24:11, 2 Peter 2:1, 2 Peter 2:2, 2 Peter 2:3, Deuteronomy 13:1, Deuteronomy 13:2, Deuteronomy 13:3, Deuteronomy 13:4, Deuteronomy 13:5, Jeremiah 23:16, Jeremiah 23:21, Jeremiah 23:25, Jeremiah 23:26, Jeremiah 23:27, Jeremiah 23:28, Jeremiah 23:29, Jeremiah 23:30, Jeremiah 23:31, Jeremiah 23:32, Jeremiah 14:14, Mark 13:22, 2 Corinthians 11:13, 2 Corinthians 11:14, 2 Corinthians 11:15, Ezekiel 13:3, Ezekiel 13:9, Acts 13:6, Revelation 19:20, Revelation 16:13, Revelation 20:10, Luke 6:26, 1 Timothy 4:1, 1 Timothy 4:2, 2 Timothy 4:3, 2 Timothy 4:4, Galatians 1:8, Galatians 1:9, Jeremiah 5:31, Micah 3:5, Micah 3:11, Lamentations 2:14, Jeremiah 6:13, Jeremiah 6:14, Jeremiah 28:15, Jeremiah 28:16, Jeremiah 28:17, Romans 16:17, Romans 16:18, Jude 1:4, Matthew 7:21, Matthew 7:22, Matthew 7:23, Zechariah 13:2, Zechariah 13:3, Zechariah 13:4, 1 Kings 22:22, 1 Kings 22:23, Isaiah 9:15, 1 Thessalonians 5:20, 1 Thessalonians 5:21, Acts 20:29, Acts 20:30, Titus 1:10, Titus 1:11
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What the commentators say
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Estos aparecieron en gran número en distintos períodos de la historia de Israel: Acab tenía «como cuatrocientos» de ellos. 1 Reyes 22:6. Se los describe como quienes hablan «visión de su corazón, no de la boca de Jehová». Jer. 23:16. Hubo tres que se opusieron a Jeremías cara a cara: Hananías, Acab y Sedequías. Jer. 28:1; Jer. 29:21. En el N. T., al principio de Su ministerio, el Señor advirtió a quienes lo oían que se cuidaran de los falsos profetas, Mat. 7:15; y en la iglesia hay que probar los espíritus, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 1 Juan 4:1. Eran y son las falsificaciones satánicas de los profetas de Dios, y su propósito es, siguiendo el principio de la imitación, neutralizar la palabra de Dios.
En sus palabras finales, nuestro Señor da una advertencia muy solemne contra los falsos profetas y establece un contraste entre el que profesa falsamente y el que posee de verdad. «¡Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces!» (versículo 15). Observemos, ante todo, que esta advertencia tiene un significado especial para el cierre de la era, es decir, el fin de esta dispensación, los siete años de tribulación y aflicción en la tierra. Solo necesitamos acudir al discurso del Monte de los Olivos (Mateo 24), en el que nuestro Señor responde a la pregunta de sus discípulos acerca de la consumación de la era. Cuando preguntaron acerca de ese fin de la era, sin duda se referían únicamente a la era judía, pues no sabían nada de una era cristiana. En respuesta, al describir los acontecimientos que corresponden a la septuagésima semana de Daniel, nuestro Señor dice: «Y muchos falsos profetas se levantarán». Estos falsos profetas aparecerán durante la gran tribulación, sin duda bajo el liderazgo del falso profeta, la Bestia, tan prominente en el libro de Apocalipsis. Apenas hace falta mencionar que durante toda esta dispensación ha habido falsos profetas con vestidos de ovejas y que ahora son más numerosos que nunca; sin embargo, hablando estrictamente, la advertencia contra los falsos profetas se refiere al remanente judío en la tierra durante el tiempo de la angustia de Jacob. En ninguna parte se nos advierte como creyentes contra los falsos profetas; se nos advierte contra los espíritus falsos y los falsos maestros, quienes, por supuesto, como los falsos profetas, vienen con vestidos de ovejas. Falsos profetas, entonces, después de que la iglesia sea llevada, para extraviar a muchos; falsos maestros y espíritus falsos ahora, mientras la Iglesia todavía está en la tierra. Los falsos profetas, que sin duda harán muchos milagros y serán líderes de los fuertes engaños, son la manifestación visible de los espíritus falsos que ya están obrando. Cuando Pablo se despidió de los ancianos de Éfeso, dijo: «Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para arrastrar discípulos tras sí» (Hechos 20:29, 30). ¡Qué pronto se cumplió esta profecía! Recordemos algunas de las solemnes advertencias dirigidas a la Iglesia. «Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo y no según Cristo» (Colosenses 2:8). «Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas vanas y las contradicciones de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, han errado acerca de la fe» (1 Timoteo 6:20). Los mismos errores y falsas enseñanzas tan prevalentes en estos días están señalados aquí. «Empero el Espíritu dice manifiestamente que en los venideros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios» (1 Timoteo 4:1). ¡Y cuán grande es el aumento de estos espíritus seductores en nuestros días! «Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos doctores, que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos perdición acelerada» (2 Pedro 2:1). Aquí se alude a los llamados «críticos superiores», que emiten juicios perversos sobre la infalible Palabra de Dios y deshonran a Cristo, la Palabra viviente. ¿Y dónde no se encuentran estos hombres en toda la cristiandad? Véanse también las advertencias contra los espíritus falsos en la primera Epístola de Juan. (1 Juan 4:1-3; 2 Corintios 2:17; 2 Corintios 11:13-15; Tito 1:10, 11, y otros pasajes).
Pero, ya sean falsos profetas que vengan en el futuro o espíritus falsos y maestros del tiempo presente, vienen con vestidos de ovejas. El Anticristo mismo hablará primero como un cordero y tendrá una lengua aduladora, y todos los profetas bajo su control lo seguirán, respaldando sus afirmaciones con señales y milagros mentirosos. Entonces volverá a representarse el relato de Moisés y Aarón, enviados por Jehová, y de Janes y Jambres, enviados por Satanás y dotados por él de poder (Éxodo 7:11). De esta manera muchos serán extraviados. En nuestra era, Satanás se transforma en ángel de luz, y los espíritus falsos y los maestros parecen ovejas mansas del Gran Pastor. Satanás ciertamente se ha transformado así en la sutil incredulidad que niega la inspiración de la Biblia. De parte de ellos se habla mucho de «investigación bíblica» y de que su trabajo contribuirá a sacar a la luz la verdad, y se hacen muchas declaraciones de que son obreros cristianos sinceros y diligentes, a pesar de su incredulidad en la divinidad de las Escrituras; pero todo esto no es más que el vestido de oveja con que se presentan. Pensamos en otros falsos maestros que niegan la Deidad eterna de nuestro Señor, su resurrección física y las verdades reveladas acerca de los muertos en Cristo y de quienes murieron sin ser salvos. (Nos referimos a la «Serie Dawn del Milenio». Miles han sido extraviados por estos libros, que ciertamente aparecen con vestidos de ovejas, pero por dentro está el lobo rapaz que quiere dañar al rebaño de Cristo). Todas estas falsas enseñanzas, que destruyen el alma, vienen con el atuendo de la verdad y la luz.
Y ahora el Señor habla por medio de Ezequiel acerca de los falsos profetas que están en medio de Su pueblo. Profetizaban de su propio corazón; o, como podría traducirse, «Que profetizan según su propio pensamiento, sin haber visto». Así eran ellos y así son los falsos maestros de esta época actual (2 Pedro 2:1-2). Nuestro Señor advirtió acerca de ellos: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces» (Mat. 7:15). Todo hombre que profetiza de su propio corazón, que expresa su propio pensamiento, cuya predicación y enseñanza no están conforme a los oráculos de Dios, es un falso profeta, un guía ciego de ciegos. Como los falsos profetas de Israel, los falsos maestros de la cristiandad son la causa de la condición espiritual del pueblo profeso de Dios. De todos ellos es cierta esta declaración del Señor por medio de Ezequiel: «Han visto vanidad y adivinación mentirosa, diciendo: “El Señor dice”, cuando el Señor no los ha enviado». Se han llamado y enviado a sí mismos. Detrás de ellos está el padre de mentira (1 Reyes 22:19-23; 1 Tim. 4:1). Luego encontramos en los versículos 8-16 su condena y castigo. Pero también había falsas profetisas; practicaban el ocultismo.
Todo lector del Antiguo Testamento puede aprender el papel destructivo de los falsos profetas que seguían, como una sombra oscura, a los santos varones inspirados por el Espíritu Santo, y que adoptaban los clamores populares para oponerse a las advertencias de Dios a medida que el mal se hacía más desenfrenado. No hay menos peligro ahora, como Pedro insiste especialmente bajo el evangelio; y hay mucho más cuando hombres buenos pretenden no ser inspirados y ya no están investidos de credenciales milagrosas, sino que solo proclaman la palabra en el Espíritu. Y así volverá a ocurrir con el remanente piadoso en los últimos días, cuando los celestiales hayan sido arrebatados y se trate de aquella tierra y aquel pueblo. Pero la advertencia del Señor también tiene valor vigente ahora, como vemos en la peor y más engañosa forma (1 Juan 2:18-23; 1 Juan 4:1-6; 2 Juan 7-11). ¿Qué creyente no conoce la oposición más audaz a la verdad? ¿Qué cristiano no ha probado un dolor amargo al ver a santos de Dios engañados por la más descarada palabrería? Sí, incluso al confabularse, por una supuesta paz, unidad o testimonio, para negar la Persona de Cristo.
Los que aman a Cristo hacen bien en cuidarse de los falsos profetas, que son los que se acercan a ellos vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Pueden cultivar una apariencia de santidad y fingir devoción, pero están bajo el dominio de un enemigo más poderoso que ellos mismos, y llenos del más intenso celo por privar al cristiano de un Cristo verdadero, de la vida eterna que posee, de su posición actual como justicia de Dios en Cristo, y de su unión con Él para la gloria celestial. ¿Acaso no son verdaderamente lobos rapaces? ¿Qué queda si el discípulo pierde todo el tesoro distintivo del cristianismo?
¿Acaso se nos dirá que no debemos juzgar? Tenemos la obligación de juzgar. «Guardaos de los falsos profetas». ¿Cómo podemos guardarnos si no hemos de juzgar? Pero ¿cómo hemos de juzgar? «Por sus frutos los conoceréis». ¿Acaso el pueblo del Señor no puede distinguir entre un hombre que se presenta ante ellos con el poder del Espíritu, dotado por la Cabeza de la iglesia, lleno de amor por sus almas, deseoso fervientemente de su verdadera bendición, que no busca lo suyo sino a ellos, un siervo de Cristo santo, lleno de gracia, humilde y despojado de sí mismo; y un hombre que viene con un título que se ha atribuido a sí mismo o que le han conferido los hombres, sin un solo rastro de nada divino o celestial, ya sea en su ministerio o en su vida? Claro que pueden; a nadie en su sano juicio se le ocurriría poner en duda un hecho tan evidente.
La confesión de que Jesucristo ha venido en carne es de Dios. Lo que pone todo a prueba es el verdadero reconocimiento de Cristo venido en carne. Demuestra la verdad de la persona; es la fe propia de quien habla, y no una mera confesión, porque si tengo fe en algo, me someto a ello; es decir, me someto a Cristo. Ningún espíritu malo se somete así. Si lo hiciera, no sería un espíritu malo. «Probad los espíritus». A menos que se reconozca a Jesucristo como Dios manifestado en carne, no es de Dios. «Muchos falsos profetas han salido por el mundo», y el reconocimiento del señorío y la autoridad del Señor Jesucristo debe ser la prueba de todo. Encontrarán mil cosas que se ponen en su lugar; pero ese espíritu que no se inclina ante el Señor Jesucristo no es de Dios. «Vosotros sois de Dios, hijitos». No se piensa en ponerlos a depender de su propia capacidad o habilidad para juzgar, ni de la autoridad de otros hombres, sino del Espíritu de Dios, «porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo». Es como decir: «Si el Espíritu Santo está en ustedes, vencerá; si no, Satanás ciertamente prevalecerá».
Se mencionan tres casos. El falso profeta, o soñador de sueños, que confirma sus pretensiones con una señal o un milagro, pero cuyo propósito es seducir a la idolatría, debe ser condenado a muerte. La falsa enseñanza que aparta de Dios es abominación. Finalmente, conduce a la corrupción moral más espantosa. Un falso profeta puede hacer señales y prodigios para demostrar así que lo que enseña es verdad. Por tanto, las señales y los milagros no son prueba de la verdad. El espiritismo y la Ciencia Cristiana afirman ser la verdad y a menudo aluden a las pruebas de manifestaciones sobrenaturales y curaciones milagrosas que ocurren en sus cultos. Satanás puede hacer señales y milagros. Así lo hace en estos sistemas engañosos de los últimos días, y Dios lo permite para probar así a su pueblo. A la luz de Mateo 24:23-25, 2 Tes. 2:8-12 y Apoc. 13:12-14, los primeros cinco versículos del capítulo que estudiamos son de gran interés. El falso profeta que ha de venir, el Anticristo personal y final, hará prodigios mentirosos, y a los muchos que no recibieron el amor de la verdad se les permitirá creer la mentira. Se hace bien en estar alerta siempre que los maestros afirmen tener algún poder especial o señales. La segunda advertencia es contra una trampa más sutil: cuando el engaño se lleva a cabo en secreto y procede de un pariente consanguíneo. Si se trata de la persona más querida, no se le debe mostrar compasión. El tercer caso es cuando una ciudad entera se ha apartado del Señor, sirve a otros dioses y practica las abominaciones de la idolatría. Debía ser completamente destruida y la ciudad, quemada con fuego. Tal será algún día el terrible destino de la cristiandad apóstata, que ha rechazado al Hijo de Dios y el evangelio.
Por una parte, se debía obedecer al Profeta de Dios; por otra, cualquiera que pretendiera ser profeta y hablar en nombre de Dios, cuando Dios no le hubiera dado tal mensaje, debía ser condenado a muerte (v.20). Si había alguna duda sobre si el mensaje provenía de Dios, Israel debía observar si la profecía de esa persona se cumplía tal como decía. Si no, no provenía de Dios, y el falso profeta podía dar una señal que resultara ser correcta, pero si la usaba con el propósito de seducir a otros para que sirvieran a dioses falsos, entonces debía ser condenado a muerte, pues el caso demostraba que estaba impulsado por el poder satánico. En este caso de Deuteronomio 18:20, puede que no interviniera el poder satánico, pero el profeta hablaba con presunción y debía ser condenado a muerte.
Ahora el Espíritu de Dios está usando al apóstol Pedro para profetizar. Predice el mal venidero para la iglesia profesante: que maestros apóstatas llevarían a cabo su obra perversa. Como se señaló en la introducción, todos los demás escritores de las Epístolas dan el mismo testimonio, que se encuentra mayormente en las segundas epístolas y en la Epístola de Judas. (Véanse 1 Tim. 4:1-2; 2 Tim. 3:1-5; 4:1-4; 2 Tes. 2; 1 Juan 2:18-23; 4:1-6; 2 Juan, versículos 7-11; Judas.) Les recuerda que entre su propia nación, Israel, hubo falsos profetas. Los falsos profetas aparecieron mayormente, si no exclusivamente, cuando el juicio se cernía sobre la nación, como aprendemos de las profecías de Jeremías y Ezequiel. Estos falsos profetas se opusieron a los verdaderos profetas de Dios, que predicaban el mensaje dado por Dios, mientras que los falsos profetas rechazaban la Palabra del Señor y la menospreciaban. Hablaban de su propio corazón y proclamaban vanidades y mentiras (Ezeq. 13:2, 8). Su mensaje era «paz» cuando no había paz. Como resultado, el pueblo de Israel no creyó al Señor ni a su Palabra; lo rechazaron.
Se predice que lo mismo se repetiría en esta era cristiana, con la única diferencia de que no aparecerían falsos profetas, sino «falsos maestros». Y a medida que esta dispensación se acerque a su fin, comenzará la apostasía. (Consúltense las anotaciones sobre 2 Tes. 2.) Estos falsos maestros, como los falsos profetas, rechazan ante todo la Palabra de Dios; ellos también hablan de su propio corazón, es decir, vanidades y mentiras. Como resultado, introducen «herejías destructoras encubiertamente». Todas las herejías tienen un solo objetivo: negar a Cristo y el evangelio. Por eso Pedro predice que «negarán aun al Señor que los rescató».
Así como Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso que «lobos rapaces» entrarían entre los creyentes del Nuevo Testamento, y que de entre ellos mismos se levantarían hombres que enseñarían cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hechos 20:29-30), así Moisés advirtió aquí a Israel de lo que podía suceder entre ellos, y sucedió. Podía levantarse un profeta o soñador de sueños, que anunciara algo que estaba por suceder y usara esto para respaldar su propósito de guiar a otros a servir a los ídolos. Lo que había profetizado podía cumplirse. En ese caso, algunos se inclinarían a pensar que el profeta tenía que estar en lo cierto. Pero, en realidad, el hecho de que su profecía se cumpliera demostraba algo muy distinto. Israel no debía escuchar sus palabras (v.3), sino aferrarse firmemente a la verdad de Dios y andar en Sus caminos (v.4).
Más aún, a tal profeta se lo debía condenar a muerte (v.5). Que su profecía se cumpliera solo demostraba que estaba influenciado por el poder satánico. Por este medio, Dios estaba poniendo a prueba a Israel para ver si pondrían Su palabra por encima de la palabra de los falsos profetas más persuasivos. Solo mediante la muerte del falso profeta podía quitarse el mal de en medio de Israel.
Verses
- Matthew 7:15–2315Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. 18No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. 19Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis. 21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? 23Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.